martes, 31 de julio de 2012

El arte transgresor




cada color es una lanza
cada línea sortea una adversidad
cada volumen plasma una certeza
cada mirada os recrea a su vez

solo falta soplar sobre la imagen
recién terminada

para marginar la angustia de la muerte


Los otros





entre la sombra y el silencio
arde el instinto

quien duda pierde
jamás hubo paraíso ni armonía

lo primario es poderoso
dos cerebros se enfrentan
para asegurar sus vidas

ese curso incesante


lunes, 30 de julio de 2012

Hábitat




estancia de los días y las noches
que os acoge como huéspedes inesperados

los inviernos os privan de estrellas
y todo es tan inhóspito:

¿de dónde procede vuestra fortaleza?
¿qué otros animales saben sobrevivir como vosotros?

no os basta adaptaros:
modificáis pausadamente cada elemento
para entregaros obcecadamente al riesgo y a la suerte
             ¿o es lo mismo?

nada tenéis que perder
y es vuestro aliento irreductible
el que os lleva de una búsqueda a otra

desde el hábitat
calculáis las posiciones de las bestias
por sus sonidos espectrales:
¿conjuráis sus rugidos
con divertidas onomatopeyas y muecas?

(tal vez fue la imitación
             antes que el balbuceo)

domingo, 29 de julio de 2012

El útil



no es el sílex
es el tacto
el que traza aristas

los filos
asoman como el primer arte:
el de la necesidad

hay marcas de los dedos más rudos
y huellas de unos labios
que gotean sudor

y un único pensamiento:
la perfección de la obra

la llamada de la supervivencia




viernes, 27 de julio de 2012

El fuego




surgía voraz
cuando el cielo negaba de improviso
el día

los ojos de los hombres contemplaban
entre atónitos y agudos
las llanuras o las crestas de los montes

           si pudiéramos hacerlo
debieron anhelar sobre sus manos hábiles
escuchando una voz interior
que aún no era voz

(fue el deseo
           antes que las sílabas)


jueves, 26 de julio de 2012

Paleolítico




antes de que tú nacieras
las manos del agua
labraron con terca lentitud
los vínculos

todos tus antecesores
convergen en ese signo

hoy circundas con el amuleto tu cuello
de gacela
para adorar al sol

(fue el gesto
         antes que la palabra)



miércoles, 25 de julio de 2012

El guijarro






llegó hasta mis pies
esférico y táctil
como si la sal y la espuma
me hubieran elegido

la espuma y la sal

porteadores milenarios
de todas las voces
desprendidas




(Imagen de pintura mural)

lunes, 23 de julio de 2012

La muerte del poeta






...y él sabe que no puede dejar de hacerlo, mal que bien; que no puede parar ahora, menos ahora, en que no le permiten elegir dentro de la masa oscura del agobio; sabe que acaso no llegue a destino alguno, ni le preocupa excesivamente; sabe que puede que no dé con las mejores manera de expresarse, y que no logre desentrañar los elementos ocultos de los sentimientos y de las aspiraciones de los hombres; porque no es fácil comprender la dinámica, ese entrelazamiento de miradas y voces y miedos y parálisis que suele embargar a los hombres; no es cómodo preguntar sabiendo que no van a obtenerse respuestas directas, porque nadie las tiene, porque las respuestas están en el mineral que hay que seguir trabajando para aprovechar su mena; no sabe estar si no es discurriendo, es decir, jugando una partida en desventaja con las sugerencias y los motivos que bullen en su mente cansada; solo espera que de vez en cuando coja al adversario por sorpresa y le arranque una ficha que le deje continuar; vivir en esa excitación nutriente en que lo que lee y lo que supone se mixtifican le vuelve desordenado; ¿para qué y sobre qué el orden?; ¿qué necesidad tienen desde fuera de exigirle un orden sobre el cual él va a simular acatamiento?; allí no; entre su cerebro y sus dedos hay un hilo de complicidad que dibuja otro territorio; en ese espacio el pulso con el caos pone en cuestión su vigor; pero no tiene que justificarse; ¿y si le pilla la muerte como al poeta en su sitio natural?; ¿hay muerte más hermosa que la de quien reta a la muerte con el ejercicio de la palabra escrita? Dice M P Shiel en La nube púrpura:


