miércoles, 13 de marzo de 2013

Narciso





Narciso se mira a sí mismo y perece por su propia contemplación. Tanta admiración por su reflejo le lleva a tomar éste como la sola verdad. Se ve bello, inteligente, lúdico, concitador de entusiasmos. Se deja querer pero ¿él quiere realmente a alguien? ¿Quiere a otra posibilidad? Esa mirada fija, obsesiva, le absorbe y reduce la captación del panorama. Convierte el panorama en una pequeñísima parcela donde cree habitar. "Vivir en el presente, solo en el presente y no en función del pasado y futuro, es esa pérdida de sentido de la continuidad histórica", decía Gilles Lipovetsky hace treinta años en su obra La era del vacío. Que las sociedades occidentales han vivido las últimas décadas de un narcisismo sin horizontes es lo que ha conducido precisamente al vacío de aspiraciones y de una visión de progreso. El rostro que el espejo le ha devuelto al Narciso social ha tenido las características de despolitización, desindicalización, apartamiento de la construcción colectiva de pensamiento y debate. Las clases y capas sociales se han mirado el ombligo de la posesión de los bienes y servicios, bajo una forma limitada denominada consumo, para llegar a la actual coyuntura crítica y peligrosa en que ni pueden acceder fácilmente a los bienes y cada vez menos a los servicios, porque se los están robando. No darse cuenta el Narciso social que hay dioses por encima que deciden sobre sus vidas y convierten en propiedad particular absolutamente todo ha sido un fallo garrafal.  Si no lo perciben de manera inteligente no pueden rebelarse contra ellos y sus castigos.¿Será capaz el Narciso colectivo de apartar in extremis su mirada del río, que en realidad es agua enfangada, y con esa actitud iniciar un camino de salvación? ¿O perecerá una vez más para goce y satisfacción de los dioses que ríen? 



(Fotografía sobre una obra de Robert Wilson)


8 comentarios:

  1. La implosión de lo social no se reduce a encontrarse fuera de la historia, ni a la pérdida de los grandes relatos, ni a la extinción de los significantes trascendentales del proyecto político: el imperio, el comunismo universal o la sociedad ideal; entre otros. Todo eso son efectos. El motivo lo encontramos en la potenciación de lo social, lo más social que lo social: la masa. En esta condición de masa soberana, al menos como fenómeno estadístico, recibimos nuestra dosis de realidad y apertura al horizonte común en los deportes, en las fiestas populares, en los conciertos, en las manifestaciones, en las vidas de los famosos, etc. En muchos lugares recuperamos ese sentido de masa que necesita instancias superiores que la conformen. Pero como masa obligamos y como masa somos obligados. Y es que en la composición del cuerpo social el emanantismo, si me permites la expresión, sí que es la ley.

    Dudo mucho que el problema fundamental consista en un supuesto ensimismamiento de los individuos por su propia imagen, es la imagen la que se ha independizado del individuo. Es la forma de alienación que corresponde a la sociedad de masas, lo más alienado que la alienación: la autonomía de la imagen. La idealidad de un propósito común universal, no en la letra ¿quién no quiere lo mejor y lo bueno?, al concretar su construcción de hecho, choca con una realidad de individuos con propósitos excluyentes, pues no puede ser de otra manera la libertad, sea lo que sea a lo que se aspire. No parece que en la historia se haya desarrollado ningún proyecto social que no implique una domesticación y pastoreo de las comunidades humanas, además de una usufructuación de los conflictos; tampoco sé si otra forma de socialización, desconocida por ahora, será factible.

    Puede que el encuentro no consista en el simple hecho de juntarse en mezcla vociferante con unidad de consigna. Tal vez, el encuentro, no con la insistencia y fatalidad de las cosas, sino con los otros posibles (no con el camarada, el compañero, el socio, las imágenes o las partes de masa), requiera mucho más que un concierto de ideas-fuerza que anime rebeliones perentorias. Tal vez lo necesario para salvarnos sea eliminar nuestra parte de masa. Tomar partido por la deserción, de una vez por todas, dejar de ser semoviente voluntarioso. Encontrar a los huérfanos en fuga sin caer en desgracia.

    Me pregunto, ¿por qué no organizar la deserción en lugar de la rebelión?
    No hacen falta grandes actos.

    Saludos



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    1. No estoy seguro de que algunas de tus opiniones choquen con las mías. En las expresiones humanas hay muchas motivaciones y también muchos ángulos de visión. La verdad de fondo acaso no es sino la acumulación e verdades de diferentes planos. No sé.

