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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 7 de octubre de 2007

Anna Politkóvskaya, un año



Hay otros periodistas. No sólo existen en el llamado mundo de los media los comunicadores, las figuras o simplemente las nóminas. Existe aún esa vieja especie que recaba información, la analiza y la reprocesa para llegar a otra con objeto de clarificar en la medida de lo posible. O al menos, de obtener otra información. Es decir, que persiste e indaga. No son aquellos a los que se ve habitualmente, ni siempre se trata de las firmas que más se leen. No son los que más se exhiben ni los que chafardean, ni los que mejor se venden a la empresa que les paga. Pero que existen, es evidente. Consulten, si no, los informes de Amnistía Internacional sobre el número de periodistas encarcelados o muertos cada año en el mundo. Si bien tampoco se trata de exaltar en exceso una dedicación -acaso una profesión- que no se da en estado puro nunca, que tiene sus límites, sus rendiciones y sus perversidades.

Hace un año Anna Politkóvskaya, periodista rusa, fue asesinada por quienes no desean que existan periodistas que prospecten, es decir, que busquen las pequeñas o grandes verdades de la economía, de la política y de la vida colectiva. O que al menos contribuyan a desentrañar las miserias, los abusos y la utilización desmesurada del poder. El trabajo y la muerte de Anna fue un homenaje a ese periodista insistente y tenaz que crea esperanza y dignidad en una profesión bastante atrofiada y mercantilizada. Si es que el concepto periodismo puede todavía tener algo de categoría auténtica, en un mundo de sevicias, concesiones a los poderes y meros trabajos rutinarios de industria mediática.

Nada tengo que aportar al aniversario de la muerte de Anna Politkóvskaya; para creer saber algo al respecto ya están los periódicos con cierto rigor. Sólo pretendo la invocación, la admiración y el reconocimiento a una periodista que le tocó vivir el difícil y complejo proceso del dudoso asentamiento de la democracia en Rusia. Donde los intereses hegemónicos del secular y viejo Imperio se imponen con frecuencia a las necesidades sociales y políticas de una ciudadanía a la que no se la deja crecer como tal.

Y obsequio su memoria con unos versos de César Vallejo, que siempre me impresionaron...



SI DESPUÉS DE TÁNTAS PALABRAS...


¡Y si después de tántas palabras,
no sobrevive la palabra! ¡
Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!

¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!

¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!

¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da...!


(La pintura de arriba es de la portuguesa Paula Rego)



2 comentarios:

  1. Algunos domingos cuando salgo del Opencor con los periódicos y suplementos bajo el brazo, cruza por mi cabeza la imagen de José Luis López de Lacalle con sus periódicos también bajo el brazo y su paraguas, que quedó en el suelo cuando un asesino de Eta le disparó. Eta ha asesinado a varios periodistas. No es cosa de rusos solo. Ese crimen lo tenemos aquí también. Y a veces se amenaza todavía a periodistas...Incluso a periodistas que ya fueron tiroteados. Aunque lo que digan no me guste, me gusta que puedan decirlo. La pistola que hace callar la voz es un drama de todos los tiempos. Y lo seguirá siendo (la democracia no es algo que se gana para siempre, sino dia a dia con tolerancia).
    Por cierto, me encanta Paula Rego. No conocía sus cuadros.

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  2. "Aunque lo que digan no me guste, me gusta que puedan decirlo", me encanta esta frase. Enhorabuena. Me recuerda aquella otra de Voltaire, muy semejante: "No estoy de acuerdo con nada de lo que usted dice, pero me batiría hasta la muerte por su derecho a decirlo". Bien, es la esencia de la libertad de expresión (en el caso añadido de los periodistas perseguidos -porquien sea- de la necesidad de información) Lo que hace más repugnante la persecución y asesinato de Anna Politkovskaya es el presunto transfondo de crimen, si no de Estado, sí de organizaciones paraestatales que libran su particular lucha por el poder en el Imperio ruso. Y de acuerdo con tu reflexión final sobre el ganar día a día la democracia. La tolerancia, indispensable. Pero yo diría más. La buena voluntad, indispensable. La materialización de espacios participados por los ciudadanos, indispensable. La argumentación y debate abiertos, vital. Pero, ¿es esto lo que algunos sectores desean que sea la politica en una democracia? Hmmm. El panorama responde por sí solo. Saludos nocturnos, Francisco.

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