“…Era la casa del poeta Machen, cuyo nombre recordé nada más verlo; se había casado con una joven de dieciocho años, muy guapa, indudablemente española, que estaba tendida en la cama, en el dormitorio amplio y luminoso que había a la derecha del pórtico. Junto al pecho izquierdo tenía un niño pequeño, con un chupete en la boca, y tanto la madre como el niño estaban perfectamente conservados, ella todavía hermosa, la frente blanca bajo dos bandas de pelo negrísimo. El poeta, sin embargo, no había muerto con ellos; estaba en el cuarto de al lado, con una chaqueta suelta, de seda gris, sentado a su mesa…escribiendo un poema. Y, por lo que pude ver, escribiendo como loco, rodeado de cuartillas, a las tres de la mañana, la hora en que, como yo sabía, la nube había cubierto esa punta de Cornualles, y lo había hecho pararse, y dejar reposar la cabeza en la mesa; y a la joven esposa le habría entrado el sueño mientras esperaba que llegara la nube, porque llevaría varias noches sin dormir, y se habría ido a la cama, y él habría prometido seguirla para morir con ella, pero empeñado en terminar su poema, habría seguido escribiendo febrilmente, en una carrera contra la nube, pensando seguramente, sólo un par de estrofas más, hasta que llegó la nube y le hizo apoyar la cabeza encima de la mesa; y no creo haber encontrado nunca algo que hiciera tanto honor a mi raza como ese Machen y su carrera contra la nube: porque ya no hay duda de que los mejores de entre esos hombres llamados poetas no escribían para complacer a las tribus inferiores y oscuras que acaso pudieran leerlos, sino para liberarse de ese fuego divino que ardía en su pecho, y aunque todos los lectores hubiesen muerto, ellos aún habrían seguido escribiendo puesto que, si lo hacían, era para que los leyese Dios.”


domingo, 22 de julio de 2012

Supervivencia





aquella piel sobrevivió
a los hombres

y mi cuerpo
se alimentó cual litófago
hendiendo la primera verdad:

lo elemental


sábado, 21 de julio de 2012

Crecimiento




en aquella extensión
donde la humedad revelaba
sus secretos

mis manos
se sintieron crecer

y hablaron la lengua evanescente del rocío
y el origen arcano y vertical
las supo suyas

al disolverse




jueves, 19 de julio de 2012

Sobre el fin del mundo y el azar: La nube púrpura, de M.P. Shiel







Lees una novela sobre el fin del mundo y no te espanta. La idea es demasiado convincente y el argumento te embarga desde el primer instante de tal modo que te conviertes en el protagonista. De esa forma y sin saber qué te espera sobrevives junto con el superviviente desde la primera situación de perplejidad que vive éste. Eso es lo que te gusta de la lectura o, mejor dicho, del libro que entra en ti. Entonces es cuando te parece baladí si esa novela pertenece al género de anticipación o al negro o al histórico. Nunca te gustaron estas clasificaciones, pero editores y críticos que viven para los editores -de libros o de periódicos- mantienen su canon de géneros. Sabes que las fronteras de los géneros son débiles, difusas, inconsistentes, por eso hace mucho que no lees condicionado por estereotipos. O es buena la obra y merece la pena o lo demás te da igual. Lo diré con más exactitud subjetiva: o te llega o no, y cualquier otro apellido lo ignoras.

Hay algo que te enajena en este texto recién terminado de leer (inmediatamente te dices: algunas cosas habrá que releerlas) y es la variedad de elementos y de claves que encuentras en él. Estás caldeado todavía por el relato, aún no has salido del todo de él y solo quieres comunicar tu euforia en estas líneas. Cuidado, hay una nube que no solo es la nube protagónica, es la del estilo del autor. Una corriente irónica, con ese humor de inglés solapado pero latente, con una composición irónica y absurda que casi no se percibe como tal, pero nada chirriante, con la que efectúa su despliegue inductivo y envuelve al lector. Y acabas siendo atrapado más por este procedimiento que por el argumento en sí, que también te tensa y te pide conocer su desarrollo.

