lunes, 28 de septiembre de 2009

Caída sin fondo























Y en su caída se precipitó hasta lo más hondo de lo creado. Donde no hay luz ni retorno. Y las tinieblas que él habitaría a partir de aquel instante no tocarían fondo jamás. Y al igual que acontecería más tarde con la mujer y el hombre, él también fue víctima de un desafío. Y en su caída imparable desparramó por la tierra el grito atroz de su prometida venganza (...) Comprendió tarde que no es posible el pulso al Único. Que no se puede disputar ni el poder, ni el conocimiento, ni la capacidad hacedora del Único. (...) Mas éste, a su vez, quedó apartado para siempre en su soledad. Y ni los hombres que durante siglos creyeron en él pudieron salvarle de su abandono por más templos que erigieran en su nombre, por más conquistas de países que le ofrecieran, por más palabras que articulasen para justificar su existencia, por más ritos que celebraran en su nombre. Y mientras el Caído decidió que, puesto que nunca más podría aspirar a compartir las alturas, dedicaría su eternidad a arriesgar la vida de cuanto fuera creado por el Único. (...) Y estos son los tiempos en que el viejo mito sigue ofreciendo el rostro de una dualidad insalvable, donde los hombres se pierden sin tener claro dónde reside el Bien ni dónde el Mal, y por más que


(Hasta aquí llega el texto, por destrozo del resto del manuscrito hallado en una de las cuevas de Haram Sat, en el desierto. Los paréntesis (...) indican que faltan partes perdidas del texto.
Sólo el Barroco español era capaz de representar con esa viveza antropomórfica tan exquisita al Caído)

6 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Las minorías siempre hemos estado demonizadas por el pensamiento “Unico”.
    Saludos desde el fondo

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  3. Muy buena y aguda tu interpretación, Aragonía. Pero, sin victimismos, ¿no es acaso éste un mundo de minorías? ¿No somos cada uno de nosotros una minoría frente a la unicidad, más minoritaria todavía, pero dotada de poder efectivo? Hay muchos más, muchísimos, en todos los continentes, que viven más y peor en el fondo, en un inconmensurable fondo, en un desesperante fondo.

    Yo, en mi fondo, aún soy levemente optimista. Pero nunca fue la Tierra un paraíso, por más que los cuentos doctrinarios y los mitos nos lo vendan. La lucha (incluída la de clases) sigue siendo lo real, por mucho que la publicidad lo edulcore.

    Salud para emerger.

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  4. El angel caído: el preferido, el más bello, el más amado...y por ello el más dependiente, el más atenazado por ese amor. Caer es liberarse, escapar del padre, díscolo pero seguro de ese amor. Dios ama a Lucifer, pase lo que pase, porque Dios sólo sabe amar. Como el padre -imagen de Dios- ama al hijo inevitablemente, aunque lo odie. Qué se yo...divago. Pero el angel cayendo alcanza su libertad: se libera del amor. Un abrazo.

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  5. Pero tus divagaciones yo las comparto. Divagar también puede ser una forma de explorar. Y eres rompedor porque, aunque mantienes la esencia mística (Dios como amor) me gusta eso de que el ángel cayendo alcanza su libertad: se libera del amor.

    Es otro punto de vista. El demonio, que no satán (Satán es un término más antiguo, ya lo utilizaban los judíos para designar ¡al enemigo!) tiene muchas maneras de representación y de interpretación en el cristianismo. No todas son canónicas, pero tenían igualmente su aceptación popular.

    Más allá, Freud siempre poniendo la guinda: "...ciertamente, el diablo no es más que la personificación de la vida instintiva del inconsciente que ha sido reprimida" ¿Y quién le dice que no? Habría que decir que no por la misma razón a todos los significados que los pueblos, culturas y religiones le han impreso.

    Un abrazo seráfico, Francisco.

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  6. Pobrecito el portador de la luz. Beso.

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