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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 16 de marzo de 2008

Combate con las raíces



Hay tantas raíces tras nuestras memorias. Nos pasamos la vida forcejeando con ellas. Siempre formando parte de ellas. Tratando de traicionarlas o de aligerarlas. O dejándonos poseer por ellas. Cuanto más tratamos de desasirnos, más nos cercan los poderosos brazos de sus vínculos. El curso de lo que acontece nos sumerge y nos rescata alternadamente. Y las raíces, ahí, para hundirnos o para elevarnos. Para salvarnos o para precipitarnos en la ciénaga. Para evitar el descalabro o para aprisionarnos. Para ser referencia o para convertirse en una larga mano que nos retiene caprichosamente. Contradictorio papel el de las raíces. No se sabe muy bien si su acción es regeneradora o destructiva. Se sabe que existen. Cuando han desaparecido las figuras que se encarnaron para encarnarnos, nos creemos liberados de esas lianas subterráneas. Imaginamos que ahora los robustos árboles sólo somos nosotros. Que somos la copa, el ramaje y la base arraigada. Que destacarán sobre la ribera, que tamizarán los rayos del sol, que succionarán el humus de otros seres. Pero la mente de estos árboles no pierde jamás sus referencias. ¿Por qué hay hombres que se acuerdan con más frecuencia y gravedad de su padre cuando éste ya no existe? Las raíces están nutridas de cuentas pendientes, de concesiones y desentendimientos, de acercamientos y rechazos. Por eso crecen desordenadamente, desfiguradamente, prolongadas e inacabables. Tiene que haber mucho de desposesión en el alma de los humanos para que las raíces sobrevivan a los muertos. Un conflicto sin fin. Una carencia latente. Una orfandad que se arrastra. Maldito combate con las raíces.


(Fotografía de Francesca Woodman)

3 comentarios:

  1. Buenos días, Fackel. Extraordinaria la foto y apasionante el comment. Nos haces descubrir acontecimientos geniales: fotos y fotógrafas, raíces y luchas, melancolías y decisiones, es tremendo. y yo te lo agradezco. Cordial siempre.

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  2. Sí, el mérito de Woodman no tiene precio. Es bestial, elevada, transimaginativa. Me limito a darla a conocer a quien -como yo-no sabía nada de tamaña genialidad. A camino entre Kafka y los surrealistas a la moda. Pero la veo más auténtica que estos. Adelante, Juanjo.

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  3. Disculpa, Sebas, te colgué el nombre de otro a quien tengo que contestar.

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