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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 11 de junio de 2007

Lo incombustible


La memoria es incombustible. Si huele a rancia humedad al pasar junto a los viejos portales de su barrio, se ve camino de la escuela. Si escucha el aguacero al otro lado de la ventana, pega su mirada al cristal, como un día lo hiciera. Si le espanta el ruido de los hombres acechando imprudencias, corre a refugiarse bajo la higuera. Si la sed azota el paladar de sus ansias, baja al patio a izar la soga del fondo del pozo. Si le acosan las tardes cálidas del ocio, se recoge en un rincón de su cuarto y no se mueve. Si la noche destempla la rendida entrega al sueño, acusa una agitación que araña sus extremidades. Si el pensamiento sobre el último capítulo leído se encona, y el argumento se vierte, y la historia se bifurca, toma un lápiz y apunta dos o tres líneas en su libreta gris. Si siente enervarse el músculo del deseo entre sus piernas, atrapa un cuerpo en el aire y gime rasgando las sábanas. Si oye los pasos de su padre, los cuenta. Si el bramido de un trueno sucesivo y vertical le sobresalta, enciende una vela. Una música lejana y patriótica que va incorporándose a su auditorio anticipa el último parte de noticias. Bajo la puerta se filtra un aroma a sopa, la densidad del agua. Si pasa la mano inadvertidamente por una rugosidad delicada, siente entre sus manos las medias de su madre. La memoria también está constituida por las sensaciones de hoy. Un largo puente. El pasado fue textura y sonidos y fragancias y escalofríos. También risas. También silencios. También dolor. La mandíbula tensada pudo desfigurar su sonrisa. Y es entonces cuando los versos de Cernuda rasgan la negra melancolía, domesticándola...

Cuando tiempo y distancia
Engañan los recuerdos,
¿Quién lo ignora?, es amargo
Volver. Porque interpuesto

Algo está entre los ojos
Y la imagen primera,
Mudando duramente
Amor en extrañeza.


(Acompañando una fotografía de Doisneau)

3 comentarios:

  1. La memoria incombustible nutre de alguna manera nuestro presente. Nos permite comparar, recabar, hacernos valer, reconsiderar nuestras experiencias, cuestionar nuestros comportamientos...Avanzamos según vivimos y lo hacemos viviendo paralelamente con nuestro pasado. El futuro es deseable, pero siempre se trata de una incógnita (curioso: también el pasado nos lega muchas incógnitas, pero nos da pistas) Saludos y gracias por las reflexiones irónicas.

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  2. El pasado nos lega muchas incógnitas, pero nos da pistas. ¿Y cuando hay un dejá vu y el pasado vuelve de repente? Un nombre, una fotografía, un/a ex- que se cruza en nuestro camino. Parece que se traza de repente una línea lógica que une dos puntos. Algunos hablan de un diseño en espiral de todo progreso(retorno, pero en distinto plano). Otros de asignatura pendiente. En todo caso, se produce un salto en el tiempo y el pasado salta a la cubierta de nuestra nave en ruta, como un pesado pez espada. Y entonces el paasado usurpa el lugar del presente, sea como pregunta, sea como señal (mientras absortos nos quedamos mirando a ese pez). En tales momentos parece que la vida tiene forma de cola de pescado o de inverosimil moño de Kim Novak.

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  3. Comparto vuestras sugerencias, más que aseveraciones. Claro que las pistas del pasado no siempre, ni mucho menos, nos dan la clave de las cosas, Alex. Me gusta esa idea de que hay tiempos paralelos de alguna manera y que nunca hemos abandonado el pasado del todo.

    Y es verdad, Francisco, a veces algunas obviedades, algo que parecía ya sabido y comprobado, pero alejado, retorna. Si son fotos, adquieren nueva dimensión. Si personas que reaparecen, arriesgamos descubrimientos imprevistos. No tengo claro si la geometría existe en la mezcla de evivencias y emociones, sometidas a la propia evolución de cada individuo. O si lo de las espirales y los bucles son más bien metáforas. Pero no me cabe duda que todo lo que tratamos de realizar alguna vez y no logramos llegar a buen puerto pervive como obsesión, manía persecutoria o simple idea acompañante en nuestra mente. ¿Asignaturas pendientes tal vez? Tu símil del pez espada me deslumbra: cierto, en ocasiones el pasado asalta la nave y nos hipnotiza. La cuestión es: si no podemos ya tomar las riendas de lo inexistente, ¿quién nos impide intentar nuevas pruebas en la nevegación, dirigir la nave hacia nuevos territorios, afirmarnos como marinos siempre insaciables? (Ah, tal vez el tiempo aplicado, es decir, la edad. Pero mientras...)

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