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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 18 de diciembre de 2006

Corsario Pasolini versus...


A punto ya. El ruido está ahí desde hace más de un mes. Otra vez la repetición, siempre más agresiva. ¿Qué hacer? ¿Tenemos capacidad y voluntad suficientes para lleva a cabo el refrán "a palabras necias..."? Pero no sólo es publicidad, ni ruidos, ni velocidades hacia los grandes almacenes. Son también gestos, asunciones, identificaciones. Diosa Costumbre (Tradición) casóse con Dios Mercado (Riqueza). De aquellos barros estos lodos que desatan pasión y multiplican los gastos familiares. Refrendada históricamente por la religión cristiana, resguardada en las tradiciones rurales y remodelada por la vorágine festera de las urbes, las Navidades irrumpirán en breve para mayor gloria del trueque y el endeudamiento.

Pier Paolo Pasolini escribió al respecto un artículo en la revista italiana Tempo en 1969 francamente duro y que abría en canal la circunstancia. Escribe sin contemplaciones, tajante, destructor. Me ha parecido interesante traerlo a colación aquí, por su enorme carga subversiva. Merece la pena leerlo con atención. Casi gozándolo.

LAS FIESTAS Y EL CONSUMISMO

Hace ya tres años que hago lo posible para no estar en Italia durante las Navidades. Lo hago adrede, con saña, desesperado ante la idea de no conseguirlo; aceptando incluso una sobrecarga de trabajo, aceptando la renuncia de cualquier modalidad de vacación, de interrupción, de descanso.

Sé perfectamente que incluso cuando yo era niño las fiestas navideñas eran una idiotez: un desafío de la Producción a Dios. Sin embargo, por entonces yo estaba todavía sumido en el mundo “campesino”, en una misteriosa provincia situada entre los Alpes y el mar o en cualquier pequeña ciudad provinciana (como Cremona y Scandiano) Había hilo directo con Jerusalén. El capitalismo no había “cubierto” aún totalmente el mundo campesino del que extraía su moralismo y en el que, por lo demás, seguía basando sus chantajes: Dios, Patria, Familia. Estos chantajes eran posibles porque correspondían, negativamente, a una realidad: la realidad del mundo religioso que había sibrevivido.

En la actualidad, el nuevo capitalismo no tiene ninguna necesidad de este tipo de chantaje, como no sea en sus márgenes o en los islotes supervivientes o en las costumbres (que se van perdiendo) Para el nuevo capitalismo es indiferente que se crea en Dios, en la Patria o en la Familia. De hecho ha creado su propio mito autónomo: el Bienestar. Y su tipo humano no es el hombre religioso o el hombre de bien, sino el consumidor que se siente feliz de serlo.

Cuando yo era niño, pues, la relación entre Capital y Religión (en los días navideños) era espantosa, pero real. Hoy en día, dicha relación ya no tiene razón de ser. Es un absurdo absoluto. Y es posible que sea este absurdo lo que me angustie y me obligue a huir. (A países mahometanos) La Iglesia (cuando yo era niño, bajo el fascismo) esta sometida al Capital: éste la utilizaba, y ella se había convertido en instrumento del poder. Había regalado a las grandes industrias un niño entre un asno y un buey. Además, ¿no desfilaban bajo las banderas de Mussolini, de Hitler, de Franco, de Salazar? Hoy en día, sin embargo, la Iglesia me parece, en cierto sentido, más sometida que antes al Capital. Antes, en realidad, la Iglesia se salvaba por ese poco de autenticidad que había en el mundo preindustrial y campesino (en ese poco de artesanía que permanecía en las viejas industrias): ahora, en cambio, no hay contrapartida. Ni siquiera puede decir que a su vez utilice al Capital: porque, de hecho, el Capital utiliza a la Iglesia únicamente por costumbre, para evitar guerras religiosas, por comodidad. La Iglesia ya no le sirve. Si ésta no existiese, aquél no la echaría de menos. Sin embargo, en casos por el estilo, la utilización debe ser recíproca para que sea útil a ambas partes. En este punto la Iglesia debería distinguir, por ello mismo, las fiestas propias (si, aunque sea anticuadamente, aún las tiene) de las del Consumo. Debería diferenciar, por decirlo pronto y bien, las hostias de los turrones. Este embrassons-nous entre Religión y Producción es terrible. Y, de hecho, lo que de aquí se deriva es intolerable a la vista y a los demás sentidos.


