"...Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto". Claudio Rodríguez





lunes, 23 de febrero de 2026

La bañista liberada

 



Se sabe concentrada en todos sus sentidos. Pisar con cautela el lecho descendente del río. Asumir sin impresiones la temperatura del agua. Ignorar las miradas de quienes permanecen en la orilla sin decidirse a dar el paso. No es un lugar apartado, como el que hay más allá, al recodo de la misma corriente, que queda oculto. Donde van mujeres más audaces. Donde los hombres jóvenes consideran con naturalidad exhibir junto con las mujeres su desnudez. Tal vez ella misma avance pisando con medida y estabilidad los guijarros hasta ese lugar de encuentro prohibido. Pero tiene que estar segura de que nadie observa su maniobra, que lleva a cabo con prudencia y disimulo. Cuando los ojos inquisitivos dejen de estar pendientes de ella pisará con mayor firmeza. Sus pies serán masajeados por la guija aplanada y ligeramente contusionados por los cantos afilados que, de manera imprevista, la harán quebrar. Se repondrá de cada embate del material sedimentado en el fondo. Acelererá el paso, ondeando su saya a un lado y otro, como si ejecutara un baile acuático. Apremiará a los gansos que, por delante suyo, se deslizan imperceptibles y silenciosos a través de la superficie. Deseará llegar cuanto antes a la curva donde la floresta abundante oculta la visión de los mirones que quedaron atrás. Juncales esbeltos, cañaverales firmes que compiten con otros arbustos, álamos que hablan el lenguaje del viento, zarzamoras espinosas cuya corpulencia cierran el curso rectilíneo del arroyo. La mujer, ya bastante empapada por el chapoteo, hace rato que ha perdido el temor a la gente, desafiado al caudal, espantado la vergüenza de los preceptos dominantes que la inculcaron en nombre de una moral del rigor y de la doblez. Allí están, juguetones y espontáneos, los demás. Los diferentes. Quienes desafían leyes y costumbres y generan la hermandad de un nuevo bautismo. El de la conciencia de los cuerpos. El del goce de los sentidos. El de la aceptación de una carne responsable necesitada de sentirse compenetrada con la tierra y los elementos. El grupo congregado mira sorprendido a la recién llegada. La reciben con entusiasmo y aspavientos. Ella abre los brazos respondiendo con júbilo al acogimiento de que es objeto. La enagua resbala a través de su torso y un movimiento provocado por sus hombros permite desembarazarse de la prenda. Los otros la invitan a unirse a nadar con ellos en la poza, donde no se hace pie y el cuerpo se pone a prueba con el equilibrio que proporcionan los movimientos de las extremidades. Ella ríe como nunca hubiera imaginado. Ríe y se sumerge y eleva de nuevo cual ondina con insólita personalidad.  



*Rembrandt van Rijn, Mujer bañándose en un arroyo. National Gallery de Londres.


14 comentarios:

  1. La deshibición siempre suele ser positiva i encima alegra la vista.
    Saludos

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    1. Me pillas a mano. No sé si siempre, pero sí si es muy consciente y sobre todo auténtica, no moda pasajera. Aunque algunos nos desinhibimos de ciertas cuestiones porque era lo que se llevaba y funcionó.

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    1. A veces uno lee el catalán como si fuera castellano, al fin y al cabo celtibéricos somos tots. Buena jornada.

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  3. En ocasiones la deshibición puede ser agradable, temo cuando se sobrepasan los límites.
    Está bien desafiar leyes y costumbres, es así como las cosas cambian.

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    1. Llegar a desinhibirse puede ser un proceso largo, en todos los sentidos, sobre todo en épocas de pensamiento y moral únicos como los que conocimos atrás. E incluso había que pagar un precio. De ese comportamiento y de la audacia que se tenga pueden cambiar muchas cosas.

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  4. Todo parece presagiar que el episodio acabará en orgía húmeda; muy húmeda.

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    1. No creas, el sol abrasa lo que pilla, y en determinadas circunstancias y partes con efectos lesivos.

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  5. Un hermoso escrito,me has hecho recordar,de cuando íbamos de "perol",al campo y mi madre,mis primas( la parte femenina de mi familia) buscaban un arroyo para refrescarse,aunque tenían mucho miedo pero lo vencían con risas.Me permitían ir con ellas,porque era pequeño.Recuerdo su alegría.Gracias

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  6. Me parece que te pueden algunos recuerdos de mejores tiempos .

    Ander

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  7. Mitad aseo y mitad osadía. Bañarse en público aunque no se exhiba la desnudez, hasta hace bien poco siempre se consideró un pecado y un reto descarado a una sociedad tradicional, puritana, mogijata y pacata.
    Real: hace unas décadas, una chica del pueblo de mi mujer le dijo a su tía que se había ido a bañar al río en compañía de su novio. Respuesta textual de la tía: ¡Valiente puta estás tú hecha!
    Saludos.

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  8. ese instante suspendido en el tiempo, esa dulzura, ese agrado de la mujer entrando en el agua... Solo Rembrandt!

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