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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 18 de septiembre de 2007

Sospecha


¿No tienen bastante y ya están pensando en otra guerra? En lugar de pronunciar el término fatídico se le aplicará el eufemismo: intervención, dirán, o prevención, o medida cautelar. O se inventarán otro nuevo. Aquello que ha devenido en sangre y fuego y que cotiza diariamente muy alto en Irak se hizo oficialmente bajo el patrocinio de la mentira de las armas de destrucción masiva (por cierto, no olvidar nunca a cierto expresidente español cómplice, de cuyo apellido no quiero acordarme, que se apuntó a la hazaña y que pretende irse de rositas) Un personaje tan poco sospechoso como Greespan, presidente durante catorce años de la Reserva Federal estadounidense, dice ahora sin tapujos en sus Memorias que lo de Irak fue la excusa para apoderarse del control del petróleo. O sea, lo que muchos pensamos en su momento: simplemente motivado por piratería o latrocinio económicos. Y pensar que a ciertos descendientes del Mayflower se les concedía el don de la moralidad...Con Irán la excusa es su carrera nuclear: sea para usos civiles o militares el próximo enemigo a batir empieza a estar en el ojo del Cristo del Gran Poder-on-Washington. A éste no le basta las miserias propias y ajenas para pensar dos veces las cosas. Claro, las primeras son escasas comparativamente con las que se ceban en la vida de los iraquíes. Y el negocio y la presión de la industria bélica norteamericana es demasiado importante como para no ser escuchada en el siniestro despacho oval. Y la geopolítica, oh la geopolítica, anda demasiado revuelta como para perder hilos de hegemonías y control de influencias y comercio. Sólo que la apuesta internacional es cada vez más complicada. En esa indecente partida están tomando ya posiciones las diferentes potencias mundiales y el asunto puede pervertirse a pasos agigantados. No hay una partida, hay varias que se concatenan peligrosamente. Los que toman las iniciativas son los que menos nos garantizan la seguridad en cuyo sacro nombre han intervenido y volverán a actuar. Ni desenterrar a los muertos de todas las guerras ni exhibir a todos los paralíticos de las masacres serviría para detener las políticas belicistas que interesan. Las lecciones no sé si se aprenden por parte de los humanos. Pero se olvidan con facilidad. Mientras, hay guerras y persecuciones vergonzosas como la de Darfour, de la que poco se habla y menos se trata de atajar. El continente africano no se cruza a la corta con los intereses de Occidente y de ahí sus males y su no levantar cabeza. Maldita sea. Vivir como avestruces escondiendo la cabeza en la tierra no nos salvará precisamente. Sigan consumiendo hermanos, que mañana...mañana acaso sea sólo un accidente.

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