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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








viernes, 27 de marzo de 2009

(Paréntesis dos: Goya vigila)



“Siempre seremos un país ridículo, soberbio, ignorante y provinciano, pero con aires de grandeza. Hay lastres que no nos resignamos a soltar en nuestra obcecación colectiva.”

Stalker


Quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no quiero pensar que no



(Dedicado a Stalker, precisamente. Ver su comentario en el post anterior sobre Larra)

3 comentarios:

  1. No creo merecer a Goya, ni a nada. Yo también contribuyo a esa obcecación colectiva de mil maneras, algunas inconscientes. Se me ocurre que hay mecanismos para vencer la estupidez. Más que la inteligencia, la ternura desactiva los perversos mecanismos reflejos de la instintiva atrocidad excluyente del ser humano.

    Un abrazo, Fackel hermano

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  2. Nada de complejo de culpabilidad, Stalker. ¡Que lo tengan ellos! Uno se merece lo que recibe, lo que le llega, lo que le expresa. Nada de inferioridad. Los pequeños -no los humildes, sino los ignominiosos- son ellos, los que no aceptan ni interpretan ni comprenden para corregir.

    Por supuesto que la ternura desactiva, pero la ternura no es un mecanismo, es una expresión profunda y creativa, que no late a cada instnte en nuestras agobiadas vidas, hermano. Las más de las veces la llevamos soterrada y no siempre la trasladamos a los otros. Ahora, como visión es importante. Los mecanismos atroces d elos humanos desgracidamante son muy amplios. No tengo claro que sólo se pueda responder a ellos con la ternura. No somos espíritus puros, ni creo en lo de ofrecer una mejilla cuando te dan en la otra, sobre todo cuando te dan sin razón o porque quieren apropiarse de algo o todo de ti. Que introduzcamos la ternura o la comprensión o la tolerancia u otras capacidades positivas en las relaciones humanas, y en sus expresiones políticas, laborales, de vínculos diversos, me parece necesario. Pero a veces llegan momentos en que la obcecación del otro, de los otros, requiere decisión en la respuesta.

    Por supuesto que todos contribuimos a la obcecación colectiva. De ahí el dilema entre si nos salvamos cada uno por nuestra cuenta o si lo hacemos grupalmente. Salvarte por tu cuenta puede dar resultado para tu propio Ego, pero también puede resultar ficticia la supuesta salvación. Sigo creyendo en la necesidad de qe o nos salvamos todos o no se salva ni dios, que dice el poema. Pero el eterno conflicto entre la indicidualidad y el acuerdo con la tribu (en todas sus dimensiones ésta) no deja de manifestarse.

    Goya vive, como vive Larra. Hay una creción artística en la historia española que nos puede ayudar a salvarnos a todos. Las obras están expuestas en museos o en anaqueles de librrías polvorienta. Sólo hay que bajar el cuadro y colocarlo en nuestra mente. Sólo hay que tomar el libro, soplar el polvo y desafiar las páginas amarillentas

    Todos nos merecemos todo, o nadie nos merecemos nada. Según nuestra actitud, nuestro compromiso, nuestra visión aproximativa, nuestra voluntad y nuestro sentido del apoyo mutuo.La sociedad moderna ha elevado la conciencia del YO posible para ser algo más que esclavos (no es un término obsoleto, oigan) Pero la sociedad meramente productiva y mercantilista nos acorta esta posibilidad, nos deja sólamente como parte del engranaje. Elijamos. Ahí está el salvarnos como YO, en decidir, mantener una coherencia y descubrir el destino como dueños de nosotros mismos, no como alienados y enregados sumisos.

    Salud y horizonte, Stalker.

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  3. Resistamos entonces, hermano.

    salud y horizonte (hermoso saludo)

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