"...Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto". Claudio Rodríguez





lunes, 11 de mayo de 2026

Monólogo con toque sofista sobre el vacío

 



Tendemos a pensar el vacío como un espacio. Desde el momento que lo vemos como espacio le adjudicamos una imagen, o varias. Nos gusta concebir el vacío como ocupado, ¿no es sorprendente? La paradoja: llenamos el vacío, pero el vacío verdadero no se deja. ¿O será solo que lo desplazamos? A nosotros nos parece que sí, pero es nuestra percepción, que da la medida de nuestros límites al tratar de comprender un todo donde no cabe lo que no es. Obviamente, lo no existente es incomprensible por su propia naturaleza, o mejor dicho, por carencia de cualquier clase de naturaleza. Así que a todo lo habido, por haber y por no existir jamás, adjudicamos imágenes. A lo tangible y a lo imaginario. A lo que consideramos beneficioso y a lo perjudicial. A lo que nos gusta invocar como protección y a lo que nos causa pánico y buscamos la huida de ello. A lo susceptible de ser comprobado y a lo que jamás se comprobará porque es inexistente. Vivimos en un mundo en que las imágenes, las que encontramos y las que generamos, lo invaden por doquier. Lo saturan. Desde el principio de los tiempos humanos hemos ido generando imágenes duales, unas con más aproximación a la realidad, otras totalmente imaginarias. Cuando lo hacemos en exceso con la imaginación es fantasía. Grandes y amplios conceptos de la humanidad son fantaseados. Provienen del vacío, habitan el vacío, como si este fuera habitable pero a nosotros se nos antoja que sí,  y pretendemos dar vida a tanto concepto como si hubieran existido físicamente. Al hacerlo los convertimos en objeto. Un creyente religioso, por ejemplo, ha convertido en objeto mental sus propios dioses y sus derivados. Ha construido pluralidades y singularidades en esto de dar forma y adjudicar contenido a sus seres animados. Para unos los animales o los fenómenos de la naturaleza fueron tema de concebir sus divinidades. Otros tuvieron que dar forma humana a esas criaturas a las que concedieron orden superior, a imagen y semejanza de las propiedades humanas, de nuestros vicios, virtudes, pasiones, trabajos, incluso características corporales. Los dioses siempre han tenido nuestros rostros, con expresión realista o abstracta. En las religiones más elaboradas, digamos, la parafernalia abunda. Las liturgias, los santorales, los libros sagrados, sus imágenes sacras, la doctrina. De un vacío, y un vacío no es espacio, se ha pasado a un territorio. Los humanos habitamos tantos territorios, todos provienen de la misma naturaleza pero a la vez generan nuevas naturalezas. Pero el mundo de las ideas es diverso y no por muy laico que pretenda ser se libra de generar fantasías. Mundos ideales, sistemas perfectos, armonías incluso preexistentes en lejanas y supuestas culturas, idea muy falaz por cierto, edenes perdidos que algunos quisieran recuperar. Y detrás de todo esto, ¿qué? Una visión pesimista, seria, rigurosa, apesadumbrada, despótica ante tanta ficción o bien una actitud risueña, escéptica, irónica, hasta hedonista si se puede. Ni una ni otra visión esperan nada que no sea el flujo de un acontecer cotidiano y la tensión de una capacidad de resistencia. Pero es de temer que ni siquiera ambas estén libres de reconfortarse. La realidad siempre se mira en el espejo de la fantasía. ¿O es al revés? Ah, la ficción y la fantasía, esas compañías humanas tan reales.



* Pedro Pablo Rubens. Demócrito y Heráclito. 1603. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

4 comentarios:

  1. Quizá es que no sabemos convivir con la nada, que nos da miedo la soledad que infunde la palabra vacío. No lo sé. Entonces, digo, bautizamos al vacío para no caer en él; le damos un nombre y una imagen porque nuestra mente no soporta el silencio de lo que simplemente no es. Quizá el vacío no es una ausencia de cosas, sino nuestra presencia tratando de llenar lo que no necesita ser llenado.

    ¿Quizá es que no sepamos lo que queremos y que queremos aquello que no conocemos, aunque no sepamos lo que es?.

    Me has hecho pensar.

    ResponderEliminar
  2. El vacío es tan necesario como lo tangible. De hecho ocupa la mayor parte del universo. Y el universo sabe mucho. No es negativo el vacío. Es fundamental. De hecho acudimos a él a menudo para poner distancia con las personas que no nos interesan. Son horribles las casas cuando sus dueños padecen de horror vacui y atiborran lis espacios de objetos agobiantes. Hay que respirar.
    Salud.

    ResponderEliminar
  3. El problema es llenar el vacio interior. El vacío no quiere forma,
    pero le dibujamos sombras, entre realidad y sueño solo queda un gesto humano: encender luz en la nada.
    Saludos

    ResponderEliminar
  4. Óleo, Barroco puro,lleno de pintura,mantos ,no deja un espacio libre.Los contrastes asociativos mientras que Heraclito( el pesimista),lo lleva oscuro.Democrito le gusta el rojo,de alegría. Dos formas distintas de ver la vida,uno lleno de optimismo el otro vacío de contenido,triste.
    En el museo de Valladolid, no me pare mucho viendo este cuadro,va de gustos.
    Saludos

    ResponderEliminar