lunes, 20 de enero de 2014

Diario del veinte (al modo de un clásico)




















Un buen descanso nocturno predispone a un estado feliz durante el día, aunque éste se tuerza.Es como si desarrollase las horas del sueño, como si no quisiera modificar el bienestar que éstas han causado. Un mal descanso presagia una fatalidad en la jornada, si bien urge a tender cuanto antes a una actividad positiva siquiera para compensar el agotamiento. Llamada presurosa a la adrenalina del propio cuerpo. Si a la carencia de reposo se sumara la conflictividad del día, mejor sería parar y tratar de aislarse. Aislarse paralizando la actividad sería lo ideal. De no poder detener los compromisos y obligaciones acudir al cerebro con mucho tiento y arte. Tiene recursos nuestra mente para procurar evasión, reconducir la pesadez, compensar el desánimo o sortear los pensamientos oscuros. Sometido a la alternancia nocturna de sueño y desvelo, acuciado por escenarios oníricos ora de alucinaciones ora de entusiasmos, desgarrado por un despertar que puede oscilar entre la satisfacción o el lamento, el hombre debe dar los primeros pasos del día incluso distante de sí mismo. Si bien suele practicarse el distanciamiento inicial con otros habitantes de la casa, conviene tantearse y pulsar su estado con uno mismo. El tiempo que se necesite. El lugar que se elija: sentado al borde de la cama, mirándose al espejo, practicando ciertos ejercicios suaves de las extremidades, abrazándose el torso. La percepción física del hombre consigo mismo proporciona aproximación (si la noche le ha dividido en dos excesivamente), confianza (no hay otro modelo que sirva sino el mismo reencuentro íntimo), energía (la conciencia de habitar otro día la vida) y humor (disposición para dar los siguientes pasos que deben durar otra jornada completa) Por otro lado, poco hay que decir de quien haya tenido una noche de tranquilidad y alivio, pues se levanta como si siguiera en el sueño. Sólo advertirle que coteje bien el roce de su bienestar con el día incierto que se le avecina. La euforia del cuerpo es limitada y el contraste con la realidad de las exigencias donde entran en acción muchos otros hombres puede trocar el positivismo inicial en desconcierto, como poco.



(Imagen de DGTLK)


2 comentarios:

  1. Aquí cotejando el bienestar del sueño con este día incierto, lluvioso y algo anómico.
    Toda una analítica onírica. Un tema que me apasiona desde niño.
    Richard Feynman, un personaje que tocó en un grupo de samba brasileira, un gran genio calculista con un gran sentido del humor, Nobel en sencillez y cercanía además de en física que llenaba sus clases de primero de carrera que nadie quería dar de otros Nobeles de la época, cuenta en su autobiografía "¿Está usted de broma Mr. Feynman?" que en su época de estudiante se dedicó a algo parecido. La idea era dejar en evidencia a psicoanalistas y místicos hippies de la época. Y sin embargo consiguió unos resultados muy curiosos que relata en dos o tres páginas, además de que adquirió un cierto control sobre lo que soñaba, etc...

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    1. Supongo que no hay nada nuevo bajo el sol, que somos miles de millones de personas (y sus correspondientes sombras) en el planeta con nuestras respectivas somnolencias y caídas oníricas, de las cuales las peores no están en la nocturnidad sino en la abstrusa vida cotidiana de ir a ninguna parte...salvo a la barbarie (sospecho)

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