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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








jueves, 12 de julio de 2007

Violoncello


Leyendo a Alejandra Pizarnik en sus Diarios: “Aprender a tocar los objetos, acariciarlos como quien conoce largamente sus secretos”. Nuestras manos están ocupadas habitualmente, y así peinan, escriben, planchan, sujetan cazuelas, abren ventanas, manejan un volante...A fuerza de repetir actos cotidianos, estos se vuelven mecánicos. Son necesarios pero los damos por hecho. Nos hacen. Más que nos dicen. Y casi los ignoramos. Nuestras manos se van con frecuencia tras los objetos no habituales, pero que son imprescindibles Cuando tomamos una cosa guardada en un cajón, arrinconada en un armario, reposada en una estantería nuestro ser adquiere otra actitud. De momento se queda pensativo nuestro ser. Luego damos vuelta al objeto, lo cambiamos de posición, lo miramos de mil maneras. Nuestro pensamiento se evade. Se retrotrae al territorio de la memoria. Y ahí, la caricia empieza a doler. Y ahí una finísima lámina de recuerdos se activa y nos lastima. A veces nos apresuramos a abandonar la cosa. A veces la rescatamos y la incorporamos de nuevo a nuestra vida, como un talismán. A veces la arrojamos despiadadamente: encerrando el objeto creemos clausurar el recuerdo que nos sangra. Puede que haya objetos donde se fusiona todo. Pasado y presente. Actividad práctica y deleite. Conocimiento y amor. Tocar un violonchelo, por ejemplo. Sentirse despojada de lo superfluo. Sublimar el nexo con el instrumento. Pretender que olvido y memoria suenen a Brahms o Prokófiev. Exorcismo de los objetos.

3 comentarios:

  1. Cuánto entiendo esto que dices.Porque la inercia de los automatismos es tan grande...Y hacer mecánicamente, si es sustraerse al sentimiento y por tanto al dolor, es también sustraerse a la vida. Tocar en cueros las cosas, con la piel acariciando, es una metáfora genial. Recordaré esta foto estos días. Un abrazo.

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  2. El personal se cuelga -nos colgamos- de las posesiones y de los automatismos, y vendemos nuestra primogenitura por ese plato de lentejas. Sí, hay sentirse en cueros, hay que reencontrar significados en cueros, hay que pensar en cueros. Entiéndaseme. Que creo que sí.

    Buen viaje y buen encuentro, si buscas, Francisco.

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  3. El hacer mecánico se sustrae al sentimiento, claro, al dolor, evidente, pero también a la alegría, que es inteligencia emocional, a la comprensión, que es instintiva además de racional...Sentimiento y dolor no son causa y efecto necesariamente: pienso que es la frustración la que media para que lo sean. Enhorabuena por los temas. No hay como soltar lo que se lleva dentro.

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