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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 5 de marzo de 2011

El insistente grito


No, no lo escuchamos. Y para no hacerlo, levantamos nuestros estúpidos y sonoros voceríos por doquier. Congregados en nuestros ámbitos de reunión ociosa, lanzamos chillidos neuróticos, clamamos de forma estentórea o emitimos gruñidos y bostezos preñados de decibelios. Todo sirve para tapar el grito ajeno o el dolor personal que no queremos relacionar con aquél. Enchufamos la carga mediática, nos entregamos a la virtualidad que regule nuestras endorfinas, pisamos los aceleradores de nuestro parque móvil esclavizador y le damos a la sana sonrisa hispana, cada vez menos sana y más de hamburguesa. ¿Será más poderoso nuestro ruido que el clamor del viento y de los gemidos ajenos? Es probable, pero también engañoso, porque en ese supuesto poderío está también nuestra perdición. Oh, el ruido de nuestra economía, el insulto de nuestras políticas, la invocación de nuestra calidad de vida, la exaltación de nuestra caduca cultura. Qué cansados estamos. Con qué ceguera nos desplazamos hacia ninguna parte. Si no nos sentimos sensibles con las quiebras de casa, ¿vamos a ser receptivos a las furias desatadas a nuestras puertas? Qué peligro ignorar que las rabias y las miserias de unos forman parte de las indignaciones y fracasos de los otros. Nada se para desde que el origen se manifestó imparable. Sólo se detiene lo muerto.




(También la escultura del profeta Leví, de la mano de Alonso Berruguete)

4 comentarios:

  1. A lo mejor estamos mas muertos que vivos, pero nos creemos lo contrario, como ocurre con la tierra, estamos en un planeta que gira y no nos caemos. Si, ya la gravedad y todo eso. Un fuerte abrazo.

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  2. Emejota. Pues creo que das en la clave. Vivimos en la inercia, que no sé si es una forma de vivir o un modo de morir. Ley de gravedad aplicada a la cultura humana. Me preocupa la inacción. Ver los acontecimientos y los desgastes y dejarnos llevar, simplemente. Puede seguir la Tierra funcionando y nosotros descalabrarnos.

    Un abrazo grande.

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  3. SILENCIO, esta es la palabra clave para escuchar a la fuerza. Después ya vendra el silencio para escuchar por placer y a continuación, actuaremos por "equilibrio" terrenal, emocional y respetuoso.
    Besos

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  4. Importante la palabra Silencio para escuchar. Para meditar. Para reflexionar sobre la acción. Nunca la palabra Silencio debe ser una palabra para mirar al otro lado de donde procede el grito.

    Besos, Alba.

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