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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 28 de julio de 2007

Entre dos


Evaporándose. Entre dos luces. Entre dos horas. Entre dos desesperaciones. Entre dos desencuentros. Entre dos traiciones. Entre dos abandonos. Entre dos temples. Entre dos territorios. Entre dos incapacidades. Entre dos indecisiones. Entre dos fluidos. Entre dos. La que no pudiste ser y la que no quisiste aceptar. La que no supo decir no y la que aceptó demasiado. La que no soportó amaneceres y la que no sobrevivió a las noches sin término. La que te engatusó y la que te dejó en la estacada. La que se ofreció y la que fue tomada. La que ascendió a la montaña y la que se hundió en el barranco. La solícita y la huraña. La transparente y la opaca. La hábil y la torpe. La sinuosa y la dúctil. Evaporándote. Una maraña espectral se desliza sobre tu cabeza y te envuelve. No quieres alzarte. Es demasiado tarde, piensas. Los electrodomésticos, las sillas, los armarios, el suelo embaldosado , la cocina de gas, los ventanales, las sombras que se desmarcan, las luces que se cuelan, la cubicidad que delimita el cuarto, todo, testificarán por tu ausencia. Ni una música te acompaña, maldita sea. Pasas desapercibida entre los ruidos ordinarios. Los vecinos los producen para sentirse refrendados. No hay vecino sin ruido, ni niño sin lloriqueo, ni borracho sin bronca, ni frustrado sin golpear las sillas con estrépito, ni mujer solitaria sin el televisor a todo volumen, ni chulo sin pasear nerviosamente sus botines ataconados. Y tú no emites ni un gemido elemental, ni un lamento por lo bajo, ni el golpe de una caída al intentar levantarte de la postración. El piso se llenará de un momento a otro de una nube invisible que te arrancará entre dos vidas.


(Fotografía de Sylvia Plachy, húngara)

2 comentarios:

  1. entre lo cotidiano y el deseo. Casi transparente celofán que podría convertirse en parte de la vida, aunque parece luchar contra ello. Contra qué lo hace?, para qué?. Quizás dude .Abandonarse del todo y cristianizarse en un electrodoméstico más.
    Y si hubiera sido empujada a esa situación por alguien que no vemos en el encuadre. A menudo hay ‘alguien’ que tiene la maldita manía de espolear, inclusive sin ser consciente de que lo hace.

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  2. Y a menudo el azar es el sujeto invisible que se interfiere, y no hay quien le ponga nombre ni género ni estamento. El azar, ese ducle y amargo compañero...

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