A decir verdad, es innegable, la Navidad es una antigua fiesta pagana (el nacimiento del sol) y como tal era originariamente alegre: es posible que esta alegría ancestral aún tenga necesidad de manifestarse, periódicamente, en un hombre que va a roturar el Sájara con monstruos mecánicos. Pero en este caso que la fiesta pagana se vuelva pagana: que la sustitución de la naturaleza natural por la naturaleza industrial sea completa, incluso en las fiestas. Y que la Iglesia se distancie de aquélla. Ya no puede jugar a la rusticidad y la ignorancia: no puede fingir que no sabe que la fiesta navideña no es ni más ni menos que una antigua fiesta celebrada in pagis (“en el campo”), pagana, y que la mezcolanza es arcaica y medieval. La tradición de los belenes y los árboles navideños ha de abolirla una Iglesia que de verdad quiera sobrevivir en el mundo moderno. Y esto no lo saben sólo los curas excéntricos, progresistas y cultos.


Como fiesta pagano-neocapitalista, Navidad siempre será terrible. Es un ersatz (“sustituto”) -con web-end y solemnidades afines- de la guerra. En tales días brota una psicosis indefectiblemente bélica. La agresividad individual se multiplica. Aumenta vertiginosamente el número de muertos. Es una verdadera barbarie. Se dice: muchos Vietnam. Pero los muchos Vietnam ya están aquí. Ni más ni menos que en estas celebridades festivas en que la fiesta es la interrupción del acostumbramiento al lucro, a la alienación, al código, a la falsa idea de sí: cosas todas que nacen del famoso trabajo que ha quedado reducido a lo que ensalzaban los carteles de los campos de concentración hitlerianos. De esta interrupción nace una libertad falsa en que estalla un primitivo instinto de afirmación. Y se afirma agresivamente, gracias a una feroz competencia, haciendo las cosas más mediocres de la manera más mediocre.

Sí, es espantoso el comentario que acabo de hacer de la Navidad. Y sin ninguna excepción que hacer. Ninguna bondad. Ninguna blandura. Las cosas son así. Es inútil ocultarlo, aunque sea un poco.

(La viñeta de cómic de arriba es del ilustrador François Schuiten; las fotos representan a Pasolini en dos momentos de su vida)

3 comentarios:

  1. Qué gran artículo. Disgustaría (y disgustará) a casi todo el mundo, pero lo que Pasolini plantea es verdad en materia bruta (dos veces verdad: la verdad que se refina ya no suele serlo)Sigue teniendo no tanta, sino más vigencia, puesto que la cuestión se ha precicipitado esxagerada y bochornosamente en la cultura de mercado occiental. Bien por darnos a conocer los puntos de vista de la bestia negra corsaria.

    Saludos fraternales.

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  2. Hola. Me complace su blog. La claridad de ideas del malogrado director de cine italiano siempre ha sido digna de tener en cuenta. ¿Que ha sido duro en sus opiniones? Evidentemente. Recuerdo haber leído hace años varios artículos suyos y su enfoque crítico no tenía precio. Pero, ¿qué no es duro en la vida misma? Poner cara de póker o sonrisa mcdonald sería ignorar los hechos tales cuales son. Por eso me ha gustado que rescatase en este bitácora sus comentarios al acontecimiento habitual de estas fechas que, a fuerza de ser normalmente aceptado por las sociedades occidentales, tal pareciera que no se pudiera criticar. Y sin embargo, resulta vergonzoso lo que ocurre en materia de gasto desenfrenado, cuando no de obnubilación de las mentes. Seguiré su expresión, amigo Fakel.

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  3. Gracias, Vieira por su reconocimiento. Siempre me ha encantado dar a conocer a los rebeldes y a los clarividentes. De ellos no cabe esperar el reino de los cielos, pero sí que sean el fanal de luz aún y siempre tan necesario.

    Ídem, Pardo. Las bestias negras para unos suelen ser frecuentemente los que tenemos que escuchar otros. A Pasolini se le ha olvidado bastante, con eso de que simplemente (¡ !)es un director de cine, como si sus películas no fueran cargas de profundidad. Pero es que la vertiente articulista ha sido bastante desconocida en España.

    Si conocéis textos incisivos de él, comunicádmelo.

    Abrazos.

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