Te veo apresurado, me dice Xiao. Voy al taller de máscaras, me queda poco para terminar la que estoy haciendo para la fiesta de la cosecha. Y no te lo vas a creer, pero por primera vez este año permiten temas libres. Hay quien sigue reproduciendo las mismas imágenes de genios, diosecillos o diablos de toda la vida. O quien todavía recurre a representaciones animistas, como si la naturaleza tuviera que tener rostros como nos place a los hombres. Yo elegí un tema más perturbador. Una cara que no se identifique, al menos en apariencia, con ningún humano ni con ningún personaje mitológico ni con ninguna fuerza natural. Cuesta imaginar tu máscara, Cao. Querré verla cuando la termines. Además tendrás que adjudicarla un nombre, ¿no? Ahí me pones en un aprieto, Xiao. Porque tal como llevo su modelado no solo va a confundir a los que la vean sino que me deja a mí mismo perdido. Te daré un avance. Es asimétrica, sus facciones no se corresponden, los órganos de la cara están exagerados. Hay prominencias desmedidas donde no existen en un rostro como el nuestro. No se sabe si ríe o llora. Si ama u odia. Si mira adentro o afuera. Si clama o si se muerde la lengua. Además la voy coloreando irregularmente, sin correspondencia alguna, siguiendo impulsos donde los colores no tienen los mismos significados que nuestros colores habituales. Seguramente sea repulsiva para la mentalidad tradicional. Y sin embargo a mí se me antoja más humana que las convencionales. Y más terrorífica que las que están sobradamente gastadas.
Cao, me tienes en vilo. Me dan ganas de ir contigo al taller. No, Xiao, prefiero evitar interferencias. Quiero una máscara que me salga desde dentro. Una carátula que exprese lo que sientan las vísceras y que no se ajuste a lo convencional. Quiero que mi propio enmascaramiento revele lo que se me oculta de mi interior a mí mismo. Y no me importa si dicen que es extremadamente feísta. O que expresa un alma torturada. O que retrata una personalidad degenerada. Si lo ven de este modo me reiré de todos, pues la máscara no solo les estará realmente ocultando mi manera de ser, aunque yo pretenda transmitírsela sin tapujos, sino que se estará apropiando de las suyas. Presiento que te dejo pensando y, sobre todo, intrigado, Xiao. Cao, me quedo dando vueltas a que si no será la fealdad lo que mejor expresa el trasfondo de una máscara. O simplemente lo que hay detrás o dentro de cada uno de nosotros, Xiao.
Mi amigo hace un gesto de confirmación con la cabeza. Ve ya, no te entretengas, dice, y que la inspiración o tus tripas te permitan terminar con acierto la máscara.
*La verdad es que me salió una máscara atípica, al menos, sí.
Fáckel:
ResponderEliminar¡hay actores que lo consiguen, poner la misma cara en cualquier circunstancia!
Salu2.
Los actores de la vida real tienen también su talón de Aquiles incluso en algún gesto del rostro.
EliminarCao sabe lo difícil que resulta tener una máscara que te salga de dentro. Hay demasiado ruido fuera.
ResponderEliminarPor eso mismo está bien pertrecharse con la máscara conveniente.
EliminarMirad, no tengo rostro, lo que escribo es la máscara del instante.
ResponderEliminarPor supuesto quien más o quien menos usa la del instante, según y con quién. Algunos rostros son inexcrutables no sé si por lo que ocultan callando o diciendo.
EliminarTu aprecio por las máscaras te hace reflexionar conf recuencia, ya te he leído en otras ocasiones sobre el tema. No me parece mal, y si logras tus propios exorcismos con ello, mejor que mejor.
ResponderEliminarEgun on. Ander
Ciertamente me interesan mucho, de hecho tengo algunas que han llegado fortuitamente a mis manos. Incluso el otro día encontré en una librería de lance un muy bien editado volumen sobre máscaras de Portugal, Zamora y Orense con una información magnífica.
EliminarMe resultan fascinantes las máscaras asimétricas. Tal vez se deba a mi pasión por el cubismo, tal vez sea porque lo perfecto y simétrico sea lo más fácil de contemplar: nada interfiere en lo considerado como correcto. Una cara asimétrica no está acabada, se sigue haciendo, evolucionado y expresa disconformidad. Apuesto también por ella.
ResponderEliminarNo solo el cubismo, sino en el expresionismo también se da una desfiguración de curpos, entre ellos los rostros, que son apasionantes. ¿Será que vivimos tiempos otra vez muy asimétricos? ¿O es que nunca se dio la simetría social, como algunos pretenden? Estoy de acuerdo en tu conclusión sobre la cara asimétrica.
EliminarMás o menos todos deseamos una máscara que oculte lo que no se es para mostrar lo que se quiere ser.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Nos debatimos entre deseos y realidad y ello nos conduce a simular o adquirir personalidades diversas. Es el vivir.
EliminarCuando cumplimos muchos años, lo que vemos en el espejo es una máscara de lo que fuimos y no nos reconocemos.
ResponderEliminar¿Por qué al ver nuestro rostro en el espejo tendemos a comparar con lo que fuimos? A veces solo es simple curiosidad, huyamos del espanto porque seguimos siendo, estando, con nuestras caras arrugadas o ceñosas o melancólicas y hay que encontrar la fuente de la ironía de la vida en esa mirada.
EliminarUna amiga decía que, cuando se miraba al espejo, pensaba: ¿Que hago yo ahí con la cara de mi padre?
EliminarPero con la cara de su padre ¿a qué edad? Porque nuestros padres y madres han tenido rostros muy diferentes a lo largo de la vida. Rostros y cuerpos y poses.
EliminarY es curioso lo que dices, porque uno ve algo de su madre en unas facciones y gestos y otro algo de su padre en otras características ante el espejo. Ah, ¿que el espejo existe? ¿Que aporta verdad?
Corporis misterieum.
Yo creo que el espejo nos muestra a veces cosas que no queremos ver. Como Alicia, pasamos al otro lado y, en vez de ver campos de flores, vemos cosas que no nos gustan.
EliminarEl espejo nos lo muestra todo cuando nos plantamos ante él; pero hay que hacerlo con mirada flash sincera que puede ser muy larga. Y hay que ver lo que vemos en un instante.
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