miércoles, 14 de enero de 2026

La muchacha de Johannes Vermeer lee una carta, ¿qué lee en ella?

 



Fenómenos como el de las imágenes adjuntas me hacen reflexionar sobre cuánto y con qué persistencia vivimos en el engaño o, si se quiere ser más benévolos, en el error de apreciación. Porque ¿siempre se considera como lo que es aquello que parece a primera vista? ¿Es siempre la verdad lo que se nos ha relatado como supuestamente verdadero? La mujer joven junto a la ventana estuvo leyendo una carta durante siglos, desde que en 1657 fuera pintada por Johannes Vermeer. Pero la carta que ella leía no fue la que tanta gente que admiró el cuadro creyó que estaba leyendo. Fue otra.


La ventana abierta orea la estancia. La fruta se va desparramando desde un frutero ladeado. El cortinaje gualda tirando a verdoso ha sido corrido para que el aire y la luz alcance todo el espacio. Se revuelve en sus pliegues. La cortina granate del ventanal reposa sobre una de las hojas de este. Hay una silla, primorosamente guarnicionada, en un rincón. Hay una manta de colores cálidos que podría reunir en sí tinturas orientales. La muchacha de aquella burguesía hanseática mantiene a distancia una carta entre las manos. Lee atentamente. En el cristal de la ventana se refleja su rostro y parte del busto. La luz exterior se fija en la pared que tiene la mujer a su derecha. Ella es hermosa, resalta tanto en su juvenil lozanía. El cabello es rubio, está sujeto por una especie de moño pero deja caer unos tirabuzones que rozan el cuello blanco de su vestido. Su prenda bordada también reproduce en parte el amarillo, como si acompañando a los otros tonos más o menos amarillentos deseara proyectar el efecto luminoso del día. La muchacha se abstrae a medida que lee, tal vez relee, cada renglón manuscrito. La muchacha está sola. Pero probablemente en la carta haya más personajes. Se muestra prudente. Su concentración podría ser malinterpretada, como el mismo texto del papel, si alguien entrase en ese momento. Las facciones del rostro se encuentran relajadas y su gesto imperturbable. Solo ella sabe qué dice la carta. De pronto, de la pared existente a su costado derecho emerge lentamente una figura que va siendo impregnada por la luz. Puede que nazca de una luz. O que acaso emerja desde unas brasas. Ella no lo advierte pero la efigie va tomando cuerpo a medida que avanza en la lectura de la misiva. El papel retorcido, manoseado, avisa de que le ha llegado de manera clandestina. Tal vez a través de más de un recadero. En cada nueva frase que la muchacha lee sigue creciendo la encarnación del niño arquero, quién sabe si se trata de un ángel. Un ángel es un enviado. La actitud del mensajero es cada vez más triunfante y ella, sin modificar su pose, se siente afinadamente tocada por las palabras. El ángel es todo luz. Ella tiene que leer varias veces los últimos párrafos para que la emoción contenida quede sujeta por un punto de entendimiento que no la pierda. O acaso sí quiere perderse. Es tanta la belleza de las palabras que retiene su temblor ante la solicitud que recibe en ellas. Las últimas líneas de la carta la llenan de gozo, pero también de sobresalto. Perdura el instante. Tal vez la mujer piense que ese momento es ya toda la vida. O que siempre va a ser así. Mas no sabe que la máscara que aparece caída a los pies del ángel de la perdición sugiere enmascaramientos que ahora mismo, llevada por su pasión oculta y agitada, no alcanza todavía a ver. 


Durante siglos, desde 1657, la muchacha ha leído una carta y el espectador ha visto un cuadro demediado, aunque pensaba que completo y definitivo. Solo en la restauración  de la obra hace apenas cinco o seis años los especialistas advirtieron que la pared a la derecha de la muchacha no era la pared original de Vermeer. Que alguien había pintado encima y borrado la realización primitiva. Y al observar y limpiar cuidadosamente sacaron a la luz el cuadro de un Eros que cambiaba toda la visión que habían tenido los espectadores y los críticos de Arte sobre la obra. No era el cuadro que se creía. Y renació el cuadro que Vermeer había pintado de verdad. En este sentido la carta que la muchacha estuvo leyendo no fue la anodina que parecía antes, sino la intensa que fue siempre, aunque algunas manos siniestras la ocultaran. 

La obra Muchacha leyendo una carta en una ventana abierta se encuentra en la Pinacoteca de Maestros Antiguos, perteneciente a la Colección de Artes Estatales de Dresde.







36 comentarios:

  1. Pues vaya, la carta que leía la muchacha, era una carta de amor, que nunca sabremos si fue correspondido...

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    1. Fíjate que es una carta de amor a raíz de restaurar elcuadro. Antes, ve a saber qué podría ser. Divertido.