Has leído libros en los que la linealidad y la lógica del argumento se superponen, es central. Nunca te parece suficiente, si bien puede ser interesante y rico. Pero sobre todo es la propiedad con que te conduce el narrador lo que te absorbe. Has estado unos días en el fin del mundo. Donde si eres el superviviente -en este caso una especie de fenómeno, de hombre curtido, hábil y con una capacidad de reactivar los medios materiales frente a la catástrofe, ¿o estamos ante un demiurgo, un hercúleo humanoide?- se te brinda el mundo que queda y como queda a tus pies. Todo tiene que retomarse de nuevo, tras la aniquilación. Frente a otros planteamientos en que los sueños parecen realidades, aquí tienes la percepción de que la realidad es un sueño que se sucede a sí mismo, sin límite. El fin del resto de los humanos no ha sido tu fin -¿por qué el protagonista, tú, se ha salvado?- , y como descubres en la novela, puedes temer como el protagonista que tu supervivencia sea el principio de todo de nuevo y corres a apartarte de esa idea.

El asombro inicial del robinsón accidental le conduce a la indagación y posteriormente a la aceptación, sin que se venga abajo. Una soledad en la que se crece. Donde los obstáculos se superan, acaso porque soledad no significa abandono ni desamparo de uno mismo; incluso puede tener una gran dosis de comodidad, como vive Adam el superviviente. ¿Es el azar, el accidente, lo que le convierte en ese personaje? La escucha de un destino personal late en las primeras páginas: un hombre desdoblado en su personalidad (¿no lo somos todos? ¿ no somos incluso multipolares, si se me permite el término?) condicionado por sus voces interiores, aquellas que le obligan siempre a elegir, y la que elige le conduce a otra situación, a otra novedad y a la postre a su salvación. Pero ¿hay salvación en el desierto del mundo? ¿La catástrofe es un castigo o una purificación de alto precio? Si el lector no lee linealmente, ya que la metáfora que se multiplica en metáforas, podrá concluir que sí. Que el desierto está en nosotros y en derredor. Que si queremos no perecer debemos articular recursos e ingeniar situaciones, quehaceres, en definitiva: crear, y nunca renunciar. ¿Y si el mismo azar que está ahí, al lado y en nosotros, nos depara lo impensable, lo más inesperado de todo, aunque siempre estés como el protagonista con la mosca tras la oreja, otra vida superviviente cuando creíamos que éramos nosotros solos, uno solo, sobre esta tierra? Pero…hay mensaje ideológico en el autor, de índole moral y con difusa y discutible propuesta.

No, no quiero entrar en descripciones concretas, hay demasiada atracción magnética en una novela con pasos diferentes como para desvelar datos y escenas. Hay más interpretaciones, más significados, más extensiones; no soy partidario de poner en aviso al lector que aún no ha tocado la obra. Me horrorizaría, estaría haciendo de aprendiz de brujo versión critiquillo literario (no me sé ni me reconocería como tal), si entrara en tramas y anticipos. ¿Novela de aventuras como algún comentarista opina? ¿O metáfora de la aventura del vivir, entre el azar y la necesidad? El Yo en el centro, la dovela clave en el arco de la vida que uno tiene que vivir para sí. Al fin y al cabo, uno piensa como el protagonista: …porque creí, y sigo creyendo, que está en curso una amplia reestructuración de la superficie de la tierra, y en medio de toda esa tragedia, ¿qué papel me va a tocar a ?




“La nube púrpura”, de M.P. Shiel, está en la editorial Reino de Redonda, 2005. / La primera fotografía está extraída de http://joachimmalikverlag.blogspot.com/





