"...y llevando al asno de cabestro, se encaminó poco más o menos hacia donde le pareció que podía estar el camino real."
Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha, I parte, capítulo 15.
Ya le dije, mi señor, que no era cosa de aventurarse sin prever las fuerzas del enemigo. Ya le advertí que aquellos que usted consideraba unos desalmados enviados por quien dispone de poder mayor no eran sino humildes hombres de oficio sencillo. Ya le rogué que no se precipitase con las armas en lugar de acercarse haciendo virtud del diálogo. Al fin y al cabo ellos no se sintieron provocados por nosotros, aunque verdad es que ciertos sujetso de orden y bien instalados en sus privilegios sí que ven como enemigo a cada honrado ciudadano que pretende vivir y satisfacer sus necesidades si no con libertad plena al menos con un atisbo de voluntarioso arbitrio. De estos individuos, mi estimado, debemos huir como de la pedriza, pues si bien en tantas ocasiones nos pide el cuerpo arriesgar nuestros pasos contra ellos debemos saber cómo se las gastan. Y esto es tanto como decir que disponen de abundantes recursos para protegerse de quien pretenda disputarles sus tronos. Que aunque algunos ingenuos nos digan que son gigantes con pies de barro y de que todo poder es efímero no suele ser factible librarse de ellos ansí como ansí. Pues incluso cuando sus días se acaban siempre saben tener dispuesto el relevo. A veces, mi señor, el alternante no solo no va a la zaga del anterior, sino que es alguien aprendido y sabe conquistar las voluntades de los mortales. ¿No hemos escuchado en sus discursos tantas veces palabras que parecían salir de nuestra boca? ¿Ideas que podrían haber escapado de nuestras mentes? ¿Intenciones que podríamos haber generado nosotros como solución a cuantos males nos siguen aquejando? Estos advenedizos son tanto o más de temer que el antiguo dominador y debemos estar en vela, aunque solo fuera por no sentirnos ridículos y por no dar a entender que creemos en la aparente veracidad de sus palabras. Ya sé que puedo parecer un derrotado sin visos de salvación. O un resignado ante lo que se muestra irresoluble. Pero al menos me refugio en una doble resistencia. No ceder en mi fuero interno la voluntad a lo que quienes allá arriba nos la imponen. Y tampoco dar pasos en falso que solo servirían para volver a sufrir las consecuencias de un doloroso fracaso. Así que consuélese, mi estimado maestro, de su caída ante hombres de bien que malinterpretó. Que peor sería hundirse ante el avasallamiento de quienes nos provocan con injusticia. Pensemos en reponernos en cualquier circunstancia. Una caída enseña. Muchas caídas destruyen.
Imagen: A esta litografía de Joseph Héliodore Pisan -amplíese para ver detalle- recurre la mirada del hombre que, a este lado de la imagen, no quiere ser abatido, para no perecer en su paulatina tendencia al decaimiento. Tras el apaleamiento que sufren los personajes de la aventura por haberse enfrentado torpemente a una veintena de yegüeros se impone una reflexión personal. Aprender de los tropezones, y de cuanta más entidad sean procurar mayor aprendizaje. Distinguir churras de merinas, que es tanto como no dejarse embaucar ni tampoco dejarse conducir por las fáciles emociones. Y tratar de entender que si los hechos van siendo como van siendo tampoco debe conducirnos a la rendición. Podría haber escrito otra cosa sobre el tema, pero no me ha apetecido (mi otro yo replica: no me ha dado la gana) Mi disquisición tiene y no tiene que ver con el episodio del Quijote. No sigue como tal la aventura de los dos manchegos. Pero se deja influir por el capítulo y llevar en pensamientos por lo que lee, con placer y diversión, en el texto cervantino.
Muchas caídas destruyen y a veces descarrilan...
ResponderEliminarKafka decía: «La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza».
Desconocía esa opinión. Claro, mirándolo desde la perspectiva quijotesca Sancho era un incordio. ¿El orden contra el caos?
EliminarSiempre es agradable recrear a los clásicos.
ResponderEliminarY, en tu caso, con meditada adaptación del lenguaje cervantino.
Otros días puedes intentarlo con La Odisea o La Biblia ( reflexiones de Caín, por ejemplo, para justificar el darle el finiquito a su hermano, etc.)