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  2. Eros y una carta. Podría llegarse a la conclusión de que se trata de una carta de amor, pero por la expresión de la joven no hay emoción ni alegría. Así que de amor nada, tal vez de todo lo contrario. La expresión de la moza es la misma que ponemos cuando nos comunican el importe del recibo del gas. Así que se diría el pintor: mejor quito a Cupido que nada tiene que ver aquí.
    Podría ocurrir también que la chica sea analfabeta y el Vermeer le dijera: buena moza, ponte aquí junto a la ventana y haz como que lees el papel, que te voy a inmortalizar en un retrato.
    ¡Quién sabe!
    Saludos.

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    1. La muchacha es cauta, expectante, tiene que digerir lo que dice la carta. Pongámonos en su lugar. Vermeer seguro que sabía lo que reflejaba.

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  3. Y, ahora más en serio, el autor hace bien en quitar - o no poner- ese fondo con Eros. Sería demasiado evidente. Y no sé si la joven ha llegado ya al párrafo donde otro joven le declara su amor, pero por el gesto se la ve impaciente, a ver qué pone la carta. Da prueba de ello la fruta desparramada: ha venido de la calle, ha soltado en cualquier parte lo que traía de la calle y se ha puesto como loca, a la luz de la ventana, a leer la misiva.
    ¡Quién sabe!

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    1. Si el autor puso el cuadro de Eros tal como dicen los restauradores cabe imaginar qué mentes disconformes o retorcidas o inquisitoriales desvirituaron la obra. Y así durante siglos se ha tratado de una chica que lee una carta, sin más. pero con la restauración no es una carta cualquiera precisamente. Es increíble lo que nos depara aún el pasado con sus alteraciones, desfiguraciones y mentiras provocadas por los otros, los malvados de la cultura.

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  4. No sabía del contenido.
    Muy interesante.
    Saludos

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    1. Pues algo sabes ya; a mí me hizo pensar; me hace reflexionar más que todas las patochadas de cada día nuestro.

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  5. Somos rápidos sacando conclusiones, supongo que es algo evolutivo, no podemos perder mucho tiempo tomando decisiones, así que nos fiamos de la primera lectura que nos dan nuestros (imprecisos) sentidos...

    Me pregunto que tendría en la cabeza el que censuró la versión original.. nada bueno, sospecho, aunque lo mismo estoy juzgando demasiado rápido, ya sabes ;)

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    1. Pues para fiarse de lo primero que te cuentan, ¿no? Si hay un valor en avanzar en edad es precisamente saber separar grano de paja, deshacer entuertos, distinguir mentiras. Cada cual sabrá. A los sentidos también hay que reconducirlos, porque la razón y la Razón existen a pesar de los tiempos negros que niegan todo.

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    2. Es curioso lo que comentas de la edad porque, en mi caso, es cierto, pensaba que me volvería más radical con lo que pienso y ha sido lo contrario, que todo me genera dudas. Esas ideas tan claras y obvias me pongo a mirarlas a contraluz, les doy la vuelta, las dejo reposar en agua tibia y... no sé, parece que se convierten en otra cosa, ¿verdad?

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    3. ¿Hay algo más radical y sincero que la duda? Pero a la vez lo que es duda desde un punto de vista o sobre determinadas cuestiones es también seguridad para uno mismo y claridad respecto a tanto engaño. Pero en efecto, el procedimiento que citas es adecuado y lo comparto.

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  6. La sombra de la hoja de la ventana abierta es inverosímil e el cuadro reformado.
    El cuadro de cupido es demasiado grande.
    Ya están diciendo por las redes que fue la mujer de Borja la que lo modificó. Fortunatamente las fechas no cuadran. Debió ser otro.
    Abrazooo

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    1. Al menos te has parado a observar, está bien. De la mujer de Borja (RIP) no me hables y de los clérigos que le permitieron el desaguisado ni te cuento. Qué asco, ¿no?

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  7. Curiosa y enigmática imagen. Alimenta la capacidad de imaginar...

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    1. Todos los cuadros invitan a imaginar, todos absolutamente.

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  8. Pues, yo volvería a tapar ese monstruo de niño, o lo que sea que es, ese Eros barrigudo. Es feo de cojones. Apuesto por la pared blanca y que mi imaginación vuele libre con el contenido de la carta (si no es una factura de Endesa o un requerimiento de Doña Tributaria)

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    1. Pero el cuadro lo pintó Johannes Vermeer.

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    2. Ya, pero opinar es gratis (de momento)

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    3. De momento aquí y ahora y no será por falta de ganas de algunos por aplicar la falta de gratuidad económica, política o moral. En USA ya puedes verte encausado por opinar. En Irán te esperan ejecuciones sumarias o no. Suma y sigue.

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  9. A lo largo de la historia, ha habido maniobra de elementos deleznables, maniobrando para adecuar los mensajes culturales de todo tipo, a su conveniencia, no digo de sus pensamientos, pues solo suelen tener uno, mandar y poseer.

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    1. Totalmente de acuerdo. Si piensas profundamente verás hasta qué punto y cuán lejanamente el tiempo ya empezó a suceder.

