sábado, 3 de octubre de 2015

Somnia (Lúpulo)















Los chopos de la ribera se dejan ascender por el lúpulo. Yo, que lo toco todo, tiro de las enredaderas y no se resienten. Tomo entre mis dedos los pequeños capullos del fruto, los froto, siento su textura sedosa, incluso los ensalivo. No acierto a comprender para qué puede servir aquella extraña rugosidad que corta la lengua si no se tiene cuidado. Empieza a soplar un viento de tormenta y las lianas se bambolean y trenzan mi cuerpo. Cuando arrecia aquel aire devastador yo permanezco sujeto al árbol mientras la hojarasca se agosta a mis pies. Cuando amaina el vendaval siento la placidez del lúpulo acariciando mi piel. Va cayendo la tarde y me están buscando. No me muevo de aquel asilo que reproduce para mí los secretos sonidos de la noche. Los gritos desesperados que multiplican mi nombre no me inquietan. Acogido, que no perdido, siento la calidez de las raíces que rozan el cielo.


(Fotografía de Elena Martyniuk)




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