      Tengo mis dudas de que la masa sea lo más social de lo social. Es una expresión determinada. Por supuesto, no solo numérica sino muy cualitativa. Siempre me llamó la atención que los individuos por separado pueden tener visiones de la vida y de las relaciones interesantes, independientes e incluso constructivas. Sin embargo cuando los individuos nos constituimos en masa propiciamos otro ser, en parte nuestro y en parte ajeno. Y la masa como ser diferente (la imagen del espejo a veces, que se independiza) se manifiesta al nivel de monstruo. Los comportamientos de masa están presentes cada día, lo que tú dices, en el fútbol, al congregarse desde un sillón ante el televisor, en procesiones, manifestaciones cívicas, etc.

      No entiendo bien lo de esa necesidad de instancias superiores en la masa. ¿Te refieres a que ésta en cuanto total inventa o reinventa salvadores, caudillos, pontífices, etc., porque solo se siente ratificada como tal si los reconoce?

      El propósito común universal -participado y más o menos atractivo- no deja de ser tendencia y a su vez abstracción. De alguna manera hay pequeñas migajas, o en la perspectiva del pasado histórico grandes avances en ese propósito. Pero ya se sabe que todo avance lleva implícito un cierto grado de freno o retroceso, circunscrito al tiempo en que se vive.

      Desde luego, aunque yo convenga en la necesidad de una expresión colectiva me vuelvo escéptico cuando la masa margina el individuo que cada cual lleva dentro y sacrifica éste en aras del monstruo grupal. De hecho, en ciertas situaciones siento asco, aversión y límite de mi propia voluntad. En ese sentido vindico el concepto libertad. Si se vende ese margen interior, si nos entregamos a proyectos que no cuentan con el individuo o lo desplazan, si nos convertimos en masa hemos hecho dejación de nuestro yo, no sé si parcial o total. En ese sentido estoy de acuerdo contigo en que lo necesario para "salvarnos" sea eliminar nuestra parte de masa.

      Lo de tomar partido por la deserción...suena bonito, pero habría que matizar qué entendemos por ello. Huérfanos en fuga estamos a patadas, Pero los integrados a cualquier precio son legión.

      Saludos.

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  2. Esta claro, el narcisismo es hacia uno nunca hacia los demás, el grupo y no la masa es lo que cuenta, el grupo son individuos, la masa no. Orden social versus masa...


    Con permiso a Precesión del Perihelio:
    El ensimismamiento con nuestra imagen es un hecho, somos egoicos y la imagen es pertenecer al rebaño. Está claro como bien dices, mejor la deserción desde la conciencia y rebelión contra la propia estupidez.

    un abrazo desde los lindes de la estepa.
    Tula

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    1. Tula, lo que ocurre es que hasta ahora el orden social propicia la masa, es un comportamiento complementario e interactivo probablemente, al menos esa impresión tengo. Que el individuo tiene que poner de su parte para la convivencia, afianzar relaciones útiles y arroparse es obvio. Pero esa tarea se ve sometida a fuerzas superiores (esos dioses de los que hablo en el post) que van a lo suyo y tratan de reconducir el rebaño.

      Desertar del espíritu gregario, sí. Afianzar la rebelión individual y participar de otras rebeliones, también. Desde luego, la estupidez es uno de los efectos colectivos a batir.

      Un abrazo desde el llano o desde el valle de aguas.

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  3. Narciso es Narciso precisamente por esa imbuición hacia sí. Si Narciso se diera cuenta del error y dónde está o cuál es la solución para enmendarlo o tomar partido no sería Narciso si no, qué sé yo, Prometeo, ¿no le parece?
    ¿Rebelión contra los dioses? No lo creo...

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    1. Gracias por hacerme recordar a Gilles Lipovetsky, aunque sus textos de hace treinta años largos siguen en parte en vigor, en otra parte tendría que revisarlos. El narcisismo del que habla sigue consolidándose y aún no se sabe si los movimientos sociales más recientes son circunstanciales (me inclino a pensar que son coyunturales y que dentro de unos años, tras la catástrofe que están llevando a cabo en la sociedad los oligarcas veremos su alcance limitado y hasta qué punto tuvieron una proyección superior)

      Ya ves, entre Narciso y Prometeo...un abismo. Y los dioses, intocados e intocables.

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  4. ¡Como puede ser tan poco agradable el narciso hombre, cuando el narciso flor, es un auténtico regalo para los sentidos! La vida, que tiene muchas contradicciones...

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    1. Ya ves, el problema no son las flores ni los animales ni las piedras...sino el simbolismo en que reconvierte el hombre los otros reinos, para su cosmogonía particular. Naturalmente, las contradicciones son el roce de la expresión vital cotidiana.

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