miércoles, 18 de julio de 2012

Extensión






y si una brisa
me habla
y me hace saber
y yo entonces siento

acaso la salvación
muestre los rasgos de su rostro
fértil


martes, 17 de julio de 2012

Los apestados





los apestados se miran unos a otros con desdén; se separan, se observan con asco, se taponan la nariz, vuelven a agruparse; los apestados se consideran, no sin dudas y equívocos, de la misma causa, no obstante se crea diferente cada uno de ellos respecto del otro; los apestados viven desdoblados en extrañas personalidades, y en algunas de ellas ya no se reconocen; proceden de algún origen, pero no recuerdan cuál; tienen vagas imágenes a las que algunos denominan memoria, sin que puedan desarrollar una interpretación de la misma; sienten necesidades elementales que cubren con ímprobos esfuerzos, pero se sienten zaheridos por una profunda llamada que les convoca para una vida superior; pero ellos son unos apestados; los que lo saben con claridad dudan entre reaccionar o asumir su condición hasta la muerte; los que lo desconocen visten y se revisten como si la enfermedad no fuera con ellos; se comportan como sanos, se desplazan con ostentación, confían en su aparente seguridad, hasta que un día uno quiebra, al otro día lo hacen otros dos o tres, y pasan así a formar parte del grueso de los apestados; los apestados vagan desconcertados, ora buscando quien les sugiera el camino a seguir, ora corcomiéndose por la mala elección efectuada en su día y en su vida, ora ofreciéndose una vez más al mejor postor como si éste no supiera el estado de la naturaleza de cada uno; los apestados se asombran de que a ellos les pueda estar pasando esto, pero en esa condición del asombro hay algo menos enajenante que hace que se pregunten: qué nos ha pasado, por qué llegamos donde hemos llegado, cómo no nos dimos cuenta antes; balbucean, más que hablan; construyen sintaxis confusas, más que analizan; se temen entre sí, pero se necesitan; y en la percepción de esas contradicciones hay algo convulso; si lo convulso prospera puede haber también una cierta redención; algunos apestados se conforman con sobrellevar a cualquier precio su situación; otros esperan que les venga la salvación por arte de vobilis vobis; algunos más disconformes plantean que solo desde sí mismos se pueden elevar; los apestados se extienden por los confines de la tierra y dialogan con los insectos recabando de ellos sabiduría




(Ilustración de Camino Roque, http://caminoroquetaller.blogspot.com.es/ )

domingo, 15 de julio de 2012

Escuchando a Gerard Mortier




No me cabe duda alguna de que debemos recuperar la práctica de escuchar a los de fuera. Sobre todo a los extranjeros cultos. Si leemos relatos de los viajeros de los siglos XVIII y XIX, principalmente, y también del XX (aunque en este siglo muchos que llegaron de fuera estuvieron marcados por otras circunstancias) obtendremos una visión acertada, un ojo clínico y crítico enorme, sobre la manera de ser y comportarse los españoles. Además que se disfruta de lo lindo con las narraciones sobre los vicios y costumbres de nuestros paisanos de atrás.

Por eso me ha interesado mucho una entrevista que viene hoy en El País a Gerard Mortier que, desde 2010, es director artístico del teatro Real de Madrid. Y hay una respuesta clave (hay más y muy interesantes también) por la que he sentido refrendado mi criterio sobre ciertas cosas y no sé si asustarme por ello más, o simplemente aceptar la bondad del entrevistado por hablar sin pelos en la lengua:

P. ¿Qué más cosas ha descubierto aquí?

R. Algo que me da miedo confesar: que aquí la democracia es muy frágil.

P. ¿Y eso por qué?

R. Les falta una cultura del diálogo y del entendimiento. La vida, la creatividad, existen porque siempre hubo concepciones diversas. La música evolucionó porque tuvimos el sistema modal, luego el tonal, luego Schönberg inventó el dodecafonismo. Echo eso de menos en España.

Atentos pues a lo que nos diga la gente que no es cómplice con el gran negocio en marcha en Europa y a los acontecimientos que se sucedan. He ahí cómo Mortier da en la diana: vincula Democracia con el desarrollo de la convivencia y de la cultura. Hablar, tolerarse, indagar, aceptar ideas y proyectos, intercambiarlos, vale de tal manera para la vida cotidiana que fomenta creatividad, imaginación y propuestas variadas y enriquecedoras. Es decir, proporciona futuro. Lo plural se impone y triunfa. Reducir la cultura al localismo de sainete y a las resistencias de la vagancia solo nos remite al pasado pobre y cochambroso.


 http://cultura.elpais.com/cultura/2012/07/14/actualidad/1342290171_104889.html

sábado, 14 de julio de 2012

Enigma





A veces quieres huir y no sabes huir:

pretendes correr y los pies no se asientan
porque el suelo se te ha negado

tratas de sujetar con las manos
húmedas de ansiedad
las ráfagas con que se manifiesta generoso el aire
cuando pasa a tu lado para que lo tomes
y lo pierdes también

a veces recurres a soñar:

ah ese fiel consuelo que crees que no te fallará
mas el sueño poco puede cuando te miran los ojos
más aviesos y prendidos de la noche:

los que invaden las abandonadas corrientes que vocalizan
tu cuerpo
para dejarlo mudo

sin voluntad
sin espacio
sin fantasías

¿cómo eres capaz todavía de preservar
el rostro más puro del deseo
frente a los elementos que cercan tu último reducto?




