.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








jueves, 11 de octubre de 2007

Sazón



El tiempo de la madurez. Lo hecho. Lo medido. El sabor en su justo punto. La superficie aterciopelada. Esa ligereza ácida. Tanta redondez llenando nuestra mano. La carnosidad que ensaliva nuestra boca. El color y su exuberancia. Contemplar la danza flotante de sus últimos días en el árbol. Sentarse un rato a la sombra ya fría del membrillero. Mirar el tránsito de un tren de provincias. El pitido del convoy quebrando el tedio de las horas. Ficción de una lejanía que se va aproximando. La presencia de su traqueteo en nuestros oídos. La cadencia de su alejamiento. El silencio posesivo del atardecer. La mirada atónita sobre la fruta gualda. Un cierto regusto empapando nuestro paladar. Los últimos lagartos correteando por el pedregal. El hatajo recogiéndose en dirección al valle. Ladridos huérfanos. El último cuerpo del estío ofreciéndose a la calidez fugada. Transgresión del otoño. Fijación absorta sobre la pequeña huerta. Un rayo frágil y huidizo acaricia las hojas. La brisa cimbrea los frutos. Despliegue íntimo de la sazón. El instante en que pensamiento y reflexión se pulsan. Latido de los días del hombre. La calma.

3 comentarios:

  1. Hará una semana, quizá algo más, salí a la tarde a dar paseo y también le hice una foto a un membrillero. A la foto llamé " El sol del membrillo" como esa película que nunca vi.

    Recuerdo el membrillero de mi infancia, cargado de frutos. También recuerdo a mi abuela haciendo dulce de membrillo.

    Leerte es volver a aquellas tardes de horas infinitas; a aquella cocina; a la textura aterciopelada.

    La palabra sazón me recuerda a Claudio Rodríguez.

    ResponderEliminar
  2. Una revelación también de infancia: para mi el membrillo está asociado más que al árbol a su descarga desde un camión. Habitaba junto a una pequeña fábrica de dulce de membrillo (merienda de infancia de miles de niños españoles en décadas pasadas) Me pasaba tardes enteras asomado al balcón de la casa contemplando cómo varios hombres llenaban cestos y otros los llevaban a hombros hasta el interior de la nave. La apoteosis estaba cuando le regalaban a mi madre algunos de los membrillos más hermosos. El olor de las habitaciones los días siguientes merecerían otro comentario.

    Sazón (según el Casares): "punto o madurez de las cosas" (me encanta esta definición, aplicable tanto a frutos como a individuos)...o "gusto y sabor que se percibe en los manjares" (segundo estado de la primera definición: la primera es objetiva, se da en el árbol, por ejemplo; la segunda es nuestra percepción, se da en nuestros sentidos) Hay otras acepciones, pero ahora no vienen al caso.

    ¿Vale escribir y leernos para rehabitar las sensaciones y percepciones del pasado?

    ResponderEliminar