La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.



martes, enero 31, 2012

treinta y uno de enero



clavados en mí; brillantes, inmóviles, próximos, así he visto vuestros ojos durante esta noche; de niños corríamos ante vuestra mirada; nos atraía la leyenda que os rodeaba de misterio; nos espantaba vuestro grito; dueñas de la noche, fuertes en la aparente inacción, expectantes, protectoras; presencia de atracción y de repulsión; ¿qué hemos hecho los hombres de vosotras?; un símbolo, os hemos encerrado a las lechuzas en una señal paralizante; mientras os convertimos en un significado abstracto dejáis de influir en lo concreto; os utilizamos para explicar nuestros actos o nuestros sueños o nuestras deficiencias; para unas culturas representáis la muerte, para otras la sabiduría; para unos el vuelo de la razón, para otros la noche oscura; ¿cómo entenderlo?; ¿se entienden los hombres?; hemos acoplado a las especies a nuestra necesidad justificante; sois víctimas de nuestros temores, no de nuestro poder; esta noche he mantenido el pulso con la incontenible atracción de vuestras pupilas; he pensado en lo que yo tengo de vosotras y lo ignoraba; cuestión de territorios, acaso; hipnosis cómplice 



(Imagen fotográfica de Jorge molder)


4 comentarios:

  1. La atención al sentido simbólico de los animales para la comprensión del vivir humano, ha oscilado entre esos puntos que apuntas: la experiencia mística u onírica, tan cercana a la imagen del cuento, y la conversión en alegorías vacías, definibles por un mero diccionario. Entre ambas posiciones conceptuales (la abismal y la mecánica), nos queda - también muy castigada - la posibilidad del símbolo en sentido riguroso y fluido, la explicación de la vida humana desde la altura superior del universo animal.

    Apéndice: Un chiste con buhos. Un tipo, deseoso de tener un ave que sepa hablar o imitar la voz humana pero carente de recursos para comprar un loro, termina por adquirir un búho. Pasados los meses sus amigos le interrogan por los avances del ave en esta ( a priori) imposible tarea. El tipo contesta: "no, el búho aún no habla; pero se fija mucho, está muy atento".

    Quizás el trabajo espiritual del animal, la zoolatría que nos ocupa, nos debe llevar a asumir que los signos del animal van a sernos ininteligibles pero que su vigilancia, su presencia como "contraste" o "criterio" de evaluación siempre estará ahí.

    Un saludo

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  2. L. Se agradece el chiste, de verdad. Pero es digno de analizar cómo los humanos atraemos todo, la naturaleza vegetal o las montañas y los valles o los animales para adecuarlo no sólo a nuestras necesidades productivas, sino para readaptarlas simbólicamente a nosotros. Es como si dijéramos: que toda la naturaleza sepa quién es el dueño y señor del universo. Estúpida y flagrante conclusión que ha dado lugar a muchos desastres conceptuales, luego físicos. Así, dotamos a los animales de antropomorfismo por una parte y los convertimos en símbolo de nuestras aspiraciones, temores, pasiones, etc. por otro.

    Es cierto que se da esa oscilación que planteas, pero el proceso es sumamente complejo. No obstante la dimensión del símbolo, siempre me pregunto qué hay de justificación y conjuro por los humanos de aquello que nos aterra, por ejemplo, y qué de fe en el simbolismo en sí. Ni siquiera las religiones, que tanto han cultivado los símbolos (no solo ellas) los mantienen en su pureza.

    Esa última frase...la explicación de la vida humana desde la altura superior del universo animal...no la capto del todo.

    Un abrazo.

