.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








viernes, 6 de julio de 2007

Fusión


Quién busca y quién se deja llevar. Podría decirse que ambos buscan y que ambos se abandonan. Un extraño yinyang, en parte comercio, en parte necesidad. En él prima la entrega. Necesita abrazar a la mujer simplemente para sentirse abrazado. Le resulta fácil. Ella obra mediante una transacción, pero indudablemente es una profesional de altura. Lo hace bien. Él precisa encarnarse en ella. La aproximación es sincera, la ternura manifiesta, la fusión cálida. Ella mantiene el tipo. Está acostumbrada, se crece en el ejercicio, domina la situación. Él se reconforta tratando de soslayar con el abrazo sus soledades más íntimas. La desnudez es muestra de un ofrecimiento auténtico, no una actitud exhibicionista. El hombre necesita ser aceptado, porque en esta aceptación se reconoce, se siente formado, se salva un poco más. Y qué mejor oferta que esa desprovisión íntima que es a su vez la originaria. Más allá del sexo no hay esperanza, parece pensar con su rostro hundido en el cuello de la mujer. Más allá del afecto buscado a cualquier precio no hay redención, decide mientras abraza un cuerpo que podría estar siendo suyo desde siempre. Y por lo tanto no hay reencuentro posible con los orígenes, ni compensación del tiempo desposeído, ni respuesta al ser más dominante, el yo que se lleva dentro. Naturalmente, hay algo patético, pero no es por la imagen, por la situación o por los personajes. El pathos, esa íntima emoción de quien se traslada en la entrega. Esa devoción que emana de las venas. Hay una concesión con la que él se vuelca, aun sabiendo que ella representa solamente, o acaso no. Ella le cría, le soporta, le comprende. A los dos no les interesa si detrás está una mentira efímera. Lo que les vale es que el papel consolador de la mentira funciona. Saben que la verdad no tiene rostro ni nombre ni ocasión. Que es un instante. Que puede estar escondida en la ficción. El crepitar de un fuego que emerge de las entrañas. Y no les preocupa que tal vez todo sean representaciones o maneras de enfrentarse o actitudes salvíficas. Los dos cuentan el tiempo de manera diferente. Acaso no estén tan lejanos en esa posesión pactada. ¿Quién es capaz de medir la urgencia de la propia existencia?

(Sobre una fotografía de Diane Arbus)

8 comentarios:

  1. Es verdadero el consuelo de esa mentira. Es mentira pero hay verdad a pesar de ello: la verdad humana que ponen la entrega, la desnudez, el amparo. Hay humanidad en el encuentro(aunque sea inhumana la situación que lo generó: el pecado es social, es la soledad, es la miseria. Pero todo puede trascenderse y pueden reir juntos y ser un hombre y una mujer engañados.
    He escrito algo sobre otro encuentro quizás menos verdadero, menos humano, en "Escritos para minutos".
    PD: Gracias por el homenaje.

    ResponderEliminar
  2. ¿Es menos verdad ésta que la del pretendido amor de los amantes presuntamente sinceros? ¿No hay ficción siempre en todo enamoramiento? ¿Y no hay más engaño en todo proyecto que se traza con visos de futuro? ¿O es que por estar más admitido el amor reconocido tiene más carta de autenticidad que el amor furtivo y el de pago?

    ResponderEliminar
  3. Vaya reflexiones con carga de profundidad. Comparto lo tuyo, Frabcisco, y también lo del anónimo, aparentemente más a lo bestia. Sólo que...¿tiene que haber pecado detrás de todo? La culpa, ¿es culpa o sólo incapacidad, deficiencia y no saber hacer? ¿Y si ambos individuos quieren engañarse porque sí a cambio de pasárselo bien? ¿Y qué es lo que no es engaño? Es que sabes, Francisco, antes creía que casi todo era verdad y lo que no, mera desviación. Ahora más bien creo que casi todo es error y mentira, y la verdd una desviación causada también por error. Gracias por vuestra intervención.

    ResponderEliminar
  4. ¿Por qué insistir -anónimo- en el engaño? La palabra más cierta del Evangelio -según Nietzsche- es la que dice Pilatos ¿qué es la verdad? Lo que quiere decir: no sabemos. La autenticidad la pone uno entregándose al encuentro con el otro, entregándose a los estragos que la realidad causa en nuestro sueños. Pero mantener alto el sueño del amor, eso es verdad. La verdad del hombre es, a pesar de los estragos, apuntar al amor, en toda circunstancia. ¿Como el Verdugo de Berlanga, hasta ultimando puede ser uno inocente? No me atrevo a decir tanto, pero Dios conoce el corazón humano, y ha mostrado su preferencia por las prostitutas y los leprosos: fue el único profeta capaz de tocarlos, de hacerse impuro tocándolos, de creer en el amor por encima de prejuicios políticos y sexuales. Y yo vengo de esa fe de la impureza, de la verdad aún en la impureza.

