lunes, 11 de enero de 2010

Glenn Gould versus Glenn Gould


Se diría que el secreto puede estar en la taza de té. O en la importancia de sentarse como un pianista. Dónde empieza la máquina máquina y dónde la máquina humana. Cuál fue primera. O se fueron haciendo en un compás. A veces en un toma y daca. Dónde la música. De dónde es expulsada. La máquina es una máquina ciega. Sólo sabe emitir arpegios cuando unos dedos la zarandean. Pero a los dedos quién los agita. El hombre es agitación. El hombre contra el hombre. Y de pronto la máquina calla. Y el pianista deja de serlo para ser otro. Y la música sigue emitiéndose desde una garganta y a través de unos labios, aunque suene a matemática. Y el hombre sacude de nuevo a la máquina. No hay parada para el cuerpo que se abre y destroza la máquina hasta ser él mismo. Las aves del acantilado próximo siguen tarareando cuando él no está. Las partituras son invisibles. Bach se ha encarnado en un monstruo.

Nota. He perdido los signos de interrogación por el camino. Léase el texto confiando en los acentos. Vírgulas cargadas de sorpresa. En lo referente a Glenn Gould y sus capacidad interpretativa, sobran los signos. Todo es afirmación. Cierren la puerta, concéntrense y siéntanlo.



8 comentarios:

  1. Alucinantes, Bach y Gould.
    Una joya de vídeo.

    Ah, el collíe estará acostumbrado, a las idas y venidas por el teclado, del Sr. Glenn.
    (La paciencia perruna tambien es una virtud)

    Buena noche, hermano Fackel.

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  2. El vídeo resulta curioso por esa actitud de Gould, no exenta de pose, naturalmente. Si quieres ver otras cosas, busca en youtube. Hay composiciones genialmente interpretadas. Desde luego, cuando uno está agotado anímicamente, uno se encierra en un cuarto con baja intensidad lumínica, y pone las Variaciones Goldberg. Al salir de la audición, uno es otro para al menos otro días, jaj.

    El collie es un sufriente. A los perros les rechina tanto la música que si no fuera porque saben el papel que cumplen nos devorarían, con razón. Admiro esa virtud que muestran.

    Buena jornada, hermana Sagardiana.

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  3. No he podido escucharla entera.Me apoyo desde hace unos días en una muleta y dan ganas de tirarla y salir bailando desenfrenadamante.

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  4. Su genialidad me abruma, prefiero un Bach interpretado de forma más austera.
    ¿Has escuchado las suites para violoncello solo tocadas por Yo-Yo-Ma? Son de mis obras clásicas preferidas.

    (por cierto, el vídeo casero es encantador,con el detalle del perro y las gaviotas... y a tu texto no le hacen falta los signos de interrogación porque se interpreta de maravilla sin ellos....ah, y lo de vírgulas lo he tenido que buscar en el diccionario, maestro, jaja)

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  5. Aquí, lo interesante es más el video en sí que lo que interpreta. Ese ser, inquieto factor de música me deslumbra, aunque se convirtió en un tipo puritano, extraño y pecular. Vivía en su mundo sólo para ser un intermediario con los dioses de la música. Busca sus interpretaciones con tranquilidad y no pierdas pie.

    Buena noche.

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  6. Puede que tengas razón, Rat. Bach es otra cosa en sus manos. Y lo peor es que si te acostumbras a Gould ya no querrás otro Bach. Pero las Cantatas y los Conciertos de Brandeburgo siempre estarán a salvo los toque quien los toque.

    Me apunto a Yo-Yo-Ma, no lo conozco, así que no puedo opinar. Se agradece la recomendación.

    Salud y noche propicia.

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  7. Adoro a Gould precisamente por su vehemencia, actitud ésta que otros ven como defecto. Maravilloso proceso de creación.
    Gracias por acercarlo Fackel.
    No me canso de escucharlo

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  8. Me alegro que valores tanto a Gould. No sé si es tan perfeccionista, académica hablando, como otros intérpretes, pero pone a su entrega un alma y una alegría de la que resulta difícil desproveerse.

    Tampoco yo me he cansado de escuchar las Variaciones Goldberg en los últimos cuatro o cinco años. Y es que, aunque tardíamente, siempre hay tiempo para descubrir lo bueno. Y el agradecimiento a la magia de una mano caritativa que quiere hacerle compartir a uno la belleza del Multiverso.

    Pasa por aquí cuando quieras, Irene.

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