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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 14 de julio de 2008

Complicidad


Diríase que es demasiado joven para tomar el lugar del príncipe Hamlet. Al mirar la calavera cara a cara, el niño no muestra inquietud. Sólo una somera y concentrada seriedad. Acaso contempla una imagen desde una edad que no supone ni un límite ni un temor. Es la inmensa curiosidad del aprendizaje. Puede pensar ¿es esto lo que hay tras la piel tersa, tras el relleno de tendones y músculos, tras las gesticulaciones, las sonrisas, las miradas? El niño sabe que lleva la calavera incorporada discretamente, en un plano oculto y adornado cuyo efecto no trasciende. Por otra parte, está lejos todavía de valorar la obsesión del adulto inmerso en la pugna por las ambiciones y las soberbias. Lejos de reducir las aspiraciones competitivas y enfrentadas de los hombres a una fría osamenta. Lejos de la aniquilación y el desgaste de la lucha selvática de la especie. Pero esa correspondencia entre la desnudez del infante y el cráneo más puro que juega entre sus manos les hace concesionarios de una complicidad donde la reflexión es el médium. Probablemente, el niño inquiere a la calavera claves que no puede captar si no ha probado y comprobado antes el cáliz de la travesía. La calavera será la misma en ese instante o dentro de setenta años en la vida del niño. No habrá cambiado su fisonomía, su desolación, su símbolo, su devenir orgánico. La interpretación está y no está en ella. Media el recorrido de la vida de un neófito que hará iniciación de todos y cada uno de sus años y de sus experiencias. Hasta el fin. Diálogo oculto de secuaces que se observan distanciadamente. Nadie escucha sus palabras. Nadie se hace eco de sus guiños. Mano a mano, nunca una imagen de espejo fue tan ilustrativa y sincera.



(Pintura del artista simbolista finlandés Magnus Enckell)

1 comentario:

  1. ¿Una reflexión en un niño? ¿Y por qué no? ¿Hasta que punto la locura de la infancia y de la juventud son caóticas? ¿Y quién dijo que lo fueran? ¿Es impedimento para reflexionar no conocer lo suficiente? Siempre se conoce algo suficiente. Siempre se pìensa sobre lo suficiente, o sobre lo insuficiente, que no sobre lo bastante. Meditaciones...Vienen de largo en los hombres. Buen post, Fackel.

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