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  10. Es para sacar conclusiones. Seguramente la falta de información sobre el cuadro original hizo pensar que el que se ha mostrado siempre con la pared limpia era la verdadera obra. La tarea de restauración, guste o no, pone en vigor verdadero, o eso quiere uno pensar, el que pinjtó el holandés. Cuántas obras, hechos,situaciones y demás no habrán sido tomadas como auténticas sin serlo. Hago votos por el avance técnico y científico que aclare y valore lo que es.

    Ander.

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    1. Naturalmente. Las cosas en el transcurso de la vida humana, llámalo Historia si quieres, son complicadas sobre todo a la hora de interpretar o dejar constancia, que no es algo muy objetivo, pues todo el mundo está mediatizado por sus límites espaciales. Pero si hay algo que arroja luz es la investigación científica y su aplicación para cualquier objeto o tema. Saludos.

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  11. Linda tertulia habéis montado a costa del cuadro. Vozenoff

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    1. Pues está abierta, también para opiniones en off.

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  12. La expresión concentrada, y más bien preocupada que ensoñada de amor, de la joven, no se altera con o sin el angelote barrigudo.
    No sería el primer artista que repinta parte de su obra a la vista del resultado final. A mi, dicho sea de paso, me gusta mucho más la versión "sin". Ya te digo, no me extrañaría nada que Vermeer en su suprema sabiduría artística le diera un brochazo.
    En otra obra suya, "Joven durmiendo" (Museo Metropolitano NY )se adivina (quizás) parte del cuadro del angelote y demás elementos de atrezzo que utilizaba asiduamente en sus obras.

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    1. No soy quién para enmendar la plana, digo el cuadro, a Johannes. Tampoco tengo por qué dudar de lo descubrimientos por los investigadores de Dresde. Pero me gusta eso de que interpretemos como nos parezca o con arreglo a nuestras ideas preconcebidas o posconcebidas (cánones), cuando no prejuicios. Esta pintura doméstica que aparenta cerrada suele estar muy abierta. Una vez escribí aquí una serie que me inspiró la obra de Vilhelm Hammershøi, me lo pasé bien.

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  13. con un cuadro tan en el extremo de la pared cerca de la ventana surge la pregunta de si habría habido más cuadros en el resto de la misma. también creo que por más que se especule qué estaría leyendo aquella joven, nadie jamás sabrá cual sería el contenido de aquella carta. en cuanto al borrado de aquel cuadro, quizá vermeer lo quitó porque sentía que la pintura se veía muy recargada con ella y también porque quizá quería que el expectador se centre en la joven que con tanta atención leía aquella carta.

    como ejercicio ocioso es una pintura que da para muchas suposiciones. se tendría también que verr otras obras del maestro para estudiar sus composiones y tener más o menos una idea de su forma de pensar.

    saludos.

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    1. Obviamente , salvo que un pintor no deje su obra acompañada de escritos hay muchas intenciones que no se nos han revelado hasta cierto punto. Pero otras, sí. Porque su lenguaje es también simbólico. Podemos fantasear o imaginar sobre la obra de la pared sin cuadro porque los elementos se reducen: una chica lee una carta. Sin más. O si se quiere, como dic emi texto, al aire y la luz que penetra por la ventana. Pero si la obra está dotada de un objeto en esa misma pared -otro cuadro y además un cuadro-símbolo- pocas dudas deja Vermeer sobre lo que lee la chica o la interesa tanto al leerlo. Aunque parezca que tiene rostro póker. Pero es evidente que esta o cualquier obra nos puede sugerir al espectador cuanto se nos antoje, y eso no lo veo mal, en absoluto. Saludos y gracias.

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  14. El tema de la finestra oberta m'agrada molt. I la projecció del teu món interior en les parets d'allà on vius també.

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    1. Para mí ha sido una sorpresa cuando me he enterado del cambio. Por otra parte creo que un espectador debe llevar a sí mismo o bien ir él mismo al tema de un cuadro. Establecer un diálogo con la obra es lo que han pedido todos los artistas. Salvo en tiempo de los griegos en que el arte para un diálogo entre dioses.

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  15. Hay restauraciones nefastas.
    Celebro que se le haya revuelto el verdadero sentido al cuadro.
    No creo que sea casual el cuadro dentro del cuadro, de Cupido. Que cumple con la ley de tercios, está en una zona de atención.
    Saludos.

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    1. Creo a los especialistas alemanes de Dresde, no se iban a inventar a cupido, y si ese era el sentido original de Vermeer pues lo aceptamos y ya está.

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  16. Fáckel:
    gracias por esta información.
    Las restauraciones nos presentan sorpresas y nos hacen plantearnos muchas cosas. Así, de pronto, todo lo que se había escrito sobre este cuadro, a la porra. ¿Qué sorpresas nos depararán otras restauraciones?
    Salu2.

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    1. Fue para mí un hallazgo informativo también. Mundo complicado, enrevesado y falso, ¿no crees? Este que vivimos dando por sentado lo que mañana acaso ni es.

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