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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 17 de julio de 2007

Descendimiento


Si desciendes, arrastras tras de ti el aire. La densidad se abre bajo tus pies. No acabas de pisar la materialidad. No vislumbras un suelo donde aposentarte. Envuelves en gasa tu energía. La misma que te hace caminar sobre el viento. Un paso de baile sobre la nada. Las vetas de mármol hacen aguas mientras dibujan tu caída. Tanta claridad irrumpe en diagonal sobre las zonas obscuras del territorio que estás a punto de invadir. Nunca unos pies se mostraron tan hermosos sino al ejecutar ese movimiento. Ese punto decidido que transforma lo endeble en base. Una disputa donde la liviandad no quiere abandonarse del todo. Puede ser el vestido lo que contiene el aterrizaje. Pueden ser las nubes que desatan una ligereza que antes no pudiste comprobar. Mientras tu viaje por los cielos ahuyentó la ansiedad que te alejó de la tierra. No se vive sólo de la contemplación, como si el objeto de la visión resultara ajeno. No se vive mejor por rehuir la medida que toca y transforma las asperezas de lo cotidiano. Tu bajada traza una descripción bella precisamente porque se aproxima nuevamente al origen. Estás cerrando un círculo que creció en un horizonte antiguo y esperanzador, donde buscar era una curiosidad primero, una exigencia después, una obsesión mucho más tarde. El punto de partida te recibe, sin que tú lo reconozcas. No es el mismo. Nunca nada permanece sino en la memoria que arrastramos. Las magnitudes de los años de aprendizaje se minimizan en la vida física. Sólo la memoria las mantiene intocadas, capaces de hacer percibir lo experimentado en los rincones más lejanos de nuestro tiempo. Vas descendiendo, atravesando las fronteras del claroscuro. Donde mejor te vas a sentir. Donde tus pies recibirán el beso de los elementos. Se mojarán y se encogerán de frío, se resecarán y se dilatarán por el sol. Unas caricias para que te compruebes netamente humana. Y si no te encuentras, sabes muy bien que tus pies está hechos de la materia más especial para reemprender el vuelo.


(John Wimberley fotografía al ángel en descenso)

2 comentarios:

  1. Amigo Fackel, hola de nuevo. Si es fotografía, tal parece un lienzo, aunque el blanco y negro lo resitúa. Hay descensos que no son tan suaves. ¿O la ligereza es sólo un engaño que uno se hace a sí mismo? Sugerente tu post. Saludos.

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  2. Bienvenido de nuevo, Alex. La ligereza existe. Porque el hecho de que la gravedad sea más contundente y con frecuencia más onerosa, ¿supone que es más real? La cuestión es que hay descensos que parece que nunca aterrizan y no tocan suelo. Pero es parte de la condición humana (otros dirán que según para qué negocios, ja)Un abrazo.

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