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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








jueves, 10 de diciembre de 2009

Los trinos del palacio


Parece mentira de qué manera el canto de un canario puede relajarte. De qué modo puede hacerte volar -ella, pobre ave cautiva- sobre un espacio en el que te evades, o eso crees, y que te abduce, siquiera por unos minutos. Cómo te sientes, en apariencia, como si formaras parte de un espacio libre. Y su efecto subyugante. No era sólo el alegre pájaro. Por cierto, ¿por qué llamamos alegría a su expresión cantora natural? ¿Es que acaso existe el ave en función de nosotros, los humanos, simplemente porque hagamos de sus propiedades una sumisión? Presuntuosos y orgullosamente harapientos, los humanos seguimos creyendo que las especies deben girar en torno nuestro. Nos puede la fe ciega en el objeto y las transacciones de mercado son una religión. Siempre depredamos a la naturaleza en todas sus vertientes. Muchas veces de manera innecesaria y gratuita. Pero si no fuera por esa actitud de atadura sobre otras especies, ¿podrían los moradores de esa casa y yo, paseante circunstancial, gozar de los trinos cómplices del silencio? Difíciles preguntas, paradojas de la vida. Mientras, me sentía abstraído en el lugar a lo largo del breve recorrido. No era sólo la prédica del canario. Había también de por medio un patio de casi cinco siglos. Al decir esto se quiere decir el patio de un edificio que ha pervivido, con sus más y sus menos, durante cinco siglos. ¿Y qué casas pueden estar en pie durante tanto tiempo? Pongamos una iglesia, por ejemplo, un monasterio, un convento, un castillo, un palacio. Y eso que muchos de ellos han caído, entre incurias de la historia, que es decir del acontecer desatado por los hombres en la historia. En este caso se trata de un palacio. Un palacio que cambió de uso hace tiempo. Pero cuya empuñadura sigue ornándose con el poder y la influencia. De la nobleza hidalga y rentista en un tiempo anterior. Del Episcopado en el tiempo actual. Y sin embargo, al pasar al patio renacentista, acogedor y calmo, compruebo que lo que trastoca todo -la arquitectura, los símbolos de poder, la actividad del funcionariado clerical, la jerarquía al uso- es ¡un miembro de otra especie! Bendita el ave que encarna la sencillez, a pesar de su enjaulamiento. Porque de ella será la libertad que los humanos aún no poseemos.


7 comentarios:

  1. Según el autonombrado doctísimo y muy sereno Barón de Hakeldama:

    "El hombre intentó imitar a los pájaros en la ciencia del vuelo. Mucho antes ya lo había procurado con el arte de cantar."

    Sospecho yo que al no conseguirlo tuvimos que someterlos. Pobre ave cautiva.

    Otra del muy sereno: "Sí, es posible que seamos una especie, pero una especie ¿de qué?"

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  2. El hombre es sincrético, Rat. En sus manifestaciones de biología superviviente y en las ideológicas. Es una esponja. Necesita empaparse de todo lo existente para ratificarse. No me parece mal todo lo que el hombre ha intentado imitar en otras especies. La capacidad observadora de nuestra especie ha tenido sus frutos. Si ha imitado el canto de las aves y ha logrado fijar así el canto de los humanos -ojo, no todo canto humano es canto, alguno es sólo ruido- es buena cosa. Gracias al cantar y a los cantores la vida es menos dolorosa ("si se muere el cantor muere la vida", decía Mrcedes Sosa, y con qué razón) y más llevadera.

    Pero lo que dices es interesante. Acaso siempre nos parece poco nuestro propio canto, y necesitamos hacer cautivos a los pájaros para que nos recuerden diariamente la belleza de la composición natural.

    Mas no desdeñemos el cerebro de los compositores musicales. La complejidad de lo que estos han creado está fusionado con nuestra evolución.

    Respecto al otro aforismo de tu Barón...somos una especie animal, evidentemente, pero una especie caótica...no hay que más que ver la dificultad intrínseca para hacer frente a nuestros propios problemas (el cambio climático, p.e.)

    En fin, que ni idea hasta la fecha de la existencia de ese preclaro aforista. A ver si tengo oportunidad de hojear alguno de sus libros. Espero al menos que no sea un estafador a lo Paulo Coelho o a lo Jodorowsky.

    Besos.

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  3. No creo que le importase en absoluto que le llamasen estafador, pero desde luego está a años luz de los dos personajes que nombras.
    Hakeldama ("campo de sangre") es un terreno en Jerusalem que compró Judas con las 30 monedas de plata famosas...

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  4. Ah, sí. Judas el Iscariote fue el primer financiero eclesiástico, el primer ecónomo de la naciente Iglesia (prevista a partir del sacrificio del incómodo, el Maestro, claro) Naturalmente alguien tenía que prever la Logística de los Apóstoles. Y como todas las orientaciones parabancarias, la traición y el dinero no tiene lenguaje ni amor ni ideología ni ética. Como los bancos ahora, que blanquean todo lo habido negro y por haber, a través de sus paraísos fiscales. Como ves, la metáfora sirve y sigue en vigor desde los tiempos más ancestrales.

    Lo de citar a los visionarios suramericanos que venden en plan bestseller es porque un amigo los tacha así en una columna de periódico. Y no creo que vaya descaminado. Igual que hay estafas económicas las hay ideológicas y morales. Pero es evidente, que no hay estafador que cunda si no hay estafados ansiosos y voraces que caen en sus redes.

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  5. El anterior anónimo soy yo, Rat. Se me fue el dedo a otro circulito.

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  6. Supe del Barón de Hakeldama hace veinte años por "La miseria iluminada", que encontré en una biblioteca pública. Puedo entender la escasa información sobre él -Hakeldama era el pseudónimo de un tal José Gustavo Bernal Vidal- pero no sobre su obra, excepcionalísima. El Barón tenía un don para los aforismos y un espíritu indómito.¿Qué demonios habrá sido de él? (¿Alguien ha leído su novela corta, si es que es tal cosa, "La conjura del dragón"?)

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    1. Indagaré sobre ello. Gracias por el aporte.

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