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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








jueves, 15 de noviembre de 2007

Noche Tao


Noche de meditación. Echar mano del Libro del Tao. Lao Zi o el arte de penetrar en la ambigüedad de los significados. Lao Zi o el dominio de los complementarios. Lao Zi o la transformación de las cosas en su contrario. Lao Zi o la llamada a la quietud del ser. Lao Zi o la observación del vacío. Lao Zi o el gobierno de la no-acción. Lao Zi o la antilectura. Lao Zi o el camino. Para mi un alto provisional y fugaz en mi camino. En plena hora nocturna y fría tomar una página del Libro del Tao te desconecta. Tus tribulaciones se calman, tus deseos se atemperan, tus sueños se disuelven. Y lees cosas como éstas que, acaso a imagen de todas las palabras tejidas por los hombres, seguramente no están libres de toda sospecha. Pero como tantas palabras de los hombres, las utilizas para incendiar la imaginación o para calmar la agitación interior o para iluminar la desorientación que te confunde.

Las palabras verdaderas no son agradables,
las palabras agradables no son verdaderas.
El saber no es la erudición,
el erudito nada sabe.
El bien no es lo mucho,
lo mucho no es bueno.
El sabio no acumula;
obrando para los otros,
tiene cada vez más;
dando a los demás,
posee más cada vez.
Es propio del
dao
del cielo,
beneficiar y no causar daño;
es propio del
dao
del hombre,
actuar y no luchar.

(Cuadro de Durero sobre la escena mítica de Jesús entre los Doctores)

2 comentarios:

  1. Me atrae Oriente.Prefiero la luz de levante a cualquier otra. Mi vista se vuelve hacia allá sin querer.
    Y encuentro una enorme tranquilidad al leer lo que has escrito. Gracias por la pista.

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  2. Hace tiempo que trato de encontrar ese Orior que sé que hay dentro de mi. Porque el Oriente de hoy día trata de Occidentalizarse a marchas forzadas. Leer el Libro del Camino del Tao no es fácil si buscas lo lineal. Tiene que leerse de otra manera, como si no se leyera. Dejarse llevar por los impactos gráficos que no poseen la racionalidad de los textos occidentales. Es ese aroma de relativización de las cosas lo que me atrapa y me hace parar la lectura. Es ese momento en que no sé si sostengo unas páginas abiertas o contemplo el fluir del agua de un arroyo. Gracias a ti por interesarte.

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