"...Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto". Claudio Rodríguez





sábado, 16 de mayo de 2026

Los lascivos

 


"Susana era muy delicada y hermosa de rostro.

Y los malvados la mandaron descubrir (porque venía cubierta) para por lo menos ansí hartarse de su hermosura".

* Libro de Daniel, XIII, 31-32. Versión de Casiodoro de Reina de 1569.


La lascivia no necesita compañía; se acompaña a sí misma. Toma al individuo y obra como ente autónomo sin esperar si el objeto de sí misma, que suele ser otro sujeto, dé su conformidad. Así que la lascivia une a aquellos que la practican fuera de un acuerdo entre iguales y puede llevarles a traspasar la frontera de lo permitido. ¿Qué es lo permitido?, me pregunta Anja. Lo permitido, en mi opinión, es el respeto. La consideración de que no debes ir físicamente hacia otro sin su consentimiento. ¿No crees que cada cual es lascivo en determinadas ocasiones si no con frecuencia?, insiste. Le doy mi opinión, aun temiendo haberme metido en una indagación delicada. La lascivia como parte de un juego consensuado es admisible. También lo es si permanece dentro de ti y solo se manifiesta a través de imágenes fantasiosas que no incumben sino a tu propio deleite, sin involucrar a nadie más. Déjame que te pregunte, ya que te veo tan catedrático. ¿Has sido alguna vez lascivo conmigo en tus soledades? Y no temas responderme, nos conocemos demasiado. No sé por qué he dudado pero me siento en el deber de responder en honor a su confianza y capacidad de entendimiento para conmigo. Debo de darle, pues, satisfacción por mi deuda contraída. Siempre me estimula tener pensamientos concupiscentes, en parte recuerdos, respecto a ti. Tu imagen me persigue en mis flaquezas íntimas. El vuelo de fantasear con tu cuerpo o imaginando tus comportamientos, incluso con otras personas, me incentiva. ¿Es malo eso? En absoluto. Además me gusta saberlo. ¿O piensas que yo no lo practico de manera análoga cuando la sed interior me reclama? Sonrío y me ha gustado escuchar esta revelación de boca de Anja. Sigo perorando sin saber hasta dónde pretendo llegar. Pero hay lascivias que no saben o no pueden permanecer dentro de un individuo y tal inclinación los desboca. Y entonces... Entonces, me interrumpe Anja, sale de ese sujeto otro ejercicio, el traspaso del límite, el ejercicio de poder que pretende obtener un beneficio avasallando, obligando, chantajeando incluso a la otra persona, sujeto de ese objeto que tú decías antes que le abrasa caprichosamente. Inadmisible e injustificable por más que luego la opinión pública se divida o los jueces no sepan valorar debidamente esa fuerza bruta del poder. Porque el poder siempre es fuerza bruta, cuando no violenta. ¿Conoces la fábula bíblica de Susana y los viejos? ¿Hasta qué punto fueron capaces de llegar dos individuos, no por viejos, sino por violentos, no por lascivos, sino por acosadores, para obtener condescendencia de una mujer que se les resistió claramente? Sí, digo, pero esa historia no acaba bien para los viejos. Anja: así es, pero porque el texto requiere una conclusión moral, digamos, con arreglo a la doctrina transmitida que se iba desarrollando en aquella cultura ancestral. Pero ¿siempre ha habido un límite de castigo para quienes ejercitan el poder impositivo y depredador sobre los cuerpos o, mejor dicho, sobre las vidas? ¿No parte todo de la idea asumida por los hombres del rol que, desde hace milenios, obligaron a cumplir a la mujer? ¿O crees que la esclavitud fue solo cosa de cautivos, vae victis!, que decían, cuando no de la misma condición femenina? 

Miro a Anja con cierto complejo de culpa, como si uno heredase las culpas de todos los hombres que me antecedieron y aceptaron un estado de cosas. Ella vuelve al tema, para alivio de mis complejos. Quédate con la concupiscencia dentro de ti, proporciónate goce con tus devaneos y ficciones mentales para conmigo. Nunca traspases la cordura ni olvides el límite. Perderias la sensatez y pudrirías tu deseo.





*Juan Dò o Giovanni Dò. Susana y los viejos. Primera mitad siglo XVII. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

2 comentarios:

  1. Me quedo con el último punto y seguido.
    Nunca traspases la cordura ni olvides el límite. Perderias la sensatez y pudrirías tu deseo

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  2. El cuadro crea la duda,familiaridad o tocamientos.En todo caso es un tema delicado, difícil de afrontar.
    Saludos

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