Lena me ignoraba. Lena seguía mis palabras pero miraba a otro. Lena estaba constantemente presta a la acción. Lena fumaba en las reuniones con su propio ritual, como si fuese la manera de combatir el tedio. No es que despreciase la teoría, de hecho la repetía casi al pie de la letra, pero siempre sospeché que creía escasamente en ella. Tampoco yo era inflexible. Para mí la teoría más que un planteamiento rígido ha sido algo a lo que aspirar. Aspirábamos tanto que los planteamientos iban más dirigidos al futuro, al futuro que nunca llega, o no llega como queremos, que a la practicidad del día a día. Ejecutábamos tantos devaneos que acabábamos no distinguiendo lo posible de lo fantástico. Naturalmente, cuando las ideas son imprecisas, o abstractas, acaban convirtiéndose en difusas, si no etéreas. Pero, ¿quién no vivía esa volatilidad bonachona y de apariencia biempensante en nombre de exaltadas imágenes para mejorar, de una vez por todas, el mundo? Porque entonces pensábamos en ello con una convicción por encima del bien y del mal. Pensábamos, ingenuamente, que nosotros, nuestra generación, iba definitivamente a cambiar para bien colectivo el universo humano. Eran aquellos los frágiles mimbres con los que pretendíamos hacer un cesto. Los mimbres de los deseos exaltados, de las emociones que nos justificaban, de la revelación a la que nos aferrábamos, como si otros no nos hubieran precedido en frustrados intentos. Lena se sentía ajena a tanta teoría que acababa en flor de un día. Ella confiaba sobre todo en la acción. ¿Era la teoría la que justificaba la acción o la acción la que respaldaba el pragmatismo de la teoría? Preguntas sofistas que yo planteaba y por las que ya algunos me miraban de modo sospechoso. Precisamente como Lena era tan activa, digamos, me ignoraba. No solo obviaba mi capacidad comunicativa, absorbente, sino la influencia que había ejercido sobre ella hasta el punto de ir ambos al huerto del amor que, como tantas otras cosas, también fue flor de pocos días. Ella, náufraga del discurso, estaba ahora en otro transcurso. Para Lena la argumentación se iba apagando, su receptividad menguaba, el espacio asambleario se le quedaba pequeño. La mirada del compañero Hans le debía parecer despojada de verborreas y construcciones mentales y en las reuniones ambos establecían un tándem visual, cómplice, exterior al ambiente. Ella se dio cuenta de que yo me daba cuenta. Yo encelé injustamente, acaso no tanto por su preferencia por Hans como por el desdén hacia mi liderazgo. Un día lo soltó. Lo dejo, dijo abruptamente en medio de una masiva asistencia que prometía cosecha ideológica y, por lo tanto, o eso pensábamos, más claridad para la tan ansiada acción que nunca llegaba. Quise demostrar ante todos mi tono comprensivo y libertario. Estás en tu derecho a elegir, Lena. Y ese verbo lo pronuncié sílaba a sílaba, aparentando firmeza, exhibiendo tolerancia. No tienes que justificarte, continué. Aunque explicar motivos nos vendría bien a todos para subsanar errores, si los hemos cometido, y para enderezar rumbos, si nos hemos extraviado de nuestros objetivos. Lena hizo un gesto como sugiriendo que no tenía inconveniente. Sonrió con un escepticismo descarado. Simplemente que os veo teóricos en extremo, rayando en la inutilidad. Lo mío es la acción, aseveró. Miré a Hans disimulando mi enfurecimiento. La acción es toda tuya, Lena.
No volvimos a ver a Lena. Por el contrario, Hans no nos abandonó, aunque faltó durante un tiempo a nuestras reuniones. Para mi sorpresa comentó que alguien le dijo que Lena había tenido un destino fatal, si no trágico. Pero fue un rumor muy impreciso. Desde entonces he podido imaginar a una Lena en medio de su fatalidad, pero no quise jamás poner rostro a su supuesta tragedia. Diré más: aún espero volverme a encontrar con ella, ahora que estamos huérfanos de teoría y la acción nos superó a todos por las sendas más imprevisibles.
Oskar Zwintscher. Mujer con cigarrillo. 1904

Fíjate que me quedo con la frase final porque creo que nos dice mucho, igual , creo, que el todo el resto del texto: "Ahora que estamos huérfanos de teoría y la acción nos superó a todos por las sendas más imprevisibles"
ResponderEliminarPD: Me gusta este pintor que has insertado, tan al extremo opuesto del impresionismo. Tiene personalidad.
