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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 4 de noviembre de 2007

La partida



¿Quién gana la partida? ¿Quién arriesga? ¿Quién desde el trono de reina echa un órdago al hombre pusilánime? Ella exhibe su carta decisiva, mientras él oculta la última posibilidad sin excesiva esperanza. El chico titubea, su rostro descompuesto es ya la jugada entera. Una apuesta final invalidada juguetea entre sus dedos dorsales. ¿Cree en esa posibilidad o es un mero farol? ¿Sueña con la victoria imposible sin soltar la carta que le frustra? Mayestática y acogedoramente solemne, la niña hace gala de una serenidad que prolonga el pase. El varón es inquietud. Lo ha sido durante toda la partida, como si intuyera el resultado último. O simplemente es consciente de no saberse ubicar en el pulso con la dama desafiante. Su posición inestable apenas le convierte en un escorzo próximo a la rendición. Azul, blanco, verde, rojo, ocre...Los colores -tajantes, delimitando los espacios impunemente- son los naipes de los objetos que toman el relevo. Qué lejos uno del otro los rostros de los competidores. La poderosa sonrisa carga de luz la cara de la joven. Apenas una leve inclinación de la boca -esa curva de la comisura de sus labios, ascendiendo al cielo- y todo sentenciado. Por la de él bajan las sombras, como una cortina de pesadumbre, mientras se encoge con una mirada lánguida de mal perdedor tal vez. Sometido al resultado, no ve más allá de un as de papel. No ha jugado bien sus cartas, esto es, sus posibilidades. Ella extiende su pícara mirada. No le quita ojo, ni intención. Ostentación de calma. Su mejor triunfo se inclina poco a poco hacia el derrumbe, acaso en espera de la próxima revancha.

(La partida de naipes, del pintor Balthus, se puede contemplar en el Museo Thyssen de Madrid)

6 comentarios:

  1. Tengo que ir en mi próximo viaje.

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  2. Un comentario excelente (me has sorprendido muy gratamente, querido Fackel...) a una pintura tremendamente enigmática, como parece caracterizarse la de Balthus.

    Podría ser la plasmación simbólica de la ocultación masculina a la mujer? Ella enseña transparente y orgullosa su carta-verdad, mientras él esconde su rostro en un oscuridad dudosa y aguarda indefinidamente su carta.

    Los hombres siempre, hasta hace poco, han vivido ocultando a sus parejas miles de secretos, con una doble moral, con una vida paralela a la matrimonial. La mujer no ha tenido más remedio que mostrar sus cartas en todo momento, así lo ha prescrito la sociedad...

    En cambio, cuánto han podido vivir los varones en la clandestinidad, jugando a escondidas sus cartas, guardándose muy bien de la verdad.

    Quizá sea una lectura un tanto retorcida pero hoy me ha sugerido esto este cuadro, quizá mañana me sugiera otra cosa... la grandeza del arte está ahí, en las mil visiones, lecturas infinitas, qué gozada...

    Besos Fackel, esta entrada y las anteriores están geniales, de verdad.

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  3. Para49: El Thyssen es un museo interesante, sobre todo porque te encuentras obras de las que no había en España, y la sorpresa acecha. Por ejemplo, la obra Metrópolis, de Grosz: sólo ese lienzo rojizo y angular bien vale un museo como París una misa(Enrique IV) Apúntalo para descubrirlo.

    Ps.Ds. Tremenda consecuencia visionaria has establecido sobre mi leve comentario, jaj. Pero se admite. También podría ser la interpretación contraria: el triunfo supremo de la mujer para la que los roles (en Occidente)son cada vez más un lejano e ingrato recuerdo...

    La grandeza de arte son las mil lecturas, sí, pero también porque nos incorpora a la obra misma...simplemente de manera sensorial, refleja, onírica...como poco. A mi me gustan las novelas abiertas poruqe yo quepo en ellas, puedo formar parte de ellas, puedo continuarlas...como las películas, como un cuadro...uf

    Gracias por vuestras participaciones. The forum is over! (Glup, yo que no sé nada de inglés)

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  4. Quise decir open en lugar de over (esto me pasa por farolear sobre un idioma que desconozco, en fin...)

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  5. Hace muchos años que vi el cuadro, pero no me fijé, al menos tanto como tú. Puede porque me desbordase la riqueza del museo mismo. Hoy lo pienso, gracoias por hacer meditar sobre el cuadro o sobre mis límites para ver la pintura. Saludos.

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  6. Tus límites, Sebas, son como los míos, puramente técnicos. Tiempo, calma y sentir. Disponiendo de esto lo demás se nos dará por añadidura, ¿no te parece?

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