La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







viernes, 18 de septiembre de 2015

Hallazgos: postal verbal
















Se pueden tirar papeles, pero nunca recuerdos. Estos, aunque queramos, no se dejan con facilidad eliminar. Un recuerdo, mental o sobre soporte físico, permanece porque aconteció. Nuestro pasado es una sucesión de manifestaciones que nos fraguaron. De acuerdo en que muchas de ellas no nos parecieron acertadas, pero ¿acaso la equivocación, el dolor o la incapacidad de comprensión no obraron posteriormente de modo positivo, haciéndonos nuevos? La vida es acontecimiento, contenga error o acierto. Acontecimiento de acontecimientos. Un término que se utiliza sublimándolo, apartándolo de la conducta ordinaria y humilde de los hombres. Pero ¿acaso cualquiera de nuestro ejercicio corporal no es en sí algo que acontece y nos maravilla? Esa división conceptual de las palabras, tan clasista, tan imprudente desvirtúa su valor. Cuando determinados gremios o personajes con poder se hacen con las palabras como si fueran exclusivamente suyas, y las utilizan para predicar y pontificar sobre la humanidad sencilla ¿no las está desfigurando con el objetivo de reducirlas para su propio beneficio? Pero la palabra precisa, como la memoria obstinada, como el sentido de entendimiento que se alcanza dentro de cada individuo es patrimonio de la vida. Nunca se tira, nunca te lo roban.


(Los soportes de las palabras son a veces equívocos. Un símbolo institucional puede designar únicamente un tiempo, pero no el curso interior de los individuos en ese tiempo. La palabra escrita a mano carece de temporalidad, además de expresar sentimientos, estímulos, vivencias. El hombre joven, aún haciéndose, se ratifica en y por la palabra inmediata de otros hombres. El escudo, en este caso,  solo expresaba vacío y negación. Se le ignoraba)




2 comentarios:

  1. "El hombre joven, aún haciéndose, se ratifica en y por la palabra inmediata de otros hombre"

    Completamente de acuerdo.
    Salut

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    1. Literalmente, los textos de la tarjeta sirvieron para ratificar a un hombre. La necesidad permanente de testigos que nos hablen y a los que hablemos. Y seguir andando el camino.

      Salut y cielo claro.

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