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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 8 de diciembre de 2008

Apostillando a Montaigne



Leyendo los Ensayos de Montaigne uno lee casi todo. Y esta frase le hace saltar del asiento: "Todo contento de los mortales es mortal".

El recordatorio ¿es oportuno? Acaso se trata de una constatación de quien de vuelta de todo intento vital se apresura a recordarnos la trayectoria de lo vano. Pero si bien la vanidad se muestra como calidad de lo vano, también hay que decir que no todo es vacío entre nuestros pasos. Porque sea también mortal el motivo que anima e incentiva a los hombres, ¿hay que dejar de vivir todas las circunstancias de la vida? No hay elección. Vives pretendiendo apartar lo dañino, intentando remontar lo penoso, esforzándote en atrapar lo que consideras plenitud y tratando de retener lo que te parece divino de ti mismo. Mas vives. Y lo haces con intensidad.

La fragilidad de la vida se agazapa tras cada afianzamiento de nuestras actitudes. Ya no está claro que a los hombres les acucie la presuntuosidad de vivir como si fueran a ser eternos. Saben que no. Desde que nace un hombre ve caer a su alrededor a otros hombres de toda edad y condición. Sobre eso no tiene duda. Pero la idea del fin la posterga, la oculta; eso no va conmigo de momento, se dice, va para largo. Nace entonces la ficción: vivir como si se fuera a vivir para siempre. Sólo el paso del tiempo, con su secuela de limitaciones, claudicaciones, despojos y abandonos afianza la duda y empieza a invadir la vida del individuo con otro tipo de certidumbres más severas y menos gratificantes. Y más renunciantes.

El malestar del hombre reside en el origen de su misma ficción. Lo que a corto y medio plazo, en el promedio vital de los individuos, da resultado para responder a las expectativas que el acontecimiento de nacer y la consecuencia de crecer y madurar desarrollan en la conciencia de cada uno no es permanente. Ni siquiera es estable en cada etapa de la vida. La metafórica frase de “la lucha por la vida” da fe de cómo la inestabilidad y la pugna por adaptar el entorno y los medios a la vida de los individuos es contradictoria, dinámica, incluso angustiosa.

Angustia. Palabra tabú. ¿O término tótem? Depende también de tu propia ficción. Depende del miedo que crece contigo desde que naces y de cómo te habla, te dirige o simplemente te acompaña y con el que echas pulsos sin caer en la rendición. Si consideras que cada dificultad es insalvable, que cada entorpecimiento no lo vas a mejorar, que cada desliz es un error definitivo, que cada fracaso amoroso o profesional no tiene superación te dejarás arrastrar entonces por un concepto maldito de la angustia. Si vives amordazado por los miedos, apresado por fantasmas, reducido por el temor a la enfermedad y a la muerte, la angustia te pagará con sus crisis y sus manifestaciones de enfermedad, entre las cuales la ansiedad es la más llevadera. Pero si a pesar de la rabia, del dolor o de la confusión que se generan en ti cada vez que las cosas no te salen como desearías que te salieran, a pesar de sentirte herido y tocado por la angustia consideras que cada asunto se puede retomar, se puede recrear, se puede hacer nuevo, tú mismo serás un nuevo factor cargado de fe en la posibilidad. Tú serás parte de la modificación. Y entonces esa angustia será aceptada como algo integrante de ti, de la misma manera que lo es la sensación de placer; será, por lo tanto, una angustia existencial que te acompañará con otra actitud, que te permitirá ser realista, pero no neurotizará tus actos.

(Fotografía del checo Martín Stranka)

2 comentarios:

  1. Un buen lema sería ser pesimista por inteligencia y optimista por voluntad. ¿Pueden conciliarse ambas tendencias?

    Confío en que sí...

    salud

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  2. Como ley de contrarios, o de complementarios, se acepta. De hecho, en la vida se da continuamente esa alternancia cotidiana. ¿Conciliarse? Si una conciliación implica la deposición de una actitud ante la otra, pues no. Jamás podrán conciliarse ambas tendencias. Jamás podrá conciliarse nada en este mundo que se califica precisamente por la inestabilidad, el riesgo y el cambio continuo. Pero si todo consiste sólamente en el juego de la inexactitud y el maniqueísmo de las palabras (no escandalizarse sólamente de los políticos, ellos no son sino un sistema de espejos más) pues confiemos en entendernos, aunque sea formalmente. Pero mira, Stalker, cada vez creo menos en la resurrección de la carne. Esta metáfora oculta que nada permanecerá nunca cerrado, acordado, convenido o conciliado, porque siempre estarán surgiendo aristas nuevas, perspectivas diferentes, ubicaciones imprecisas. Nunca será nada igual.

    Durante mucho tiempo fui optimista para casi todo, y consideraba que el pesimismo era derrotismo o ganas de vivir desinformado y vendiendo tu primogenitura de ciudadano al mejor postor. Hoy ya no creo en ello. Mi propio tránsito y los acontecimientos mundiales me han convertido a la fe del pesimismo hace tiempo. Lo cual no se traduce simultáneamente en un amargado ni en un desilusionado rendido. Acaso la última posibilidad reside en comprender y disfrutar tu pequeña parcela de placer, creatividad y libertad como individuo; en tejer y mantener ciertos vínculos con otros individuos que participan de análogos recursos; en tener calma, receptividad y sensibilidad para seguir escuchando las voces que digan algo y los colores que siguen siendo necesario para nuestra vista.

    En fin, que soy algo peor que un optimista: tengo ramalazos de risueño, de candidez y de curiosidad. Gracias a ello no pierdo el rumbo del todo.

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