sábado, 12 de mayo de 2007

La vena de la noche


La noche da para poco, o para mucho. Se puede olvidar (para poco) Se puede soñar (para mucho) Se puede obsesionar uno (para poco) Se puede iluminar uno (para mucho) Se pueden tener cólicos (para poco) Se puede dar placer a sí mismo (para mucho) Se puede vivir el presente (para poco) Se puede retornar a la infancia (para mucho) Se puede leer una historia (para poco) Se puede leer en la sangre propia (para mucho) Y así, etcétera. Y además, a la inversa. (Alguno añadiría racionalmente: simplemente se puede dormir; mas no siempre, los insomnios existen y tienen un filo asesino) Lo bueno de la noche es que no se conoce su propia medida hasta que ha transcurrido. La medida de la noche no es como la del día, aunque a veces se le parece. La medida de la noche tiene otros parámetros. Por ejemplo, ¿qué se siente más por la noche, el dolor o el goce? La noche nos atrae y nos repele. Queremos eternizarla o abreviarla. La noche ¿nos acerca al origen o nos aleja del fin? O bien, ¿nos aproxima al final o nos aparta del comienzo? No lo sé, desde luego. Sólo tengo sensaciones. Una noche me crezco y otra me apoco. Una noche me incendio y otra me evaporo. Una noche beso el aire y otra acaricio las sábanas. Una noche veo los objetos y otra ellos me ven a mi. Una noche soy yo y otra sólo creo serlo. Unos versos del peculiar poeta portugués Al Berto me hacen considerar la esencia de la noche de mis noches...



pero un hombre en cuyo corazón se haya concentrado toda
la furia de vivir, ¿será un hombre feliz?
no sé si puedo querer alguna eternidad...no lo sé...

lo que veo ya no se puede cantar.

¿qué hora será dentro de mi cuerpo?
qué mineral rojo brotaría si golpeara una vena...no lo sé...
no lo sé...

1 comentario:

  1. Precioso juego de palabras Fackel, y lo de la hora denro del cuerpo me ha parecido pura magía.

    Buenas noches

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