La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







lunes, 24 de agosto de 2015

Hallazgos: la propiedad curativa


















Las leyes de la compraventa van paralelas a la respiración y demás funciones biológicas del ser humano. En la memoria de los hombres permanece todavía el intercambio en especie, superada en su momento por un invento ancestral también denominado moneda. Ambas formas de plasmar un trato han llegado a coexistir, en operaciones de mayor o menor envergadura. Después han llegado las novísimas maneras de comprar y vender en las que todos estamos ya metidos, sin apenas ver ni el objeto de cambio ni el objeto de uso. Era una pincelada; la economía no es lo mío y siempre he sentido una repugnancia enorme por las transacciones aunque, como todos, me haya visto en la tesitura de tener que aceptarlas. Que las monedas han servido, además del supuesto respaldo económico existente detrás de ellas, para confirmar el poder establecido basta con observar las efigies y representaciones que desde su implantación han figurado en anversos y reversos. Curiosa metáfora ésta basada en la moneda que ha servido para designar lo positivo y negativo, lo que hemos recibido y lo que hemos perdido, la salud y la enfermedad, etcétera, en la vida de cada individuo. También en el trayecto desigual y siempre inestable de las sociedades y culturas. Poder de posesión de bienes y poder de dominación de los gobernantes se sintetizan en la acuñación de las monedas. Pero la moneda no es sino la excusa o la punta del iceberg de complejos sistemas de control de economías por los que la gente vive o muere. Nunca será de otra manera, aunque a su vez la moneda sea superada definitivamente por procesos en internet que no tendrán rostro, ni textura de metal ni belleza estética. 


(Esas monedas de plata o de cobre gastadas, que hoy nos agujerearían los bolsillos, duermen el sueño de mis recuerdos. Monedas especie de cuidados y afecto. El niño que correteaba incesante caía con frecuencia y la madre trataba de inmediato el chichón apretando la moneda fuerte sobre el golpe. Bien valía lo comido por lo servido, y soportar un instante de más dolor para reducir la hinchazón merecía la pena. Aquellos reyes y emperadores que llevaban su jeta embellecida sobre el vil metal al fin cumplían un objetivo benefactor y verdaderamente humano. El valor del símbolo de cambio obraba el milagro de propiedad curativa inmediata. Naturalmente, habrá quien piense que la verdadera curación no tiene milagro, sino que depende de la disponibilidad y abundancia de la pecunia de cada cual. Impuros y egoístas somos. Por fortuna, la madre estaba allí, ella era la sanadora)



4 comentarios:

  1. Basta el maternal amor instintivo hacia el menor mediante la palabra ...."cura sana ...." como CAPACIDAD curativa.
    En nuestra sociedad se olvida que el verdadero poder radica en la capacidad...... y mira tu por donde cuantos no se han enterado.
    Perdón, parece una exposición demasiado ex-cathedralicia, producto de mi rampante saturnidad, pero mi intención es meramente subjetiva, solo eso..

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    1. No, no, es muy correcta y tu experiencia seguramente lo avale. Vivimos análogas vivencias, sospecho.

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  2. Sanar _en lo profundo- tiene su residencia en las palabras y afectos cargados de aliento antes que en artilugios y pastillas. Testimonio ajenos y propios hay para dar y vender del poder del cariño, pero estamos ciegos y así nos va, infelices y enfermos, pegados al vedemécum.

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    1. ¿Y no te pasa, al menos de manera subconsciente, que todavía reclamas ese cuidado maternal cuando te lesionas? A mí sí. Ahora se estila el hielo, pero por si acaso tengo siempre a mano las monedas realistas (la de la reina de hecho y la del pretendiente que aspiraba a reinar)

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