Te ha salido un Sancho filósofo - ya lo era a su manera- y juicioso - también lo era, a su manera-. Con un escudero así no necesitamos justicia ni Santa Hermandad. Y la gente sería menos confiada, que hay mucho hijo de su madre suelto.Y el mundo sería un lugar más tranquilo y justo.
Mis felicitaciones.
Saludos, Fackel.
Es que en este caso me pegaba. La lectura cervantina arrastra. Prueba con El coloquio de los perros y acabarás hablando como Berganza o Cipión, viendo el mundo dese ellos, aunque en realidad era la excusa genial. Y no creas, a pesar de los sanchos que hay en el mundo, que los hay, la humanidad no prescinde del brazo armado y justiciero. Y esa aspiración al mundo como lugar justo hace tiempo que olvidé y la tranquilidad o buscas tu refugio individual o te atropella tó diós.
EliminarMuy buena la litografía, la derrota total. Y mire que se lo dije, mi señor, que no eran... No aprendemos, ni escuchamos
ResponderEliminarSaludos
Es una litografía que miro todos los días en el cuadro que tengo colgado. Muy sugerente, porque sirve de reactivo. A mí no me transmite concesión a la derrota sino estímulo para superar cualquier adversidad. Es una imagen coloquio. Aunque no leyera el capítulo que, por otra parte, es muy divertido, como todo en la novela, incita a inventar uno. Y variando. Lo de aprender o no, y escuchar o no, es discutible y precisable. En otro momento.
EliminarCada día me convenzo más de que El Quijote es una biblia del pensamiento racional. Lo que sabía, por cuanto había vivido, su autor.
ResponderEliminarAnder, saludos.
Pues algo así. Leer el Quijote o lo tomas como práctica recurrente, no quiero decir diaria, aunque el que pueda que lo haga, facilita mucho la distancia de los acontecimientos que vivimos cada cual en su esfera y ante un mundo complicado, que siempre lo fue. También creo que hay una racionalidad permanente en él, en conflicto siempre con la otra actitud, la del caballero tan imbuido por las viejas novelas de armas. Pero ¿cuánta gente hoy no sigue manteniendo ideas y posiciones semejantes, basadas en otras novelas de caballería que no necesariamente son de armas, pero sí de intoxicación? Adivina.
EliminarTal cual , y estoy de acuerdo , el Quijote es una biblia del pensamiento racional , la azarosa vida de Cervantes lo permite. Saludos cordiales.
EliminarHay que añadir el talento propio de Cervantes. Porque vida azarosa llevarían muchos pero hacer buena literatura muy escasos. Indudablemente debió catalizar sus vivencias lo suficiente como para idear cuanto idea en sus novelas. Gracias y saludos cordiales, Pablo.
EliminarEn más de una ocasión he preferido a Sancho, como en esta, al final del Cp 53 de la segunda parte:
ResponderEliminar"Digo, en fin, que yo entré desnudo en el gobierno y salgo desnudo dél; y así, puedo decir con segura conciencia, que no es poca señal, que he gobernado como un ángel."
Es que Sancho era un "anarco" no confeso, no obstante su racionalidad. Su amo le embarcó para risa de la "gente de bien" de su tiempo y acaso le enmarañó la idea pseudoutópica. Pero los hechos pusieron sus pies en la tierra.
EliminarAsí va caminando uno, que si sí, que si no, que si me he caído y me he levantado, que te empujo que sé más que tú, que sé que no sé nada... No es fácil desaprender... cuando se es resabido.
ResponderEliminarQue Alonso Quijano solo se diera por vencido en el punto de su estertor ya dice de la condición humana. Y mientras, sí, caminando derrota tras derrota. Lo peor: el precio a pagar por la derrota, que uno ha visto ya precios muy altos desde los viejos tiempos, ya me entiendes.
EliminarComo metáfora social que es, en el Quijote tienen encaje o paralelismo muchas de las cosas del ahora y del aquí.
ResponderEliminarA quienes tienen espíritu de quijote les resulta muy difícil contenerse dentro de esa esfera de prudencia que sugieres a la hora de enfrentarse a quienes siembran injusticias a diestra y a siniestra sabiéndose impunes y protegidos por esa tela de araña urdida en las alturas del poder que caza moscas y deja libre a los halcones. Ya sabes quienes somos las moscas (incluso siendo combativas y calificadas como cojoneras) y quiénes son los halcones.
Arremeter contra las injusticias que nos llueven desde lo alto a lomos de nuestros rocinantes es muy peligroso, siendo aconsejable ponerse la armadura de la prudencia, que dicen que es la parte inteligente del valor, en vez de lanzarse con temeridad a pecho descubierto contra enemigos tan bien armados y protegidos.