miércoles, 11 de julio de 2012

Los bárbaros estaban aquí






Los bárbaros estaban entre nosotros. ¿Le cabía duda a alguien? Sí, hay muchos paisanos que siguen cegados y encenegados y solo votan a los ciegos y a los de la ciénaga. Ahora los de la ciénaga se muestran abiertamente como lo que son y fueron siempre: depredadores históricos. Los herederos del atraso más ancestral, los de la regresión del siglo XIX, los del retroceso del siglo XX. Los que usaron la fuerza e impulsaron el derramamiento de sangre cuando les convino. Los que consideran el país su predio favorito y convirtieron España en cementerio durante cuarenta años. Los que fomentaron un modelo económico y financiero basado en la burbuja inmobiliaria y en la corrupción política adscrita a ella. Ciertamente esos depredadores, que ahora gastan siglas que enturbian con su repetición una de las letras de nuestro alfabeto, no tienen el valor  -el que ellos reclamaron a los demás, el que nos exigen que tengamos ahora los ciudadanos de a pie para admitir sacrificios que van a generar violencia en nuestra carne-  de reconocer que son unos mandados. Unos correveidiles, unos entregados, unos hipócritas y unos mezquinos. Los que predicaban en el desierto de la falsedad durante las últimas décadas diciendo que España se iba a romper llegan ahora y rompen lo que de verdad importa: la convivencia colectiva, el afán de necesitarnos unos a otros, la honestidad, el sentido del Derecho y la conquista de la Democracia. Claro, que les importó siempre un pito la Democracia. No, no voy a preguntarme: ¿dónde ahora la voz y las declaraciones de la Iglesia oportunista a la que paga el Estado y sin embargo no paga los impuestos del Estado, los entes educativos de propiedad privada beneficiados y aprovechados del dinero público, la mendacidad de aquellos colegios profesionales que saltaban hace años cuando se pretendía que colaborasen un poco, las élites del mundo empresarial que echaban pulsos al Estado y a la ciudadanía con sus huelgas salvajes, en fin, todas esas castas que montaban huelgas y salían a la calle ignominiosamente cegados en su obsesión por el acoso y derribo políticos? No voy a preguntármelo porque son parte del entramado de la ciénaga. Pero ojo, porque quedan en entredicho junto a los porqueros y se pringan de la misma porqueriza. Esta marranería presente que dirige el país, elegida por la ley d'Hont, carece de personalidad propia y menos de reconocimiento de sus límites. ¿La ética? Mejor ni nombrársela; la ignoran y la desprecian, no obstante su cristiana vocación tecnocrática de la que presumen. No han hecho nada por sí mismos. Todo está llegando vía ordeno y sí o sí acatas desde instancias superiores. ¿De qué serán capaces hasta que logren sus objetivos? Porque el hundimiento social  -teóricamente se trata de una corrección económica profunda, pero lo va a ser social y constitucional, y no sé si son conscientes del mal que se avecina-  no ha hecho más que comenzar. Las lacras de los verdaderos poderes del Dinero las tenemos que pagar los más sencillos. Eso sí, tratarán de vender el burro como si fuera un caballo de carreras. Para mí están desacreditados nuestros gobernantes. No les reconozco y así se lo haré saber al vecino que les haya votado (¿o ese vecino callará ahora? porque ya conozco alguno que en noviembre dijo que les votó y ahora comenta que votó en blanco, tié cojó) Sólo me entenderé de ahora en adelante directamente con mis jefes de verdad, allende los Pirineos. Como es de costumbre histórica.




(Con permiso o sin permiso de LOWON  http://lowon.blogspot.com.es/ , aunque con cierta resistencia, cuelgo a ese colgao de la imagen. Espero me perdonéis quienes visitáis mi blog; sabéis que no tengo por costumbre reproducir imágenes de personajes de tal ralea)



Y mientras el presidente del Gobierno del Partido Popular anunciaba sus medidas duras en el Congreso de los Diputados, aplicaba la fuerza bruta contra los mineros en el Paseo de la Castellana de Madrid. Lo de siempre, las dos Españas...






lunes, 9 de julio de 2012

homenaje a la vida (que fue), dos






¿Hay algo más desgarrador que la muerte de Roshna Khalid, veintidós años? Un gorrión más. Los halcones de la ley religiosa no pueden soportar el amor libre. O que se les desobedezca. Y sobre todo que la mujer decida sobre su libre capacidad de amor y disponibilidad de su cuerpo. Ocurrió hace unos días en Afganistán. Fusilada, acusada de adulterio. La ejecución fue jaleada por un corifeo de hombres envenenados. Si fue motivo de disputa tribal o castigo ejemplar para advertencia y rigor ideológicos es lo de menos (estaría bueno que pretendieran que se entendiera el acto bárbaro a través de su justificación)




