miércoles, 27 de mayo de 2026

Ay de los vencidos inocentes




Vae victis! ¿Se salva alguno de nosotros de ser un vencido? La pregunta parecía baldía cuando el incrédulo se la dirigió a su opuesto, el creyente. Potencialmente...comenzó a predicar este. No, no, de facto, de facto, insistió el incrédulo. Los inocentes, sin duda, replicó con aplomo quien se reclamaba de poseer la verdad. El descreído no estaba por dar tregua. Sí, evidentemente, los inocentes parecen estar fuera del bien y del mal, pero eso en cuanto a su conciencia moral de individuos. Mas el mundo, las circunstancias, la correlación de fuerzas que nos constriñen a todos no dan tregua como para que una actitud meramente ética baste para dejarles fuera del peligro. ¿Crees que es suficiente salvoconducto ser alguien íntegro para que no se vea doblegado? Y te entiendo, quisiera compartir esa esperanza. Quien se encastilla puede estar a salvo mientras no llega lo peor de la furia de los vencedores. Porque los vencedores existen y pueden convertirnos en proscritos a quien se resista. Un inocente es alguien siempre neutral, dijo el defensor de su creencia. El incrédulo rio. Conozco muchos inocentes, en apariencia, que no son nada neutrales. El que sean escrupulosamente moderados o no se adhieran al bando de los violentos y difamadores, ¿acaso les hace neutrales? Y además, ¿cómo se mide la inocencia o la culpabilidad? ¿Cómo actúan estos conceptos cuando chocan con las actitudes? Tal vez equivocamos inocencia con impotencia. Quien más o quien menos tiene sus responsabilidades. Por supuesto, excuyamos a los niños y a los orates. Ser pasivo ante los acontecimientos ¿es garantía de inocencia? Optar por apoyar a uno u otro de los contendientes en un conflicto ¿asevera su culpabilidad? Podríamos hacernos tantas preguntas, dijo el hombre de fe. Y obtener siempre respuestas relativas e incompletas, precisó el escéptico. Tal vez la cuestión sea que no nos esforzamos en asumir la responsabilidad. Y dejamos que esta sea parte de una gestión más de los deres que nos superan y que nos relegan justificándose con el voto simplón. Ahí te doy la razón, reconoció el creyente. Los inocentes son inexistentes para los que rigen las vidas desde sus instancias de poder. Son inexistentes, dijo el otro, incluso para los que cometen continuamente el crimen, como se ve todos los días en tantas zonas del planeta. ¿Lloramos pues por todos ellos?, invocó el risueño. ¿Basta con llorar?, dijo el pesimista. Llorar es el desahogo de la manifiesta impotencia o acaso el amargo complejo por nuestra inacción. 



*Luca Signorelli, La resurrección de la carne. 1499. Catedral de Orvieto

2 comentarios:

  1. A la primera pregunta, la importante, me ciño a lo que nos diría Teilhard de Chardín; la muerte y el fracaso material son solo ilusiones ópticas del momento. Si el universo entero está diseñado para converger en el amor y la plenitud, es matemáticamente y espiritualmente imposible que seas un vencido.
    Un saludo metafísico

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  2. Creo que era de Cormac McCarthy: Los vencidos tienen su causa y los vencedores tienen su victoria.

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