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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








jueves, 25 de diciembre de 2008

Parar, como sea


Hay momentos en que apetece de manera irresistible. Una tentación. A cualquier hora, en una circunstancia improvisada, en el lugar más acostumbrado, ante un reclamo, a contrapelo y contracorriente. Es decir, ignorando obligaciones, desechando quehaceres, contrariando órdenes y saltando compromisos. Indolencia: palabra funesta para un sistema de vida que no se cansa de exigir, de presionar y de dejar de lado a quien no se adecua al ritmo frenético. Mecánica: esbozar un bostezo y dejarse caer. Estrategia: auspiciar el boicot al estrés, desafiar la gravedad, catapultar la relajación casi absoluta. Hipnosis natural: descenso al olvido de lo ordinario, reencuentro con el origen de tu propia sustancia, fantasear sin límites. Protesta: ante los malos humores, contra la falta de estímulo, zancadilla a la depresión acechante. Abandono: dejar todo para rehacernos, sentirnos positivamente solos, exultantemente únicos. El sueño como respuesta al miedo absoluto: por cada vez que me acuerdo/ que me tengo que morir/ tiendo una manta en el suelo/ y no me harto de dormir, decía una copla de Antonio Machado. Bendita quietud. Ocurrencia: parar la vida sin que la vida muera.


(La fotografía es de Willi Ronis)

3 comentarios:

  1. Sabes las enormes ganas que tengo de dejarme vencer por la indolencia, la pereza, el sueño? Seguro que sí!
    Perder mucho, mucho tiempo dando vueltas sobre mí misma, mirar por la ventana, sentarme al sol.Mirar, ver, sentir. No hablar, no hacer, nada nada nada.
    Muy muy feliz sueño,Fackel.

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  2. Esta mañana paré corriendo. La indolencia a veces toma esas caprichosas y paradójicas formas. Hay quien se deja ir moviendo las piernas, intentado dominar su respiración y sus latidos, en el silencio de una vereda helada, la del Pisuerga. Ni eran mis pies los que desvirgaban la blancura ni era mi jadeo el que rompía la calma. Aún así era la huida del que corre dejando atrás las obligaciones de la vida. Pereza en movimiento. Y el saludo de los que huyen, unos a zancada más rauda, otros más lenta.
    Viernes

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  3. Difíciles cuestiones planteáis/ planteamos. Por una parte, la lucha por la vida que nos exige ritmo, prisas, cesiones y concesiones. Por otra, la necesidad de desconectar, desligar, deshabilitar. ¡Parar es reencontrarnos! Te entiendo, Lagave, yo lo intento también, pero tengo la sensación de que incluso ese parar es algo que efectúo también contrarreloj. Nunca paro del todo. Porque aunque el cuerpo permanezca quieto aparentemente, mi cerebro no deja de girar en rotación y en traslación. Tremendo, ¿no? Lo de las vueltas sobre uno mismo puede tener distintas lecturas. A veces resulta neurotizante y agitador. Sigo buscando la clave de ese parar, para lo cual no hace falta irse a la montaña. Puede estar simplemente a la vuelta de tu tiempo y de tu espacio habitual.

    Victoria. La idea de parar corriendo es útil si responde a tu necesidad, ¿no? Se ve que las orillas del río de tu ciudad, a pesar de su fría aspereza, son sendas que transmiten esa sensación de parada/escape. ¿Pereza en movimiento? ¡Cuántas paradojas somos capaces de asumir!

    Sigan vuesas mercedes parando a su modo y manera.

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