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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 25 de diciembre de 2010

Caravinagre



Hoy, que es uno de esos días grandes del año, que decía mi padre, todo el mundo debe estar durmiendo todavía. Ya es sabido que usamos con frecuencia el maximalismo para designar comportamientos de mayoría, incluso de las mayorías exiguas, o para criticar cuando algo no nos gusta: este país, esta economía, esta política, este gobierno, esta oposición, este planeta, esta gente, esta ciudad, etc. , es o está hecha una caca, solemos decir. Por otra parte, somos también injustamente minimalistas cuando valoramos logros personales, éxitos ajenos o simplemente que las cosas colectivas funcionen. Minimalistas ingratos quitando peso, sentido y racionalidad a la luz que hemos ido teniendo en esta sociedad nuestra que procede de un desierto secular. Y es que la tendencia al reduccionismo a la baja o al alza (en este caso sería exageración), es innata en el pueblo español o como se quiera llamar a este conglomerado divertido de moradores de la piel de toro (magnífico Espriu) cuando pensamos con la rabia, el veneno o la ira en lugar de con el análisis y la tolerancia constructivos.

Bien, solo quería decir que hoy es uno de esos días grandes, que decía mi progenitor extinto, en que la gente no reacciona todavía tras los comportamientos al uso de la noche pasada. Lo que no me enseñó mi padre, pero lo he ido viendo con estos ojitos cansados, es que en los tiempos que vivimos es grande la fecha porque proporciona cifras de negocio en amplios sectores productivos y comerciales. Y lo hará también la próxima semana y a la otra. El consumo limitado de regalos en mi infancia se concentraba en una fecha recién comenzado enero. La multiplicación de celebraciones actualmente hace más grandes los días, los deseos, las compras, los compromisos, los gastos, las deudas… ¿Resultado? Insatisfacción, no me cabe duda. Aquello de cuanto más tienes más quieres tiene su contrapartida: cuanto más quieres más puedes tener, lema implícito impuesto por la dictadura del mercado. Y si te lo crees, ya estás pillado.

Debe ser, como dicen algunos estandartes del integrismo católico que veo en unos pocos balcones, que Dios ha nacido. El mismo dios que se supone que echó a los mercaderes del templo, qué paradoja. Les respondo con otro refrán (mi castellanía profunda hoy me traiciona desde el subconsciente): Y cómo les ha venido Dios a ver (a los mercaderes) Uno está ya acostumbrado a las contradicciones de la ciudadanía, a la inconsecuencia de los creyentes de la religión y a las acometidas cada vez más feroces del marketing. Solo que le cuesta cada vez más tragar con tanta insensatez. Estoy cansado de generar basura. El ciclo producción-consumo-detritus está tocando techo y no sabemos si nos mandará a la luna o al infierno.

(Uf, cómo me levanto, me voy a parecer al kiliki Caravinagre. Por cierto, kiliki, con tu permiso)




7 comentarios:

  1. Cuando el 90% de la población está superando los excesos de la llamada buena noche, tu haces una reflexión impecable, profunda y llena de sentido. La hago mía.
    Un beso navideño

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  2. jeje, irónico te pones y no te faltan razones. Y debo decir que mi catalanía (sic) (decir catalanismo es decir otra cosa) fatal (sic sic, pero en otro sentido que mujer fatal, pongamos por caso) sabe que se lleva muy bien con tu castellanía profunda. Nuestras (ejem... cómo coño decirlo...) comunidades culturales han vivido hermanadas demasiado tiempo como para no comprenderse afectivamente, al menos cuando sumamos ya varias copas navideñas. Nos unimos en mil cosas, en ese canto final tuyo que hago mío, por ejemplo. Y en más cosas, Fackel, a pesar de castellanías (nobles, nobles... noble Castilla, siempre) y catalanías varias. La pell de brau nos une, de momento.

    Un abrazo, Fackel, feliz navidad. De lo bueno del año, haberte conocido un poco.

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  3. Gracias por la sensibilidad, Ciber. Nuestros gastos, excesos y sobrantes son a causa de las carencias en otras partes del planeta. Te remito al artículo de Pasolini que colgué cinco o seis posts más atrás. Ya en los años sesenta él advitió el fiasco de las Navidades.

    Un beso.

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  4. Gracias por tu sentido del humor también, Ramón. Formalidades de la política institucional aparte, el secreto de la vida es que los humanos sepan entenderse. Nunca he tenido probelmas para entenderme con gente de ninguna parte. Aprendí la tolerancia a contracorriente, y los que somos híbridos en nuestro origen lo tenemos mejor para curtirnos en el desafío de relacionarnos, pienso.

    Bueno, Espriu es un clásico a visitar de vez en cuando por mi parte. Tengo más cerca a Martí i Pol, por ejemplo. Y a Lluis Llach,y tengo en mi activo el haber asistido a dos conciertos suyos en directo, y una cole de vinilos que aún me emociona ponerlos.

    Así que mi copa de fin de año (simbología jungiana aparte) volveré a levantarla por el entendimiento entre toda la gente abierta.

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  5. gracias por visitarme, feliz año y que tus deseos se hagan realidad.

    besitos

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  6. Encantado, Ana, se acepta la sinceridad de las palabras, de las palabras prefiero y elijo autenticidad y no sólo su sonido. Vuelve cuando desees.

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