(Imagen de Angele Etoundi Essamba, no tiene que ver con el crimen)

domingo, 8 de julio de 2012

homenaje a la vida (que fue)





¿Hay algo más desgarrador que encontrar de par de mañana, en un día de verano que se anuncia luminoso, un pájaro muerto?




miércoles, 4 de julio de 2012

Meshes of the Afternoon. Film de Maya Deren y Alexander Hamid




Una sombra es tan real como una flor es engañosa. Un caminar es lento como aparente el camino. Alguien nos precede. Una sombra hace de la flor otra sombra. Las escaleras conducen a una puerta.

La llave. Su caída como un goteo sobre los peldaños. Visión estremecida de las sandalias acogiendo unos pies. La mano hábil. La habitación es víctima de la mirada. Elemental mantel: isla de soledad de un bodegón. Un cuchillo siempre es un cuchillo: lo inquietante. ¿O es más alarmante un teléfono que yace descolgado?

No, lo es más la subida de unas escaleras hacia un destino incierto. Esos pies femeninos, felinos. El pick-up de la habitación vacía suena para nadie. El sillón floreado, ¿de dónde aquella flor que derivó en sombra? Abandono a la calima de la tarde. Un ojo que se cierra es un sueño que se abre. Ojo de buey: la curva de la senda acoge una figura negra. Giro, rostro sin rostro, la figura ha robado la flor ficticia. ¿Por qué corre la mujer detrás? ¿Por la flor, por la figura, por la sombra? Un caminar casi ostentoso y seguro va en cabeza; una carrera precipitada y difusa la persigue. ¿Por qué ésta no pilla nunca a aquélla?

De nuevo las escaleras. La mujer que se hace evidente. Inquietud y curiosidad. Búsqueda de un desciframiento. Otra vez el cuchillo: sobre los peldaños. Vuelo de la mujer sobre sus pies ligeros, escaleras arriba. Pausado refrenamiento. Atención a ese ascenso. Pura parsimonia. Visión de la caricia ejecutada por los pasos de unos pies calzados. ¿Cómo puedo yo, espectador, sentir su pálpito? Y la mano que se desprende ceremoniosa de la barandilla para empujar las cortinas, esa red de malla que conduce a un espacio nuevo. Por un instante, ¿no se muestran sino como aquellos velos antiguos que volvían invisible la corporeidad de la mujer?

El rostro de la mujer concita la extrañeza por los objetos. El cuchillo de nuevo, depositado en la cama: ¿qué ha rasgado, qué propone, a qué incita? Su rostro en el filo; reacciona con desdén y angustia. Sobre todo un horror contenido. La mujer es expulsada por la impresión. ¿Está decidiendo algo? ¿Se deja tentar por la desaprensión de sí misma? Oh, esa caída, danza única, ritual ejecutado en la soledad más dominadora. Catapultada al espacio, la mujer posee todos los espacios sin dejarse poseer por ninguno. Como el sueño produce dos mujeres. Como la mujer recreada observa a la que duerme. Las personalidades se palpan, se multiplican.

La sombra de la discordia, la inalcanzable, la figura negra, la mujer sin rostro, ¿no será acaso la tercera mujer que la mujer lleva dentro? ¿O se trata de una mensajera? Perseguirla, ¿no es una conmoción? El suelo es movedizo, las escaleras infinitas, el cuerpo se agota. Toda la densa agitación de la duda desplaza la firmeza de la mujer. No hay modo de alcanzar la sombra siniestra. El rostro de la mujer de negro es un espejo. La mujer no ve en ese espejo más que los vacíos que pueblan su vida. Lo entiende y su rostro es la decepción. La extrañeza, el desconcierto, el desequilibrio. La flor, ¿es un cuchillo realmente? Lo suave y lo duro son el mismo objeto oculto, el que subyace bajo la forma.

