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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 2 de julio de 2007

La última red



(Variaciones XXVI)


Te espanta la visión. La red no es segura. Ni la reconoces. Ni te parece familiar. Ni hay solo una clase. Está la que tú te procuras bajo los pies. No siempre existe, y tus saltos se vuelven más arriesgados. Están también las que caen sobre ti. A veces las sorteas, a veces te inmovilizan. Está además la que simplemente te encuentras por el camino. Es la que te seduce y te entretiene y de la que quieres formar parte, aunque sea tan enigmática como las anteriores. Está, a pesar tuyo, la que se forma inadvertida y sorpresivamente ante tu presencia y a la que no sabes soslayar, acaso ni puedes, tal es la velocidad que adquiere al entretejer tu vida. Naturalmente, hay muchas más, ocultas, indetectables, sin enredarse, acechando, esperando el momento de urdirse en tu entorno. No sabes si el secreto de las redes está en su material, en su textura, en su dimensión, simplemente en su geometría. Tal vez lo esté en su versatilidad. Oportunamente, se trenzan para cada personaje y para cada tiempo. Incluso para cada rol que tú vas adquiriendo y para cada espacialidad que debes cubrir en tu calendario interior. ¿Por qué desquicia tu mirada ese embrión de retícula? ¿Por su fibrosidad, por su organización desigual, por su brillo? ¿Acaso porque pensabas que la última red que te tornó cautiva iba a ser la última? ¿Es la comprobación de que vivimos enredados lo que te desasosiega? Desperézate. Habrá sido una visión. Los últimos filamentos de una pesadilla. Cuando despiertes estarás liberada. Te frotarás los ojos y un suspiro muy lejano emergerá de tu profundidad renovada. Te sentirás otra. Al menos eso creerás, porque la última red que se extenderá sobre ti no la habrás percibido. Es la red invisible, justo la que no quieres observar ni puedes palpar.


(Fotografía de la checa Katarina Brunclikova)

2 comentarios:

  1. No hay escape de las redes, sea en la naturaleza o en la sociedad. La clave reside en saber cuándo son ataduras o cuando apoyos. A veces son ambas cosas. Pura física. Buenas tardes, F.

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  2. Y pura química, Zeleste. A veces recurrimos a las abejas o a las arañas para hablar de redes sociales...pero, ¿hay alguna especie que las haya construído más complejas, sibilinas, recurrentes y maleables que las que ha tejido la especie humana? Lo dudo.

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