.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








viernes, 23 de noviembre de 2007

Fundido en blanco

























De quién huyes entre los detritus. O a quién recibes en el estercolero. Acaso se trata solamente de una carrera cuya ida y vuelta transcurre sobre la misma línea. El recorrido que no podrías hacer de otra manera. Demasiado endeble la estructura a tu alrededor. El barrio se desploma mientras te buscas la vida como si hubiera otra. Lo posible no es lo probable Si te alejas de él unas horas es para retornar con menos esperanza. Acosada por la luz intensa corres contra ti misma. Muchas bocas te preguntarán. Muchas manos te rozarán. Muchas miradas se deslizarán sobre tu piel. Sentirás ese desaire contra el que intentarás sobreponerte. La civilización de la apariencia nace con el residuo infecto dentro de sí misma. Su crecimiento es su agotamiento. Eso justifica que te aproveches. Tú tanteas las demandas. La brevedad se repite, te refuerzas en esa mínima idea: todo dura escasamente, todo sucede acordadamente, pero no siempre de manera leve. Tanta carrera por la misma estrechez te va consumiendo. Quizá lo controles, quizá sepas poner un límite. Quizá ese destello exagerado que te acucia se funda y el paisaje que te encuentres sea diferente. ¿Pero existe?

(Fotografía de Daido Moriyama)

2 comentarios:

  1. Hay frases que, sin apuntarlas, se te quedan. Libros de cientos de páginas te entregan una frase que te acompañará siempre. Es el caso de Dostoyevski. Leí en uno de sus libros que en una habitación pequeña sólo pueden concebirse ideas pequeñas. El espacio condiciona la mente. Abrirla puede comenzar por ensanchar el espacio. La fotografía sugiere algo estrecho pero que permite apoyarse en ello para no caer (la muchacha se tambalea). Lo estrecho aporta protección, seguridad. Pero también pone vallas a la realidad, encapsula. En protección no se vive, no se sale a la vida. Esa madriguera es un sitio caliente donde pasar la noche, al abrigo de los vientos. Pero al día claro se descubre la verdad de ese lugar, indecoroso para ser habitado, empequeñecedor. Me hace pensar en cuestiones que tengo abiertas y por ello, gracias otra vez. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. NO olvides, Francisco, que desde habitaciones pequeñas también se han configurado genailidades literarias. El Tao te diría que el espacio grande no implica interior grande. Pero comparto tus deducciones etológicas...Bienvenido de nuevo.

    ResponderEliminar