¿De qué te sirve, mujer, perseguir la figura velada por enésima vez? ¿Encarnas la propia persecución de ti misma sin objetivo ni capacidad ni estímulo de supervivencia? Sí. Te reservas siempre el símbolo: la llave. Pero ¿dónde deseas que te lleve la estancia que abres una y otra vez para encontrarte lo mismo? Ah, claro, la llave, como antes la flor, también es el cuchillo. ¿Qué echa a suertes la mujer tridimensional, en torno a la mesa camilla? ¿La posibilidad de abrir y cerrar la vida? El enfrentamiento se dirime entre las mujeres que ella lleva dentro. No importa qué largo sea el camino. ¿No pisa la mujer arenas de playa, tierras ásperas, campos de cultivo, asfalto...siquiera para atravesar los espacios posibles que puedan separarla del fin propuesto?

(Violento despertar de la modorra; los objetos permanecen en su cotidianidad; ¿no da eso seguridad?; el hombre ¿es más real, más necesario, más protector?; ¿o meramente trasversal?; ¿o solo la excusa, el intermediario, la prueba que la mujer arriesga?; siempre la flor; la mujer ya no es la misma tras el sueño; las miradas se instigan y se desafían, desconfían: la del hombre contra la de la mujer y viceversa; ¿ves cómo la flor era un cuchillo?; y el rostro del hombre, el espejo aquel que salta hecho añicos...¡No! Era otro sueño. ¡No! Era la elección que la clarividencia de un sueño propone tras el mismo. ¡No! Es la opción elegida por ella. ¡No! Es la decisión final de ella)


*

Meshes of the Afternoon (Las mallas, o las redes, de la tarde) es un film único realizado en 1943 en Hollywood por Maya Deren y Alexander Hamid. La música, de Teiji Ito, fue superpuesta un tiempo después sobre el film, pero de manera sumamente lograda. Aporta más inquietud y tensión a la película, en la mejor tradición surrealista.





lunes, 2 de julio de 2012

dos de julio




le encuentro tamborileando con un lápiz su mesa de trabajo; ahora entenderás mejor por qué me aislé, me dice; me aislé de un país de dos rostros; un Jano indecente, sumamente hipócrita, bajo su carita de amabilidad y simpatía; la indecencia expulsa en los pobladores la otra mirada posible; demasiada soberbia inútil, demasiado abandono, demasiada autocomplacencia; añorando aquello de lo que uno se desposee torpemente no es fácil esperar una pronta recuperación; o acaso no hay nada que recuperar, sino que obtener por vez primera; no sé por qué hablamos tanto del pasado si el pasado es sumamente impuro; ¿o queremos nombrar las aspiraciones que alguna vez veíamos próximas a materializar en hechos, sin lograrse?; esa parte de Jano que se ha olvidado de sus orígenes humildes, de los esfuerzos generosos de muchos que les precedieron, ha caído dos veces en el mismo desatino; se dirá que es propio de regiones de la tierra inhóspitas; que no es el caso de la nuestra; que este territorio que nos ha visto crecer y donde persistimos ha evolucionado, nada que ver ya con el atraso del pasado; sabes de sobra que esto hay que entenderlo; obviamente, nadie discute los cambios, la propia naturaleza de las cosas los lleva a cabo; todo es una cuestión de conceptos, y las referencias no pueden tomarse sobre otro tipo de sociedad; el dinero no lo es todo, y menos todavía si no se saben utilizar los medios, o no se quiere; demasiada fiebre durante los últimos tiempos por el beneficio fácil, la avidez de la posesión sin escrúpulos; la religión tradicional ha sido relegada por una nuevas y homogénea religión colectiva; si lo hubiera sido porque la luz calienta el sentido de nuestras vidas en una nueva dirección ética, diría que habría merecido la pena; pero no, de aquella religión de la adicción mental a lo abstruso y necio se ha dado el salto a la fe en la disponibilidad efímera de objetos; la base material estaba predispuesta a ello; ni en la religión había nada creativo y liberador ni en la nueva fe consumista cabe esperar la salida del túnel; a los hombres les gusta vivir en el entreguismo, es tanta la atracción por la ocupación simplista de los tiempos de sí mismos; nadie cree en nada que vislumbre inteligencia sino en señuelos pasajeros que ponen a los individuos entre el esfuerzo malgastado y el movimiento disperso y ausente de sus vidas; estos Jano se devoran en su interior; se destrozan y se rehacen cada día, sin llegar a ninguna parte;





(De una fotografía de Rodchenko)

domingo, 1 de julio de 2012

uno de julio, domingo



 



eso: pasó el día, abúlico, sin mayor relevancia





(Fotografía de Rodchenko)