Has tomado ese impulso de salir corriendo, buscando una salida incierta, ignorando el riesgo de lo que se te ofrezca más allá del umbral de salida, que también fue entrada, y das por hecho que antes había, uno, un espacio o territorio o suelo por el que moverse, siempre lo hubo desde el nacimiento y todo lo más que recuerdas es que muchas veces era resbaladizo, y dos, te invade una relativa certeza de que vas a pisar en firme solo porque con firmeza has llegado al borde desde donde pretendes saltar, lo cual puede ser equívoco, y tres, te respalda lo que consideras que aún tienes a favor, la capacidad de dar el salto, porque no importa tanto dónde caigas, o eso te piensas, como la urgencia de salir del ámbito que te resulta insoportable, y en ese instante que se demora, en que parece que estás a punto de superar un tiempo y no solo un lugar ocupado, se te ocurre imaginar que todo va a quedar detenido ahí, que estás dando la espalda a un pasado e ignorando a la vez lo que puede venir como futuro, y conjeturas si esa parada, esa obnubilación de pensamiento y esa pasividad en el movimiento, no será un aviso, un callejón sin salida, acaso te inunda la angustia de no poder retroceder, pues ya has decidido lo que no aceptas, pero no te libras del azote melancólico porque careces de suficiente ilusión para afrontar un nuevo paisaje, y es justo en esa parálisis, donde los recuerdos se disuelven precipitadamente, donde los sentidos no parecen tener expresión, donde la perspectiva no es resultado de una ansiada mirada, cuando la respiración se te altera, cuando hiperventilar se te impone como un ejercicio misterioso, por el cual no sabes si retienes el aire o te privas de él sin que puedas evitarlo, y temes que tu agarre a una posición cada vez más insegura esté indicando ya un vacío definitivo, el mismo vacío, o análogo, desde donde procediste en una ocasión lejana, y tus músculos agarrotados te traicionan, te ves privado del propio calor corporal, eres incapaz de emitir sonido alguno, y preservando apenas una pizca de capacidad auditiva escuchas, seguramente que es lo último que oyes, que alguien dice de ti: qué expresiva es esta estatua.
*Pedro Borrell del Caso. Huyendo de la crítica. 1874. Colección del Banco de España.

La imagen final de la “estatua” me ha tocado especialmente: transmite esa fragilidad que todos hemos sentido alguna vez.
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Pienso que a veces el abismo es preferible a la asfixia, no por falta de miedo, el miedo es algo intrínseco, sino por exceso de urgencia. Saltar es, en sí mismo, el primer acto de libertad y no está exento de riesgo.
ResponderEliminarSaludos.
Un magnífico trampantojo,el chico se escapa del cuadro,ya no aguanta más, todo el día encerrado.Miquel,en su página tot Barcelona,nos ha enseñado varios de fachadas de Barcelona,pero nunca lo había visto en óleo
ResponderEliminarSaludos
A veces caemos en las trampas que nos hemos preparado, la construimos, la amueblamos, nos metemos en ella, cerramos la puerta y tiramos la llave y luego nos quejamos de nuestra mala suerte....
ResponderEliminarLos saltos, pasos, carreras, a ninguna parte, me fascinan. El vacío no provoca vértigo; solo misterio.
ResponderEliminarLa imagen es muy sugestiva y se presta a toda suerte de interpretaciones. Me parece muy natural que el chico apresado en el cuadro se quiera escapar de él....¿quién no?
ResponderEliminarA quién se le ocurre abandonar su tiempo para acabar saliendo a un museo. Los ojos de asombro del muchacho lo dicen todo.
ResponderEliminarSaludos.