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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 8 de febrero de 2009

Mundo flotante



Yume No Ukiyo Ni Tada Kurue, Dejémonos llevar por este mundo flotante de sueños. Esta sentencia aparece en la obra Sozoro Monogatari (Cuentos ociosos), editada en 1641. Más tarde, el narrador Ihara Saikaku, desarrolla y explica algo más el concepto en su obra Ukiyo Monogatari (Cuentos del mundo flotante), publicado en 1661. “...Cantar una canción, beber vino, consolarse a sí mismo dejándose llevar mientras flota, no preocuparse por el último céntimo que uno gasta, y no permitir a tu corazón que se hunda, sino mantenerlo en alto como una calabaza flotando sobre el agua. Este es el modo de vivir en este mundo flotante”.

El sentimiento de un mundo flotante dio lugar a los genuinos grabados ukiyo-e desde finales del siglo XVIII y gran parte del XIX. Autores como Hiroshige, Utamaro, Hokusai, Kiyonaga, Sharaku y Harunobu configuran el sexteto de artistas más importante del género.




¿Una filosofía para la vida cotidiana? ¿Un carpe diem epicúreo versión cultura japonesa? En el mundo feudal japonés del período Edo muchos buscaban la salida a las dificultades de la vida cotidiana encarnadas en enfermedades, pestes, incendios, sojuzgamientos, acudiendo a las zonas de placer de las ciudades. El tránsito de la vida, plagada de tristezas (ambos conceptos definen el inicial sentido de lo uki) se convertía así en la búsqueda de lo alegre, la compensación, la ficción liberatoria. Y el concepto se trastoca, por lo tanto, se convierte en un mundo flotante. Se dirá que de alguna manera una actitud análoga ha impregnado la vida de los occidentales, y en concreto de las nuevas generaciones en las últimas décadas, a través de una sociedad consumista que se autofagocita y a la vez se procrea mercantil y ociosamente cada día.


Pero, ¿podríamos considerar de alguna manera mundo flotante también la lectura, la escritura, la audición musical, el disfrute del lenguaje cinematográfico, el embelesarnos con un paisaje no deteriorado, la contemplación del arte, la recreación en el silencio, la conversación amena y amistosa...? ¿Por qué no? A mi, particularmente, todo este tipo de ejercitaciones me hace también flotar; más, me hace volar, multiplicar las dimensiones de mis sueños. Uno piensa que mundos flotantes puede haber tantos...





(Los grabados son del creador de ukiyo-e Utamaro)

2 comentarios:

  1. Quizá la diferencia estribe entre levitar, planear o dejarse abosorber por vértigos siderales.

    Quizá no hemos pagado el óbolo. O no hay barquero. O hemos dejado de ser el río.

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  2. Quizás sea una diferencia formal. ¿Unos se sentregan a las pastillas y otros a la literatura? Nunca llegamos a pagar del todo el óbolo. O el barquero es muy exigente (le habrá tocado la corrupción de ciertos especuladores y políticos de algunos que quieren regir los destinos del país, y que ellos conciben como sus negocios particulares) Pero seguro que el río, seguro, no hemos dejado de ser todavía. Aunque la sequía siempre amenace.

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