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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








miércoles, 4 de marzo de 2009

Yacente



Alejado de toda mirada
Un hombre cae.
Una lanza o una palabra o el olvido
Le han derribado contundentemente.
Quien lo ha hecho quiso ver en él
Al bárbaro al incómodo al objeto de perturbación
De su orden.
Pero acaso la jabalina o la palabra
O el abandono
¿no han sido empuñados por la garra caótica
de la ingratitud?


(Fotografía del alemán Dieter Appelt)

4 comentarios:

  1. Pablo Sánchez04 marzo, 2009 15:23

    Aunque no entro con toda la frecuencia que quisiera en este blog, me admiro de tu capacidad de fe en las palabras que buscan.

    Fíjate lo que dices, que las palabras echan abajo a un hombre. Y quien dice a un hombre dice a todos los hombres, es decir, a sociedades enteras. Junto con una lanza y nada menos que el olvido otorgas a esos conceptos una calidad de tríada de armamento peligrosísimo.

    Es así, de hecho suelen ir más unidos ordinariamente de lo que parecen. Los humanos somos ingratos los unos con los otros. Cuando nos necesitamos nos hermanamos no sé si con sicneridad o por egoísmo, y cuando creemos que por separado podemos ser algo nos convertimos en orgullosos y dominadores. ¿De qué iremos los próximos tiempos que se cernirán duros contra todos? Somos ingratos para no compartir, para disputar, para desamar, para ocupar los espacios ajenos, para no recordar, para no sacar conclusiones...y desde luego que ni las ideologías del interés ni las religiones de la abstracción opresiva sirven sino para ser más ingratos. ¿Querremos aprender y ser diferentes de una vez?

    Por eso creo que da en la clave con este breve poema, que no es puramente lírico.

    Siga con tesón, Fackel

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  2. Tú sí que has dado en la diana de lo que pretendía decir, Pablo.

    Me llega esa frase transversal y directa..."¿Querremos aprender y ser diferentes de una vez?" Cuesta a la humanidad tomar conciencia de lo que la pasa, y eso que jamás contó con tantos medios y media para darse cuenta. Nuestro aprendizaje es lento, exige sangre y dolor, per es lo que es. Lamento no ser más optimista, no tengo motivos.

    Gracias por pasar de vez en cuando por aquí.

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  3. lo acabo precisamente de poner en mi blog. en las imágenes de appelt a mí me parece ver un proceso de transformación del hombre en naturaleza, por ejemplo las manos convirtiéndose en corteza de árbol o en este caso el hombre convirtiéndose en tierra, en suelo. esa forma en la que el cuerpo está caído, ese plano de los pies, yo más que un hombre veo ya la tierra.

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  4. Ana, tu visión de las manos convirtiéndose en corteza de árbol es bondadosa. Yo no llego a tanto, soy más pesimista. También las manos y las piernas y las cabezas de este fotógrafo recuerdan la descomposición de los cuerpos. Es la descomposición de los cuerpos lo que lleva a los orígenes más totales y definitivos, ¿no?, a la fusión con la tierra, a la busca de los ingredientes primitivos, al retorno al limo que dará lugar a nueva vida. Yo lo veo así. No son para mi percepción unas fotografías gratas, de procesos de cambio mágicos y lineales, de vínculos directos y amables con la tierra. Observo sus fotos y me enseñan: roturas, resquebrajaduras, arrugamientos, particiones, descomposiciones...Más allá de esa especie de deterioro llegará la fusión con el árbol o con el humus o con las aguas marinas.

    Cierto que este yacente tiene mucho de los yacentes barrocos, pero lo que le difeencia es el ángulo, luego la observación, luego la mirada, luego el significado. A mi me entusiasma este hombre caído que no tardará en ser tragado por el suelo.

    En fin, que veo estas fotos muy dolorosas, muy sugerentes e incitantes para los textos que a uno le gsta escribir, y las utilizaré para ornar cualquier nuevo comentario que me signifique.

    Gracias por expresarte aquí, Ana.

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