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  3. Supongo que la orbitación de toda realidad - física, mental... - al orden simbólico es tasa que debe pagarse siempre en las transacciones que la mente (o el alma o el espíritu y, si me permites, hasta el cuerpo) debe pagar. Citando al clásico (Cassirer) podríamos decir que entre el sistema receptor y efector, el ser que nos habita exige siempre la presencia del simbolo. Desde luego, la escritura - sobre todo la poesía - puede forzar la máquina simbólica para tratar de alcanzar otra cosa, otro tipo de relación, disminuyendo el poder que segrega el símbolo (sin negarlo), debilitando o enamorando la palabra de sus referentes. Y ahí se acerca al célebre silencio.

    Sin embargo, podemos tratar con esta tara de diversos modos. Y en el caso del animal (tan próximo al del dios) esta posibilidad se puede percibir más claramente. Cabe la conversión de la bestia en simple alegoría muerta, provocando la univocidad del que dice que un león signa la fuerza o el valor y un perro la fidelidad. Así lo vemos en muchas interpretaciones de obras plásticas "al modo escolar". No obstante podemos colocar el animal (o el vegetal, v.g. el bosque del que narraba en mi blog hace unas semanas) en un orden jeráquico superior(o inferior), ubicarlo en un espacio no unívoco ni mecánico, otro, alejándolo del diccionario de las alegorías. El animal no es así nada más que su silencio y las formas diversas y no mensurables que muestra en nuestros encuentros (¿devotos?) con él, formas básicas (como lo son el círculo o el fractal en geometría pero en un espacio de calor, rasguño, desgarramiento, sudor...). Esas formas básicas de las cosas (el animal aquí)son fluyentes pero nosotros podemos anclar a ellas nuestros símbolos, nuestras frases y versos, nuestros dictámenes o summas, para que ellos las revoquen - vía destructora o vía amorosa- y nos exijan más. Ver un pájaro en su rama o la cópula de dos rinocerontes pueden ser instancias críticas de nuestras ideas de estar en el mundo, escuchar y ver, amar y sociabilizar....

    No es novedosa lección y podríamos sin más acudir a las percepciones de los seres en el orden de las creaciones totémicas etc. Claro que nosotros estamos en otra guerra del lenguaje - más allá del totem, en la postmodernidad que balbucea resabiada).

    Saludos de la tortuga bicéfala que me habita, me domina y ríe de mis complicadas combinaciones de signos .

    L

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  4. Se puede concluir, L, que el símbolo es un gran invento humano. ¿Se hace buen usoo o perjudicial del mismo? Se usa con un fin determinado, y cualquier uso nunca es a gusto de todos. Puede servir de exaltación, de exorcismo, de caracterización, de persecución...En su esencia ¿lleva también la fatalidad o la consecución de su aplicación? Probablemente. Todo lo humano tiene larga mano, y aveces se retrotrae. El lenguaje -ya sea gráfico, plástico, verbal, escritura, etc.- es simbolismo complejo, pero simbolismo. Probablemente esta capacidad evolucionó con el Sapiens y ahí el Neandertal apenas lo rozó. Aunque los descubrimientos continuos pueden ir mostrándonos sorpresa y lo que ayer era blanco hoy es menos blanco o negro. No importa.

    Con tu explicación algo más te he entendido. Obviamente concluyo que los humanos re-adaptamos para nuestros fines cualquiera de los "reinos" naturales y les concedemos los sentidos y significados más acá de su sublime existencia.

    Por cierto, nuna he tenido claro lo de postmodernidad, me suena a término frágil y concepto oscuro. No estamos tan resabiados, creo más bien que los tiempos presentes, con el avance de ciencias jóvenes -antropología, arqueología moderna, etología, biologías varias, etc.- nos proporcionarán nuevas visiones, replanteamientos conceptuales y si tenemos buena intención, ubicaremos las cosas en su sitio.

    La filosofía del futuro no tendrá mucho que ver con la del pasado, pero acaso sea el reflejo de una interpretación más acorde y menos especulativa, ¿no crees?

    Temas largos, no nos agotemos en ello. Y tú pareces un profesional (gracias por enseñarme caminos)

    Un abrazo.

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