sábado, 18 de enero de 2014

Diario de la otra noche (no soñada)















La otra noche se hizo un ovillo y decidió no soñar nada. Como si pudiera elegir lo que está al otro lado pero no al alcance. Para lograr su proposición descabellada no encontró otra manera de impedir el arrebato de los sueños que la vigilia. Aquella guardia permanente le perturbó. No cesó de contonear su cuerpo entre las sábanas. Al resistirse a quedar dormido tensó cada palmo de su cuerpo. Sus músculos se resintieron, los huesos le pesaron, la cabeza no paró de agitarse con mareos, la tos convulsionó su pecho. Sus ojos ardieron y la mirada se disfrazó de seres indeseables. A medida que avanzó la noche cada ejercicio de respiración fue un suplicio. Honda fue la herida de las horas. Malsano el hilo de sus pensamientos. Desesperado el vacío que le paralizó. No se debe echar un pulso con la sombra. Habla otra lengua y clama con otra voz. No se puede evitar que se convierta en venganza si se la niega el cobijo de los sueños.  



(Fotografía de Anders Petersen)



4 comentarios:

  1. Las tres últimas frases son de antología.
    Jamás podremos entendernos con las sombras, su idioma es otro, allí la luz es cenicienta y nosotros portamos en la mente algunos rojos de Tiziano o algunos verdes de Lorenzo Lotto y las nieblas que conocemos destilan algún rayo luminoso, más o menos difuso pero que ilumina la faz oculta de las nubes como un Constable o un Turner. Decididamente la naturaleza imita al arte.
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. El arte, ¿intermediario entre la naturaleza y los hombres? ¿Entre la luz y las sombras? ¿Entre la intemperie y el fuego?

      Salud.

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  2. Me voy a apuntar con orgullo un tanto perdurable para mi autoestima. Lo he leído, iba a escribirte que me ha resultado espléndida y exacta la descripción de la intemperie -seres indeseables, malsano hilo de los pensamientos- y me la encuentro en tu respuestas siempre tan anticipatorias retroactivamente.
    Que te mejores aquel momento enfermizo, cuando fuera. Esas fiebres delirantes psicoactivas del desnudo original cuya visión apenas no podemos soportar, porque nos recusa al completo. Al fin, como la belleza de Rilke: así es el conocimiento hasta el fondo...

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    1. El conocimiento se despliega por vericuetos análogos al error o a la ignorancia, sin que ninguno de tales conceptos sea nunca al cien por cien tales, ni mucho menos. La medida del conocimiento o de su carencia está en uno mismo. Nadie se engaña al respecto, otra cosa es que en el mundo de las relaciones aparentes se haga por engañar. El conocimiento hasta la hez, ¿a que sí?

      NB. Cuidado por esa Cañada que tenéis por ahí en acción.

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