    ResponderEliminar
  5. Bien, Francisco. La verdad se aproxima a la quimera, eso te entiendo. Y por qué no. La existencia es bastante quimérica, además de un largo proceso físico de luchas, desencuentros y esfuerzos a veces bastante baldíos. "Mantener alto el sueño del amor, eso es verdad", dices. Mantener en alto, es decir, en vigor, las ilusiones, las aspiraciones, los proyectos, eso es una aproximación a la verdad. Pero sólo aproximación. Y siempre un intento. Es como la utopía -lo que aún no es alcanzable, lo que aún no existe, podría traducirse- cuya verdad se manifiesta en tanto en cuanto se mantiene su búsqueda. Os reconozco a los creyentes el poderío de utilización de la palabra para designar una mediación mitológica ajena, en este caso la del dios monoteista. Y no me cabe duda -si me atengo a ciertos textos- de la preferencia que ¿Dios?, más bien el supuesto personaje Cristo (¿o cierta tradición oral de compasión y resistencia que ha cundido por multitud de caminos intrinciados de la historia?) manifiesta por ejemplo por las prostitutas: ellas nos precederán en el Reino, dijo. Por supuesto, en lejanos tiempos (y en los actuales, según sociedades y territorios) las prostituas debían de ser el escalón más despreciado de la sociedad, y el ejemplo era válido. El problema es saber qué Reino mítico se nos ofrece y qué Reino real es posible conquistar. En el empeño han perecido creyentes y ateos, cristianos sinceros y comunistas honestos. Y de momento, lo que se ve es el trinunfo del Reino del Mercado (y su Gran Hermano paralelo) ¿O no? Uf, demasiadas honduras, compañero. Pero tranquilos, no pasa nada, nada que no tenga que pasar, vamos.

    ResponderEliminar
  6. yo creo que ésta fotofrafía de lo que verdaderamente trata es de la soledad, pero no sólo de éstos personajes, sino de todo el género humano, en un mundo(valga la redundancia)deshumanizado, donde sí, habrá muchos progresos a nivel tecnológico, pero a nivel social lleva un retraso de 40 años o más. Tenemos más cosas, pero no por ello somos más felices, justamente soy de la opinión que de todo lo contrario.Parece que vivimos en un mundo hecho por y para el trabajo, todo gira alrededor de ello, y el stress y todo su séquito de enfermedades relacionadas con él están detrás. Siempre que ve las encuestas, al parecer los más felices son los que menos tienen, paradójicamente. Tú ves a un niño boliviano y es feliz con nada...
    Y luego, al que se desvía del sistema o queda relegado por él, no le queda más remedio que convivir en la más absoluta de las miserias en la mayoria de los casos, que creo que es lo que se muestra en esta fotografía.Veo a un hombre triste que necesita de afecto imperiosamente, que necesita sentirse amado y acariciado, y a una profesional del amor(o eso es lo que parece), pues en muchos casos eso es lo que son, repartiendo parte de él, y no necesariamente pienso que tiene que ser de mentira este amor, pues nadie se le ha preguntado la razón por la cuál se dedica a esto, si le gusta, etc.Creo que se le da demasiada importancia a la moralidad y se dejan a los sentimientos guardados en un cajón bajo llave. Veo que todas las religiones, etc, predican el amor, pero hacen la guerra. No veo que el sexo y el amor hagan daño a alguien(sean de la condición que sean),siempre que sea de mutuo acuerdo entre las dos partes o las que sean, y, en cambio, nos empeñamos en censurarlo y reprimirlo en una actitus hipócrita, solamente de cara al exterior, pues en el cobijo del hogar a saber cómo es en realidad cada uno...ya lo decían en moulin rouge:"lo más maravilloso que te puede suceder es que ames y seas correspondido".Me gustaría que esas mentalidades destructivistas cambiaran, pero creo que nunca lo harán, para qué engañarnos, y realmente es una pena.

    ResponderEliminar
  7. Laura, bienvenido tu comentario. No podría decir nada más. Tu opinión es total y completa. Analiza, mantiene posiciones, valora en su justos términos lo que sugiere la fotografía, son acertados los comentarios sobre la problemática social en general. Sólo matizaría lo de que vivimos en función del trabajo, y es verdad, no te quito razón. Pero más que en torno al trabajo vivimos en función del negocio (business is business): la obsesión por generar beneficios, que no sólo alcanza a los empresarios sino que los mismos empleados queremos ganar a veces de manera obsesiva y compulsivamente, con lo que el trabajo siempre resulta alienación por partida doble: porque vendemos nuestra capacidad y fuerza de trabajo -en eso ¿nos diferenciamos de las prostitutas?-
    y porque acabamos odiando el mismo ejercicio o actividad laboral.

    No dudes en seguir haciendo comentarios tan sabrosos como éste que has colgado en mi blog.

    Muchas gracias.

    ResponderEliminar
  8. Ah, y las mentalidades destructivistas que tú llamas van ligadas a la falsa moral o moral de los hipócritas. Muy propio de las religiones y de las ideologías totalitarias de toda laya. No, no desaparecerán nunca, estoy de acuerdo contigo. Pero a esas mentalidades hay que oponer otras que razonen, que generen espacios de libertad, que fomenten la convivencia. Me gusta tu visión sobre la pareja de la fotografía, que si es lo que nos imaginamos pues es obvio que se acerca a través de un trueque, pero la escena deja clara la condición humana. Me pregunto: ¿es menos digno eso que la relación laboral cotidiana de millones de trabajadores, sólo porque ésta está moralmente admitida? ¿O aquello que haya en la intimidad del hogar como tú dices, donde muchas veces el chantaje, la incomprensión y el desgarro de la falta de diálogo genera violencia latente? Uf...habría tanto que decir sobre el tema y su comprensión ética. Gracias una vez más por comentar.

    ResponderEliminar