.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








jueves, 11 de febrero de 2010

Garzón no es Gregorio Samsa

¿Cabalga de nuevo la España Negra? Las partículas desprendidas del negro pasado de nuestra historia no han dejado de salpicar en todos estos escasos años de democracia política que llevamos. Desde sectores de la impoderable y pertinaz iglesia católica, de entidades minoritarias de nuevo cuño que pretenden hablar en nombre de víctimas del terrorismo también negro y de determinados medios autodenominados de comunicación se ha tratado siempre de enfangar la vida política ordinaria y encizañar la relación de convivencia de la sociedad. Hay clanes, sectas, agrupaciones más o menos encubiertas, agazapadas en sus sombras de pensamiento, porque la luz es demasiado magnánima y hermosa para los que se esconden en ellas. Lo triste es ver cuando un partido mayoritario que se supone que debe ser adalid de una oposición se presta a converger con ese tipo de entidades, como lo ha hecho en diversas ocasiones.

¿O es que hay más gente de la que pensamos que no ha creído nunca en la democracia? ¿Qué prefiere la delegación de su personalidad de ciudadano sin exigencia alguna? ¿Qué le da igual ser un número o un súbdito? ¿Acaso hay más gente de la que parecía sin ganas de adquirir cultura cívica y sentido político? ¿Que no está por respetar las reglas del juego y modificarlas a bien? Preguntas de esta laya le surgen a uno cuando ve cómo uno de los jueces más comprometidos en perseguir judicialmente las infracciones a los derechos humanos está a punto de ser procesado por el Tribunal Supremo de una manera técnica incluso contra natura. Detrás, unas negras agrupaciones ultraderechistas que a su vez pueden estar siendo utilizadas por más interesados, se querellan contra él a propósito de sus intenciones de arremeter vía jurídica contra los crímenes del franquismo.

Y es que Baltasar Garzón es molesto para muchos. Y muchos desean cargárselo desde hace tiempo. Uno pensaba que estaría en el punto de mira de un atentado por parte de narcos, terroristas, ultras, mafiosos...Pero que el palo viniera desde dentro parece increíble. Y probablemente hay más. Hay más dentro del gremio de la judicatura, lo cual resulta ya abominable. Se habla de celos, envidias, relaciones de convivencia enfrentadas, criterios que chocan, gremialismos estrechos, maneras no compartidas sobre proceder en el enfoque de los temas jurídicos...Tal vez ésa es, desgraciadamente la esencia de la España Negra. La caracterización humana, las negras pasiones desatadas, los pecados capitales llevados a ultranza.
El prestigio jurídico internacional de Garzón, independientemente de que sean o no ciertos sus estilos personales que en su ámbito se critican (eso del juez estrella con que siempre se le calificó ¿no da la impresión de responder a envidias?) está fuera de toda duda. No se le ataca de frente, sino desde la oscuridad donde los hijos de la misma siempre se mueven ladinamente. Y la sibilina persecución viene de lejos. Pero Garzón no es el Gregorio Samsa que de la noche a la mañana va a aparecer como un insecto metamorfoseado. Ni creo que la sociedad española quiera entrar en una metamorfosis regresiva. Jueces como Garzón, y aunque no tan empeñados cuantitativamente como él, hay más en España. Pero nunca serán suficientes.

En defensa de la tropelía que se quiere cometer con él adjunto el Manifiesto por la Justicia de Garzón que circula apoyándole.


El juez Baltasar Garzón ha ejercido una justicia de forma continuada y valiente durante veinte años en la Audiencia Nacional, comprometida con la defensa de los derechos humanos en España y en el mundo contra dictadores, terroristas, corruptos y enemigos de la democracia.
El juez Baltasar Garzón ha sido uno de los principales promotores del desarrollo en España del principio de Justicia Universal.

El juez Baltasar Garzón es víctima de una campaña promovida por sectores de extrema derecha, Falange Española y Manos Limpias, con una sorprendente connivencia de algunos sectores progresistas.

El proceso contra el juez Baltasar Garzón es en realidad un juicio sumario contra los defensores de la Democracia, la Justicia y los Derechos Humanos y a favor de la impunidad de crímenes muy graves de carácter internacional.

El juez Baltasar Garzón está siendo juzgado por una sala del Tribunal Supremo en la que la mayoría de sus miembros juraron lealtad al Movimiento Nacional del franquismo.

Una sentencia adversa al juez Baltasar Garzón, tras agotar las instancias judiciales españolas, acabaría probablemente con una superior sentencia condenatoria del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra el Estado español.

El juez Baltasar Garzón representa el modelo de justicia basado en la defensa de los Derechos Humanos conforme con su Derecho Internacional que millones de ciudadanos y víctimas reclaman en todo el mundo.

Ya en 2008 el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas recomendó al Estado español la derogación de la preconstitucional Ley de Amnistía de 1977.

Este caso vuelve a demostrar la necesidad de la Justicia Internacional. Incluso España, el país que intentó procesar al dictador Pinochet, es incapaz de juzgar su propia dictadura. Y quien lo intenta, es juzgado por ello.

(Fotografías de Misha Gordin)

6 comentarios:

  1. Lo más curioso es la utilización constitucional de quien no cree en ese sistema, hablo claro está en términos morales, no legales.

    ResponderEliminar
  2. Creo interpretarte. Lo rubrico. No creen ni moral ni políticamente en la democracia. Se les ve el plumero demasiadas veces. Su idea es la propia histórica, la del monopolio. No soy optimista. No espero mucho.

    Gracias, Randle.

    ResponderEliminar
  3. Nuestra memoria es cortita, muy cortita...
    ¿Volverán las oscuras golondrinas?

    Podría ser si perdemos de vista muchas cosas.

    Saludos

    ResponderEliminar
  4. ..el orden social trabaja así, cuestión de ego, haber quien puede más....la razón ya es lo de menos....aunque la tenga.
    un beso.

    ResponderEliminar
  5. Aquí. No es que nuestra memoria sea cortita, aparte de que va en cada uno. Mi memoria es mía, y sé cómo tengo que utilizarla. ¿La memoria colectiva? Algo mucho más complicado. Los objetos de memoria colectiva no se viven de la misma en unas generaciones u otras. Y no es sólo cuestión de memoria, sino de racionalización de la experiencias vivida. Otros le llamarán pasado. Y ahí se flaquea enormemente.

    Y no me sea agorera. No tiene por qué volver lo negro. Y pobres golondrinas, no cargues en ellas la negritud moral y cultural de ciertos humanos, jaj. Te doy la razón en lo del riesgo de perder de vista muchas cosas...Mas, cést la vie, y que cada palo aguante su vela (me daría rabia tener que sujetar una vela chunga prendida por otros)

    ResponderEliminar
  6. Puede ser, Tula. Pero presumo una guerra interna de egos en el mundo de los jueces sumamente artera. Y con consecuencia sobre criterios de procedimientos que me preocupa más. Y si encima incide en la interprtación de las leyes, ni te cuento. No es baladí el tema. Pero repugnante, un rato.

    Abrazo.

    ResponderEliminar