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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 30 de diciembre de 2006

Vencedores o vencidos




¿Es siempre así la historia de la humanidad? ¿Se da en términos de cordura o de demencia? ¿Es la justicia o el dominio el que indica el camino? ¿Es la inercia o la lucha desgarradora en el interior de la especie misma la que escribe los episodios? ¿Es la bondad o la infamia la que impone su criterio? ¿Es el reconocido de hoy el abyecto de mañana? ¿Es el bárbaro de este momento el ilustre ante el que se extenderá la alfombra de honor en un corto o medio plazo? ¿Qué es lo que marca, define, califica? Lo que parece fijo y conseguido puede trocarse en móvil y perdido. Lo que es aplicable para unos no lo es para otros. El sentido de progreso para unos es a costa de retroceso o parálisis para otros. Frase repugnante, siempre repetida: para que unos ganen otros tienen que perder. Pero lo perogrullesco no lo es para siempre. La ignominia puede adquirir calidad honrosa. Quienes alardean de seguridad pueden mañana sentirse caóticos. Las manos ensagrentadas de los energúmenos de ahora tal vez planten mástiles con sus banderas triunfantes en otro momento. Los que presumen de civilizados son presa de su incivilidad insolidaria. Los que tiranizaron pueden acabar en la horca. Los rosáceos y rollizos de esta cultura pueden devenir en demacrados y exhaustos, si antes nos acaban con ellos las enfermedades ad hoc que generan en su lujo y demasía. Aquellos a los que se persigue serán con probabilidad nuestros aliados. Aquellos con los que familiarizamos pueden ser extremadamente hostigados. Las bandas de hoy acaso sean reconocidas mañana como un Estado. Ya ha sucedido. Los neutrales no existen: o estás con la divinidad o con los demoníacos. Esto nos fue siempre dicho. Pero los mismos que pretendieron aleccionarnos huyen como ratas, clamando a sus dioses. Los que nos tutelaron nos abandonan, si ven su salvación en otra parte, pero mejor sería que nos olvidaran. Los más indignos de todos, enrocados en sus religiones, nadan y guardan la ropa. Como los bancos, cuando les va bien son prudentes y amables, cuando naufragan conspiran y bendicen banderías. Te aferras a la Luz, pero sus usuarios no quieren utilizarla. Es sabido que son más sagaces los hijos de la tesorería que los del esfuerzo humilde. Pero nadie está a salvo. Nadie es vencedor o vencido, al menos no para siempre.


(El grabado superior es del polaco Josef Bau; el de aquí debajo del alemán Siegfred Zademack)

1 comentario:

  1. Sí, Fackel, me temo que la humanidad y su historia se debate entre sí y el no, que decía Etvuchenko.La barbarie siempre está en casa pero es que nuestra casa hoy es más que nunca el Mundo. Feliz salida.

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