Este Sancho de tu relato se muestra muy pedagógico y juicioso, pero a veces hay que empuñar la lanza contra los gigantes aún a riesgo de que nos pasen por encima cual piedra de molino.
Y sí, el poder tiende a ser muy endogámico, y sabido es que los hijos de los gatos cazan ratones...
La reflexión que expones al hilo de la litografía es muy cabal, muy lúcida. Uno va aprendiendo de las experiencias, pero yo aún atesoro bastante locura quijotesca y tiendo a ir al choque (muy desigual) contra los gigantes, creo que aún podré resistir unas cuantas derrotas más.
Mira, no puedo estar en desacuerdo con ninguno de tus párrafos, que hago míos y no puedes evtiarlo, jaj. La cuestión es, ha sido siempre y ahora más complicado que nunca, cómo arremeter contra todo aquello que desprecia la vida de los hombres. Acaso primero no aliándonos con quienes tienen poder y fuerza, porque la sociedad con sus modos de vida y prácticas mercantiles individuales colabora y es cómplice de quienes dirigen el cotarro mundial o cercano. Y después, ay después, cuánto utópico de bolsillo que cree construir ejércitos con su sola voluntad o la de un grupito o partidito...
EliminarYa digo que sobre ese pasaje u otro del Quijote se podrían reinventar escenas y actualizarlas, o simplemente comprobar que hay una traslación perpetua en los comportamientos y pasiones de la naturaleza del tiempo cervantino o el de ahora.
De verdad que tu preciso comentario habla por sí mismo y. si no tienes inconveniente, por mí también.
Fáckel:
ResponderEliminaraunque estuviese en inferioridad de condiciones, la valentía de don Quijote es que no se achantó.
Salu2.
Tengo mis dudas, Diego, y no me fío de los conceptos (por ejemplo el de valentía) Alonso Quijano estaba en más inferioridades, pero ya sabemos que es una imagen recreada por el sabio cervantino.
EliminarJo retinc aquestes dues cites per no desesperar-me (no recordo on les he llegit): "Una concessió du a una altra concessió", tot i que "La impotència pot ser passatgera".
ResponderEliminarLa cuestión de las citas que nos causan impresión es primero, en qué contexto aparecen. Después, de qué manera nos afectan y en qué marco las situamos. Y por último, si utilizamos citas leídas o escuchadas para consolarnos o para hacer correcciones en nuestra propia marcha vital.
EliminarPonen en Netflix una serie "El Cautivo". Un Cervantes en su cautiverio en Argel. Una composición libre de sus obras sobre el tema. El asunto de la Iglesia, con distintos monjes cautivos. y un ambiente homosexual y lebertino de aquella ciudad de corsarios que vivía del dinero de los rescates. Nada de su obra maestra, conocida mundialmente, sino de las menores.
ResponderEliminarSaludos
Gracias por decirlo. Echaré un vistazo, la curiosidad siempre es aliciente. Aunque uno va siempre con reservas.
EliminarEs extraordinaria esta litografía, que como todas las litografías tiene ese punto tan cercano al dibujo combinado con la aguada y los difuminos. El personaje perseguido pero no vencido, va, y tanto va que el agresor nos devuelve una tensión desmesurada para alcanzarlo. Texto y litografía nos toca en una profunda reflexión, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia diría una serie actual. Inmersos vamos en una realidad o período histórico no sin espanto.
ResponderEliminarEs una litografía que tengo ante mi vista. Porque dice lo que era y a la vez dice lo que no debe ser. Nos han acostumbrado tanto a las lecturas facilonas, que suelen ser falsas, que nos cuesta interpretar más allá de lo aparente. No hubiera imaginado en mi infancia en que teníamos una edición reducida que planteaba el libro como una serie de aventuras sencillas que su dimensión fuese tan filosófica y profunda, aun tomando la vida cotidiana como el marco sobre el que se desarrolla el pensamiento y la acción personales. Pero gracias a aquella edición muchos leímos mejor, al menos más en voz que en comprensión, pues esta es algo que se va adquiriendo. Sirvió para algo. Y leer y releer ahora la novela (la primera novela moderna según Milan Kundera) , en que uno ya está muy de vuelta de todo, es un modo de entender también lo acontecido en la vida personal. Gracias por tu comentario, Inés.
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