domingo, 26 de enero de 2014

Diario del retorno del sueño




















Perecí en el mismo sueño, porque si no se toca la profundidad del desamparo no se entiende toda la vida. Perseguí, no como el depredador necesitado de presa para su recreo, ni como cazador de la elemental subsistencia, ni como rastreador de ansiedades, el territorio de posibilidades donde igual que se nos ofrecen generosas también se nos demandan exigentes, requiriendo las aptitudes más hábiles y las conductas más auténticas. Recorrí espacios deslumbrantes y oquedades umbrosas donde ni en unos veía con suficiente claridad ni en las otras permanecía totalmente ciego. Fui entonces alguien por añadidura, pues quien recorre, persigue y perece se encuentra y justifica para siempre el instante de su desaparición. Y en esa meta, la duda dejaba de estar. Los monstruos dialogaron y echaron a suertes si yo debería relevarlos en la sinrazón, pues había superado -me dijeron- todas las pruebas de mi propio don de monstruosidad. Hubo un silencio interminable como si nada hubiera ya. El cansancio tiene cura, pero hay que procurar reconocer su afección.



(Imagen de Inés González)

5 comentarios:

  1. cuando la duda desaparece, la vida es un cuento de hadas,
    hay que dudar, hay que dudar, señal de precaución, de sabiduría,
    de incorfomidad, de humano
    saludos

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    1. Hermano, ¿conoces aquellos versos de Erich Fried?

      "De quien te dice: tengo miedo
      no dudes.
      De quien te dice que no duda,
      ten miedo."

      Un abrazo.

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