La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







martes, 27 de septiembre de 2016

Aquellos estos árboles, 49




Yo me harté ya, me escupe Max. Tal vez a aquella generación finisecular les doliera el ente que creyeron que les acogía y que consideraban, con rabia pero con afecto, que les había traicionado. Pero aún lo consideraban propio. Nosotros nos hemos engañado durante décadas. Silabea si quieres la forma compuesta con participio y todo. En-ga-ña-do. Y hemos visto caer a mucha gente autoengañada. Engañado porque pensamos alguna vez que el ente era de todos, aunque algunos lo había usurpado de modo circunstancial y harto miserablemente. Ahora me doy cuenta de que no. Que ese territorio de cuyo nombre es mejor no acordarse sigue siendo de los mismos, que solo es de ellos, que siempre fue de ellos, que el derecho de propiedad que una vez se arrogaron los respalda con el apoyo de los incautos y la colaboración de los torpes. No ha lugar ya, por lo tanto, ni a que nos duela. Quiero dejar de sentir dolor por aquello que constantemente me produce insatisfacción. El mal no se merece saber que está para padecerlo. Vivamos, pues, en los márgenes. Sin dolor. Si nos dejan.



(Yo le entiendo. Y me encuentro con este soberbio comentario hoy en El  País:
http://economia.elpais.com/economia/2016/09/26/actualidad/1474885393_778813.html )




10 comentarios:

  1. Amigo Fackel, has llegado al número 49 de "Aquellos estos árboles", buen número el 49, te felicito.
    El dolor es tan cierto como inútil, al dolor sólo le concedo el derecho de comunicación.
    Para vivir en los márgenes, preservado de todo engaño nos sirve el humor, esta forma tan excelsa de la inteligencia.
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. ...Y el derecho de comunicación al dolor porque hay que darle salida...Ya nos dolerán territorios del cuerpo, ¿verdad?, y sabiéndolo ¿debemos sentirnos afectados por el espacio devorado por los canallas? ¡Que se queden con él, pues ya que lo han hecho a su imagen y semejanza!

      El humor imprescindible, sí, pero me queda la duda: ¿es suficiente para interpretar la vida en todos sus tiempos y quehaceres? Cierto que es una forma excelsa de la inteligencia, pero educados como hemos estado en las parcelas de lo mediocre ¡cuánto esfuerzo para que sea actitud de vida que nos salve!

      Salud siempre.

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  2. En un país donde engañar al otro y defraudar era ponerse una medalla, qué se puede esperar.
    Hace tiempo que decidí vivir en esos márgenes, me doy una de cal y otra de arena, hay que sobrevivir porque mientras más nos duele, más se ríen ellos.

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    1. Cabe esperar muy poco, Isabel. Si acaso, y es ya extraordinario, la compañía de personas que resisten, que son conscientes del vacío, que son suficientemente inteligentes para comunicar hasta sentimientos. Gente como la que expresáis comentarios en este blog, por ejemplo.

      El problema de los márgenes es que a veces se nos revelan como un estrecho vericueto donde cuesta mantener el equilibrio. Vivimos en la frontera del desierto de los bárbaros. Gracias.

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  3. Reconocernos en la verdad nos mantiene orillados...

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    1. Y expulsados. Cada vez entiendo más lo del exilio interior.

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  4. Frontera, privilegio de nómadas.

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    1. Sí. O...condena para sedentarios díscolos.

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  5. Pero muchos temen el frío de los márgenes y, ya sabes, en el engaño hay espejismos...

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    1. Todo fue un espejismo y algunos lo siguen nutriendo, ya ves con qué éxito tan atroz.

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