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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 24 de junio de 2007

Larga noche, larga mano


El hombre (anterior) no deja de sorprendernos. Ese pequeño mamut tallado en marfil encontrado recientemente en Alemania -treinta y cinco mil años de edad más o menos, dicen los prehistoriadores, que lo sitúan en la categoría intermedia entre el auriñaciense y el perigordiense- admira por su elaboración figurativa.

Que en el principio no fue la palabra -in principium non fuit verbum, podría decirse parodiando a la inversa- sino otras representaciones las que los neandertalenses estimaban, ansiaban y acaso adoraban, no cabe ninguna duda. Desde la naturaleza más primigenia (el sol, las estrellas, las estaciones, las tormentas, el clima en general, los valles, las cavernas...) hasta las especies animales coetáneas con que el hombre se encaró desde siempre, el hombre (anterior) fue echando un pulso, durante milenios, con los elementos sin que el tiempo no contara sino como efecto.

Larga noche de la edad del hielo debió ser aquélla. Pero también larga la mano de la supervivencia y de la inteligencia desarrollada. Y el arte nació allí precisamente y probablemente. Que encima los arqueólogos hayan encontrado veintitantas figuras más en el mismo entorno revela la existencia de un auténtico taller creativo. Para envidia de los artífices de las culturas sedentarias que miles de años después acontecieron en el planeta. ¿No son muestras de este talento las que nos deberían hacernos caer del burro de la soberbia, de la posesión de la verdad (la verdad no puede ser aprehendida, dejaría de serlo), de la competencia flagrante con otros hombres y del maltrato a los bienes naturales?

Pedir un punto ético de reflexión a la fiebre productivista de los humanos de nuestro tiempo no parece que pueda tener demasiada aceptación, pero opino que es razonable y oportuno. A mi descubrimientos como el pequeño mamut de Alemania me revelan más sobre la especie a la que pertenezco que las teologías, los pensamientos impositivos y las leyes del mercado. La creación artística une a los humanos y nos reconcilia con la naturaleza. Pero ¿quién está dispuesto a sentirla además como ética?

2 comentarios:

  1. Fernando Alcaraz26 junio, 2007 10:50

    Impresiona la capacidad de observación, técnica y sobre todo estética de nuestros antecesores. Si el arte viene de tan antiguo, y con tan elevada calidad, no nos debe sorprender que los artistas de la humanidad haya desarrollado una línea continua, paralela a la evolución tecnológica. La cuestión es que periódicamente, hay que pararse a pensar sobre si el arte debe tener más contenido transformador (lo que renovaría el mismo) o es simplemente un dejarse llevar (el marcado y el precio)

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  2. Fernando, en temas de arte no hay nada nuevo bajo el sol, ni en creación ni en interpretación ni en culto ni en mercado. Pero, demonios, impresiona la perfección elemental del mamut alemán de hace tantos miles de años. Las preguntas se abren: ¿se haría por encargo de la tribu? ¿para cultos mágicos? ¿para exorcizar el poder superior? ¿para domeñarlo al del hombre? ...¿o simplemente un individuo diferente se entretendría en esa noche primitiva y difícil, posiblemente corta para cada ser humano?
    Y mientras, el artista-artesano-artífice-creador, llámenlo hache, creó un mundo propio entre su cerebro y sus manos. Clarísimo: antes que el Respeto a los elementos naturales, antes que los dioses o antes que Dios, lo primero, si hubo tal primero, fue el Arte (¿el demiurgo interior?)

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