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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







miércoles, 31 de julio de 2013

Safo y su eco (II)
























Salpica la noche
                       hasta caer sobre mis manos
sin fondo

al extenderlas
no bastan
              para recoger todo el zumo
que me ofreces


                                       

8 comentarios:

  1. Tenemos en nuestro país el privilegio de poder acceder al deleite de sus frutos. Conozco a una persona que eleva el vino a la categoría de alimento, y tal vez no le falte razón, puede ser alimento del cuerpo y del alma.
    Saludos.

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    1. Alimentémonos del placer que ya llegará la desnutrición de las vidas (suena fuerte, lo siento)

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    2. Veo que no tienes mucho aprecio por el vino, en la imagen de la parra evocas sentimientos que trascienden a la imagen, bella en mi opinión, la parra trepadora que además de dar fruto ampara cuando el sol no da tregua.
      Pero el poema tiene una urgencia, un inconformismo que choca con la placidez de la fotografía, y supongo que ahí es a donde querías llegar.

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    3. No mujer, también soy de la cultura del vino. Pero le tengo un aprecio justo, tampoco lo elevo a los altares, hay mucho gato por liebre. Es que estoy por desacralizar muchas cosas...

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  2. No está mal la sinestesia: el vino y lo sáfico.
    Se lo agradezco profundamente.

    Un abrazo.

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    1. ¿Por qué no las sinestesias? De hecho, aunque no las pronunciemos las soñamos, las deseamos, las invocamos con el deseo.

      Yo agradezco tu matiz; hay tantas maneras de emborracharse...

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