.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 11 de septiembre de 2006

El milagro de Dios


Incluso en los días obligatoriamente señalados por la religión mediática conviene leer (otros textos) contemplar (otro paisaje) ignorar (la publicidad de las conductas) advertir (otras perspectivas) Y humedecer la sequedad de los cerebros con otros sarcasmos. Es lo que hago cuando me siento asqueado o inquieto o simplemente desanimado: cojo las palabras ingeniosas de Ambrose Bierce, o los aforismos lacerantes de Karl Kraus, o las exageraciones malvadas de Max Aub o las greguerías surrealistas de Gómez de la Serna, y me baño en ellas. Héte aquí que hoy sonó la flauta por casualidad del demoledor vienés, Kraus (inter pares) y me regodeo hasta la oxigenación total con este texto:

"En un cuarto con vistas al mar, me despertó un coral la primera mañana. Un ruido de resaca y sermones; ya no sé cómo volví a dormirme y soñé con cruzadas. Abajo arrebataba al pueblo Bernardo de Clairvaux. Sonaba repetidas veces algo así como Spondeo y Benedicamus Domino. Luego, sorda e incomprensiblemente, como en el día del juicio final, la exclamación <¡Porelebá, Porelebá!>, que me sacó del sueño. Era como el puño alzado de una multitud fanática entre ayes y furias. Y sin embargo una voz, penetrante y entonada, se quejaba sin cesar , tal la de un niño que en la aglomeración santa ha perdido a su madre. Era como si la humanidad estuviese peregrinando. Escuchaba en tensión y creí distinguir algo así como <¡Lömatän, Löschurnal!> . En un arrebato de éxtasis, gritó alguien con inaudita decisión, excitando a la acción: <¡Sésonostánd!> Pero se lo tragó el estrépito, y la respuesta fue de nuevo <¡Poréleba, Poréleba!>, y, con la voz del alma, un poco acobardada, subía al cielo una acción de gracias, y una voz cantó <¡Excelsior!> De pronto -no sé qué me pasó- soltó alguien <¡Salchichas de Frankfurt!>, y exclamó, como si apartase de mi frente las tinieblas de la Edad Media: <¡Nueva Prensa Libre, Nuevo Diario de Viena!>. Abrí la ventana y dejé entrar a chorros el milagro de Dios."

Disfrútenla ustedes, de análoga manera a como yo lo hago, que no paro de regocijarme. El estilo formal que tenía Kraus de plantear los temas, incluso con la excusa onírica que hay en este texto, hace que sus argumentos se refuercen en el calado de sus contenidos. Es como si los tiempos (no sólo los de la imbecilidad, sino también los del ingenio y los de la clarividencia) no pasaran. Yo, ahora mismo, no me creo estar leyendo un comentario irónico anterior a 1936. A Karl Kraus me lo imagino incluso clickeando y enviando por email su contribución, eso sí, a su propio periódico, La Antorcha.

1 comentario:

  1. Sí que era un ilustrado consecuente ese Kraus, hasta en sus ensoñaciones y ficciones. Estimula ver que lo que llamas clarividencia existía mucho antes de esta etapa en que vivimos de atontonamiento televisivo.

    Opinión formal sobre tu post. Sobran la foto del representante de la iglesia católica tradicional y la del inequívoco líder de los necoms mundiales. El remolino de la masa orante es una grandísima fotografía: habla por sí toda.

    ResponderEliminar