Es un pintor más bien simbolista evolucionado hacia el art nouveau, lo que llamaron Jugendstil. Klimt sería otro de ellos.
EliminarEl eterno debate entre la acción y el pensamiento, entre la teoría y el músculo... algunos quieren ver el mundo arder, otras simplemente imaginar que arde... Los segundos suelen llegar más lejos porque se adaptan a los tiempos, los primeros, sí, no suelen acabar bien...
ResponderEliminarUna deducción muy lógica y sutil.
EliminarNo creo vuelva a encontrarse con Lena, su tiempo ya no le pertenece...
ResponderEliminarLos tiempos son trampas; nunca se sabe.
EliminarMuy apropiada la imagen para Lena. ¡Ah, los tiempos universitarios! Todos estuvimos enamorados alguna vez de alguna Lena. Pero a ella le iba la acción directa. Era libertaria. O tal vez trotskista. O del FRAP. Otros éramos más modestos y coqueteábamos con los "peceros". Luego nos hicimos socialdemócratas.
ResponderEliminarSe fue aquel amor revolucionario. A cambio nos dejó para el recuerdo alguna canción de Víctor Jara, de Violeta Parra, de Quilapayún, de Cafrune o de Larralde...
Te recuerdo, Lena, la calle mojada...
Recuerda que los nombres por los que muchos conocíamos a otros no eran los reales. Pero eso qué importaba. Lo que importaba era la pasión puesta en los acontecimientos.
EliminarEsperando ese futuro, nos quedamos dormidos en el tedio.
ResponderEliminarLa acción no promete otra cosa que ver derrotadas esas teorías consumidas aburridamente.
Y a la postre la acción también lo es. nadie se libra de sus límites temporales y geométricos.
EliminarCuando uno empieza a descubrir el mundo... se teoriza demasiado...
ResponderEliminarQué interesante retrato!
Es como si se quisiera reescribir la historia universal desde la pequeña historia individual: un desafío abocado a perecer en el idealismo.
EliminarFáckel:
ResponderEliminaruna señora con gesto decidido y enérgico. La veo mujer de acción y de reacción rápida. Espero que no terminase en tragedia su voluntad.
Salu2.
En la vida practicamos todos los géneros de la escena, con mayor o menor intensidad y dedicación.
EliminarMira que decirle, que tenía el derecho a elegir. La perdiste para siempre. Cosas de la juventud
ResponderEliminarSaludos
Hubo que aprender pronto a reconocer el derecho a elegir de los demás. Algo que cierta gente ha olvidado hoy día. Y si las pérdidas se han dado en el pasado bien dadas están. Nunca se sabe y ni hay que culpar al prójimo ni siquiera a uno mismo, tan limitado e inexperto en su momento.
Eliminar(Es curioso e interesante que a partir de un texto de ficción podamos extrapolar y comentar sobre cuestiones vividas o convividas, se agradece, Car)
Fakel, procuro hacer un parecido a las conversaciones de banco de jardín de jubilados, todos con mucha experiencias, de ellos y de otros, pero podían ser propias.
EliminarEn mi caso también tuve mi amor primero, que no fue posible, pero la culpa no fue por otro, sino por la suegra, fijate que poco romántico, la dichosa suegra
Saludos
Pero el relato es el relato, ficción, con ingredientes con arreglo a la cocina particular.
EliminarPlanear un futuro, y más políticamente, es de alto riesgo. Las expectativas no suelen cumplirse de acuerdo a lo planeado y menos a lo teorizado. Pero los sueños invaden los territorios de los humanos y les hacen aventurarse.
ResponderEliminarAnder
Hay mucho de sueño en los proyectos humanos, incluidos los empresariales o los políticos, que se creen disponer de suficiente información como ser demiurgos de la historia. Pero esta tiene leyes, si las tiene, que superan a cualquier grupo humano que se piense controlar la situación. Ahora bien, a base de imponer más fuerza, más tenacidad, más riesgo a base de vidas acaso logren objetivos, que ya no serán los mismos y además suelen contar con una dosis de oportunismo elevado.
EliminarTodos temos a direito de escolher como defender as nossas ideias...
ResponderEliminarPodemos perder, podemos ganhar...mas tudo faz parte da aprendizagem da vida.
Beijos e abraços
Marta